Manquepierda

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Que no me acusen los béticos de copiarles. Justo cuando se meocurrió el título antes de escribir el artículo, me dio por poner estapalabra en Google y, entre otras cosas, me entero de que así sellama el diario onlinede los béticos: Manquepierda. Pero yo no voya escribir aquí de fútbol, sino de esa gente que, a pesar del abismovital al que nos han lanzado, sigue planteando problemas ambien-tales y aportando alternativas. Es gente que por su moral imbatiblebien pudieran ser del Betis o del Alcoyano,pero son de Ecologistas en Acción o de Greenpeace o de la Sociedad Española de
Ornitología o de algunos de los grupos desperdigados
por España que todavía no han
perdido el aliento. Veamos algunos ejemplos.


Ecologistas en Acción ha ganado recientemente
un recurso en el Tribunal Supremo
contra el proyecto de unión de las estaciones
de Navacerrada y Valdesquí en el entorno
del recién declarado parque nacional de
las Cumbres de Guadarrama, entre Madrid y
Segovia, abriendo la posibilidad de que
parte de ese territorio se integre en el parque.
Esta misma organización, junto con
Greenpeace y otras ONG, está muy activa
con el asunto del fracking, una técnica para
extraer gas natural de ciertas rocas a través
de pozos en los que se inyectan fuertes chorros
de agua tratada (miedo me da explicar
estas cosas en una revista de ingenieros). El
Anteproyecto de Ley sobre Evaluación Ambiental incluye esta polémica actividad que aborda la película del director norteameri-cano Gus van Sant La tierra prometida,con el comprometido MattDamon en el papel principal.

“POR SU MORAL IMBATIBLE BIEN PUDIERAN SERDEL BETIS O DEL ALCOYANO,PERO SON DEECOLOGISTAS EN ACCIÓN,DE GREENPEACE O DELA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE ORNITOLOGÍA”

Greenpeace y Ecologistas en Acción andan embarcados, ade-más, en una intensa campaña contra el nuevo ladrillazoque, segúnexplican, propicia la reforma de la Ley de Costas aprobada por elGobierno y con la que quedaría desprotegida una franja de 80metros del litoral. Supone un nuevo ladrillazocuando todavía esta-mos en plena ola expansiva de los efectos del anterior, el de ayermismo, que tanto ha contribuido a la ruina que sufrimos. Ahoranadie crea puestos de trabajo (con cuentagotas en el mejor de loscasos). Por el contrario, se destruyen cientos o miles cada día, aveces con frivolidad pasmosa. De manera que si en cualquiermomento ha sido fácil sacar adelante un proyecto polémico, peli-groso o inmoral, con la promesa de algunos puestos de trabajo,para qué hablar de estos tiempos que empiezan a ser para muchos tiempos de hambre. Tachar de insolidario o irresponsable
a quien se oponga a ello será un argumento recurrente, pero alentar
ahora otro ladrillazo indica que nuestra capacidad de escarmiento
es de una flexibilidad pasmosa. Los desastres ambientales
nos harán reaccionar, creían los ecologistas. Mentira. Ni los
ambientales ni los económicos. Uno siempre ha estado a punto de
concluir que el ecologismo exigente es una causa perdida, con crisis
o sin ella, y los hechos parecen darme
razón. Coincidiendo con su campaña «Una
cadena para salvar el ártico», Greenpeace
ha hecho unas primeras consideraciones
nada halag?eñas sobre los efectos dañinos
que el deshielo en esa zona del planeta tendría
sobre España. ¿Y qué quieren que
hagamos?, se preguntarán. Mientras, las
energías renovables han entrado en retroceso
histórico, como tantas otras cosas.
A pesar de todo, ya digo, mucha gente
sigue en la brecha. El naturalista Joaquín
Araujo acaba de publicar el libro Cultivar.
Encuentros con la tierra (Ediciones Mundi-Prensa), que amplía y renueva la primera versión
de hace más de 30 años. Es hermosa
la manera que Araujo tiene de definir la agricultura
(«un encuentro con la tierra»), si bien
tantas veces se producen encontronazos en
los que la tierra suele salir perdiendo. Escribe el autor: “No hay ni una sola relaciónentre entornoy humanoque no suponga poner y quitar. Cuandose generaliza lo último y no se tiene en cuenta la contabilidad bási-ca y general, es que estamos viviendo en una fantasía o, acasomejor, en un fraude, desde el momento en que las cuentas estánbásicamente falseadas”. En el acto de presentación de este librosurgió la pregunta inevitable que alguna vez he planteado aquí:¿por qué prácticamente nadie ve el mundo rural o semiurbanocomo alternativa de vida? Este mismo día anunciaba la Junta deAndalucía que pondría en marcha un banco de tierras con 10.000hectáreas para crear otros tantos puestos de trabajo. Sea comosea, frente al desconcierto urbano, no nos vendría mal una miradahumanizada al campo que pudiera revitalizarnos (¿resetearnos?).

En el último número de la revista Aves y Naturaleza,editadapor SEO/BirdLife, probablemente la única de este tipo quequeda en papel, se dice que el 80% de los españoles vive cercade un espacio de la Red Natura 2000 (la Unión Europea de laNaturaleza), aunque la mayoría desconoce su existencia y lossupuestos beneficios que podría obtener de su explotaciónrazonable. Precisamente, SEO/BirdLife, que sigue movilizandoa cientos de personas en defensa de las aves, ha conseguido elapoyo de la Administración para poner en marcha una campañade divulgación con numerosas iniciativas, entre otras la cele-bración del Día Europeo de la Red Natura cada 21 de mayo.¿Llegaremos al próximo?

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