Ecosistema industrial digital

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En el mundo cada vez existen más dispositivos capaces de procesar
y transmitir información que controlan multitud de procesos
físicos en redes digitales globales interconectadas, como drones,
coches autónomos, cadenas de robots industriales y trenes inteligentes.
Desde la Revolución Industrial, las industrias han evolucionado
para adoptar las tecnologías nuevas que han ido apareciendo.
Muchos especialistas piensan que el impacto que tuvo la
electricidad en todos los procesos será emulado por Internet y la
digitalización en los nuevos modelos de producción. Este nuevo
reto industrial también será para los ingenieros.

La mayoría de las empresas industriales españolas tiene acceso
a Internet, de banda ancha, y casi cuatro de cada cinco empresas
disponen de banda ancha móvil. ¿Pero esto es suficiente
para un cambio de paradigma en la industria? La conectividad es
clave, pero la «inteligencia» tiene que llegar a todos los ámbitos
industriales. Por tanto, distintos «actores» entrarán en juego. Uno
de ellos sin duda son los sensores. La maquinaria contiene, cada
vez más, un número importante de sensores que permiten captar
toda la información necesaria para ajustar su funcionamiento en
tiempo real o para indicar operaciones erróneas. Sensores basados
en fibra óptica son capaces de detectar las fugas o el deterioro
de sistemas de conducción de gas y agua a muchos kilómetros
de distancia, evitando los elevados costes de supervisión de
estas instalaciones.

«la industria necesitará análisis
de datos dentro de lo que se ha
denominado Big Data y desarrollos en
inteligencia artificial»

Se espera alcanzar un billón de sensores en el año 2020,
lo que supondrá más de 100 sensores por cada habitante del
planeta. Algunas empresas estiman que el número de sensores
por habitante será superior a 1.000 en el año 2017. Todas las
previsiones ponen de manifiesto el impacto económico de estas
tecnologías, que podrían alcanzar el 0,1% del PIB mundial en el
año 2023. Esta tendencia se verá potenciada por el desarrollo del
concepto de Internet de las Cosas, que permitirá que cada vez
más objetos capten información del entorno y se conecten a Internet,
ofreciendo un flujo de datos que se podrá utilizar de diversas
maneras. En la actualidad se calcula que existen 3.750 millones
de objetos conectados a Internet; en el año 2020 esta cifra se
multiplicará por más de 6 hasta llegar a los 25.000 millones.

Para cumplir estos objetivos será necesario abordar retos
como la miniaturización, la integración de capacidades de comunicación
en muchos casos inalámbrica, capacidades informáticas
y fuentes de energías lo más independientes posible. Pero, además,
la industria necesitará análisis de datos dentro de lo que se
ha denominado Big Data y desarrollos en inteligencia artificial.

Conceptos como sistemas ciberfísicos estarán en auge en
esta nueva revolución. Un sistema ciberfísico integra capacidades
de computación, almacenamiento y comunicación junto con
capacidades de seguimiento y/o control de objetos en el mundo
físico. Los sistemas ciberfísicos están, normalmente, conectados
entre sí y a su vez conectados con el mundo virtual de las redes
digitales globales. Permiten, por ejemplo, el desarrollo de una
nueva generación de soluciones de control de una máquina o herramienta
para optimizar su rendimiento. También el monitorizado
del estado de la máquina y, en general, de un sistema y la optimización
de su estrategia de operación y mantenimiento y robots
que tienen en cuenta información del contexto y aprenden unos
de otros, en un sistema colaborativo.

Certificar todos estos procesos es una de las prioridades industriales.
Por ello, ahora un proyecto de investigación europeo
denominado AMASS en el que participan científicos de la Universidad
Carlos III de Madrid (UC3M) trata de mejorar los procesos
de certificación empleados para acreditar su funcionamiento correcto.
El objetivo: desarrollar una herramienta que permita establecer
una especie de «ITV» digital del futuro.

Otro concepto al que habrá que darle forma es la automatización
dentro de lo que ya se denomina ecosistema industrial,
que obliga a cambiar la forma en la que los diferentes agentes
interaccionan, pasando de la comunicación a la conexión en tiempo
real. Para que este cambio sea posible es necesaria la adopción
de plataformas que permitan implantar este nuevo modelo
de interacción. Una de ellas es Fiware23, que tiene como objetivo
el desarrollo de servicios inteligentes en diversos sectores tratando
de fomentar un ecosistema de industrial a su alrededor.
Esta es una iniciativa financiada por la Unión Europea para que
las empresas puedan sacar el máximo partido de las tecnologías
digitales. Tal vez los que tengan dificultad para participar en este
ecosistema sean los trabadores. Martin Ford, en su libro El auge
de los robots, analiza el nuevo paradigma económico derivado de
la automatización. El empresario de Silicon Valley advierte de los
efectos del desarrollo tecnológico y el avance de la robótica en la
sociedad, la economía y la forma de ganarnos la vida, pero también
sugiere un plan de acción para un futuro mejor. Para Jaron
Lanier, «nadie que se interese por el futuro de la dignidad humana
puede darse el lujo de saltarse la lectura de este libro».

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