Y lo importante, las personas

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Solo nos damos cuenta de lo que tenemos, cuando lo perdemos, y como mi pequeño homenaje a una gran persona y magnífico compañero y amigo, quiero comenzar recordando la figura de Jose Luis Jorrín Casas, al que recientemente perdimos, pero que nos dejó con su ejemplo grandes enseñanzas.

No debemos olvidar nunca que el principio y el fin de todas nuestras acciones, están realizadas por y para las personas, y teniendo este hecho muy presente, debería ser la base de nuestra inspiración.

Desgraciadamente, vivimos en una sociedad donde determinados intereses, llámense políticos, institucionales, empresariales, corporativos, etc., están por encima de los de las personas, y he aquí donde conviene hacer una reflexión profunda al respecto, y sobre todo en el ámbito de las corporaciones colegiales, donde bajo el pretexto de la defensa de los intereses particulares de determinadas profesiones (corporativismos extremos), se pueda atacar a otros profesionales (personas) y al mismo tiempo perjudicar al conjunto de la sociedad.

Y es que esas estructuras, propias de un corporativismo mal entendido, son las que defienden su espacio de poder a través de procedimientos que quebrantan el equilibrio y la armonía que ha de imperar en el desarrollo del ejercicio profesional, que no debemos olvidar, tiene como fin último, el servicio a las personas.

Además, esta mentalidad choca de plano con las nuevas generaciones, que esperan todo lo contrario. Con estas grandes dosis de rigidez e intolerancia será realmente difícil seducirlos, ya que en espacios donde se requiere responsabilidad y profesionalidad en todos sus términos, y en su lugar solo se encuentra irreverencia, las estructuras mentales de determinadas corporaciones colegiales destruyen la ilusión que tanta falta hace hoy en día.

Hay quien piensa que atacando o tratando de menoscabar los derechos de los que considera rivales y/o competidores, está realizando su función de defensa de los intereses de sus colegiados o asociados, y no se dan cuenta de que están consiguiendo el efecto contrario. Y es que solo hay una forma de conseguir los objetivos, y es tratando de mejorar la actividad profesional de nuestros colegiados, ampliando horizontes, mejorando condiciones y servicios, y fomentando la excelencia, y para ello no es necesario trabajar por conseguir lo contrario en otros profesionales.

Desgraciadamente, este mensaje no está interiorizado en algunos dirigentes de profesiones (personas), que están totalmente convencidos de que a ellos les va bien si a nosotros nos va mal y, por tanto, centran todos sus esfuerzos en tratar de socavar todo lo que, con muchísimo trabajo, esfuerzo y preparación, se ha conseguido a lo largo del tiempo por los cientos de miles de Ingenieros Técnicos Industriales que han contribuido al desarrollo y prosperidad de nuestra sociedad.

Llegados a este punto, quizás convenga recordar que nuestra profesión tiene a sus espaldas casi dos siglos de reconocimiento, y que estamos presentes en la práctica totalidad de los sectores productivos, haciendo más fácil, confortable y segura la vida cotidiana de los ciudadanos. Además, no debemos olvidar que los Ingenieros Técnicos Industriales actúan como motor del desarrollo industrial, la innovación tecnológica y la investigación, con el objetivo de contribuir en todo momento al aumento de la competitividad de las empresas.

Todo ello se une a la alta empleabilidad de la que gozan, y al hecho de estar ampliamente valorados por las empresas, tanto a nivel nacional como internacional, a lo largo de los más de 150 años de historia de esta profesión.

Sin embargo, algunos se empeñan en menospreciar toda esta labor con el único objetivo de anteponer sus intereses particulares, y no pensar en que para que una sociedad funcione, es necesaria la integración y valoración de todos sus miembros, y más aún si nos referimos al ámbito profesional. Lo importante es que todos podamos ayudar a solucionar los problemas que surjan y a luchar por conseguir una evolución que nos lleve a alcanzar el mayor progreso que toda sociedad desea.

El término Shadenfreude es un concepto alemán que significa alegría por las desgracias ajenas, algo que aquí en España podría asimilarse a regodearse o regodeo, pero que solemos tener muy arraigado y, por tanto, incorporado a nuestro refranero con el “Mal de muchos, consuelo de tontos”. El problema de todo esto, es que hay quien no se da cuenta de que con el ataque permanente hacia nuestra profesión y celebrando los males ajenos, están más cerca de aquel otro refrán que dice: “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”.

En nuestra profesión lo tenemos muy claro y nos vamos a seguir aplicando la máxima que nos dejó Edward Marc Show: “Grande es aquel que para brillar no necesita apagar la luz de los demás”, y debemos seguir trabajando duro para conseguir nuestras metas, sin necesidad de perjudicar a nadie, sino todo lo contrario, contribuyendo a que todo a nuestro alrededor sea mejor. Y para ello debemos ayudar y colaborar con otros profesionales, asumiendo el liderazgo que nos corresponde por méritos propios.

José Antonio Galdón Ruiz
Presidente del Consejo General de la Ingeniería Técnica Industrial de España y de la Fundación Técnica Industrial

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