Potabilización

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La potabilización del agua, técnica que fue utilizada por primera vez a finales del siglo XIX en Inglaterra, garantiza la calidad de este bien para el consumo humano. Pero conseguir agua potable, proceso que comprende la captación, la mezcla con sustancias coagulantes y reactivas, la decantación y separación de arenas, la floculación, la sedimentación, la filtración y la desinfección por cloro, ionización, carbón activado o cualquier otra tecnología, cada vez resulta más caro en términos económicos y ambientales. Beber agua limpia requiere un esfuerzo coordinado para proteger de contaminantes este recurso que, por definición, debería de ser inodoro, insípido e incoloro.

Las primeras civilizaciones se gestaron a orillas de los grandes ríos. Los cursos del Eúfrates, el Nilo, el Indo o el Yangtsé fueron testigos mudos del florecimiento de asentamientos humanos que en poco tiempo y al arrullo de sus aguas pasaron de una agricultura de subsistencia a una economía de abundancia. Agua y civilización, dos términos históricamente asociados y que ahora, sin embargo, aparecen revueltos y en algunos casos hasta separados. ¿La razón? La grave escasez de este recurso líquido, inodoro, insípido y, al menos en pequeñas cantidades, incoloro, cuyo consumo mundial durante el pasado siglo se ha visto multiplicado por siete (en nuestro país y según estimaciones realizadas en los Planes Hidrológicos de cuenca que aparecen recogidas en el Libro Blanco del Agua en España, la demanda actual se cifra en unos 35.000 hm3/año, de los que un 68% corresponde a regadíos, un 18% a abastecimiento de poblaciones e industrias y el 14% restante a refrigeración de centrales de producción de energía).

Grandes obras hidráulicas

En la última mitad del siglo XX, la respuesta a este aumento de la demanda de agua ha consistido básicamente en la construcción de más y mayores obras hidráulicas, principalmente embalses y canalizaciones de desvío de los ríos. Más del 85% de los casi 40.000 grandes embalses que hoy existen en el mundo se han construido durante los últimos 35 años. Estas obras de ingeniería moderna –en nuestro país según Green-peace existe alrededor de 1.200 embalses, lo que convierte a España en el país del mundo con más infraestructuras de este tipo por habitante y kilómetro cuadrado– han permitido garantizar el abastecimiento de agua de amplias zonas urbanas y rurales, pero ha favorecido, en opinión de los ecologistas, la degradación de los deltas fluviales y ha aumentado el riesgo de extinción de especies y humedales.

Pero esta forma de actuar, que en nuestro país ha dado como resultado un extraordinario patrimonio hidráulico estimado en casi cinco billones de pesetas y ha permitido abastecer a 40 millones de españoles, regar más de tres millones de hectáreas de cultivo y generar la energía hidroeléctrica necesaria para el desarrollo del país, ha entrado definitivamente en crisis. A nadie se le escapa que no se puede seguir satisfaciendo ilimitadamente las demandas mediante la permanente expansión de una oferta que tiene unos límites físicos, ecológicos y económicos. Y es que, en la medida que se van agotando las fuentes más accesibles y económicas, la obtención de nuevos recursos resulta cada vez más complicada y, por lo tanto, cada vez más cara, lo que unido al creciente deterioro del recurso ha puesto de manifiesto la necesidad de avanzar hacia una nueva cultura del agua basada en el uso racional y sostenible de este preciado líquido elemento.

Conservación del agua

El reto, pues, es gastar menos y gastar mejor. Porque garantizar un aporte suficiente de agua no basta para resolver los problemas de suministro. Así, se hace necesario ahondar en la conservación del agua, término amplio y de reciente cuño que engloba todas aquellas técnicas dirigidas a favorecer el ahorro de agua o la mejor gestión de los recursos. Técnicas que, como refiere el Libro Blanco del Agua, van desde la modernización y rehabilitación de redes para minimizar fugas –un problema que no sólo afecta a los núcleos urbanos de población, donde se estima que casi la tercera parte del agua que entra en la red no llega a su destino final en los puntos de consumo, sino también a las infraestructuras de regadío: de los más de 100.000 kilómetros de acequias de que consta la red de distribución, una buena parte son cauces de tierra sin revestir, aproximadamente el 30% de la red tiene más de un siglo de antigüedad y una gran parte del resto cuenta con más de 40 años–, la instalación de equipamientos sanitarios de bajo consumo –hoy en día existen en el mercado una amplia gama de modelos de grifos, duchas e inodoros que permiten ahorros de hasta el 50% sin que ello implique una pérdida de bienestar–, pasando por el desarrollo de campañas educativas y la concienciación de la opinión pública sobre la necesidad de hacer un buen uso del agua, así como la reutilización de las aguas residuales depuradas, la implantación de tarifas incentivadoras del ahorro o la promoción de prácticas agrícolas y de jardinería con menores exigencias hídricas.

La contaminación

De otro, evitar o reducir la contaminación que afecta tanto a las aguas superficiales –el grado de contaminación de las aguas de los ríos aumenta a medida que van discurriendo por núcleos urbanos e industriales llegando a ser extremo en algunos casos en sus tramos medios y finales– como subterráneas –contaminadas por nitratos, metales pesados y compuestos orgánicos, así como la salinización–.

La importancia del cloro

En el caso del agua destinada a consumo humano, la calidad deja de ser un objetivo deseable para convertirse en una obligación. Durante siglos, Europa soportó graves epidemias sin conocer cuál era el agente causal. Con motivo de la epidemia de cólera de 1854 en Londres, el doctor John Snow descubrió que la fuente de diseminación de la infección era el agua, por lo que hizo tratar a los afectados con cloro consiguiendo acabar con la enfermedad. Tras esta experiencia, la cloración temporal del agua fue extendiéndose primero por Gran Bretaña y después por Estados Unidos, hasta generalizarse su uso a principios del siglo XX con la consiguiente disminución de las enfermedades transmitidas por el agua, tales como el cólera, la disentería, la hepatitis A o la fiebre tifoidea. La trascendencia sanitaria de la potabilización del agua con cloro ha sido y sigue siendo tan importante como para considerarla la medida de salud pública que más vidas ha salvado durante el pasado siglo.

Hoy, las modernas estaciones de tratamiento de agua potable (ETAP) o potabilizadoras existentes en nuestro país, herederas de aquellos primeros sistemas de cloración que en muchos casos utilizaban sistemas de filtración lenta reproduciendo las condiciones naturales que se dan en los lechos arenosos de los ríos, tratan en sus instalaciones cerca de cinco millones de metros cúbicos de agua que, según los datos de una encuesta del Instituto Nacional de Estadística sobre suministro y tratamiento del agua referidos a 1999, era el volumen de agua disponible para su potabilización.

En España, las aguas superficiales destinadas a la producción de agua potable están sujetas al cumplimiento de una directiva europea, incorporada a nuestra normativa legal, que establece tres grupos de aguas en función del tratamiento que deben recibir para su potabilización, y que van desde un tratamiento físico simple y desinfección hasta el más exigente que obliga a seguir tratamiento físico y químico intensivos, afino y desinfección.

Proceso de potabilización

Así, en la actualidad en las plantas potabilizadoras de filtración rápida el agua sigue un proceso que comprende varias fases: la captación, la mezcla con sustancias coagulantes y reactivas, la decantación y separación de arenas, la floculación, la sedimentación, la filtración y la desinfección.

DESDE EL PUNTO DE VISTA SANITARIO, LA POTABILIZACIÓN DEL AGUA CON CLORO ESTÁ CONSIDERADA COMO LA MEDIDA DE SALUD PÚBLICA QUE MÁS VIDAS HA SALVADO DURANTE EL PASADO SIGLO

A este proceso, que viene a durar unas cinco horas, se han ido incorporando paulatinamente nuevas herramientas tecnológicas que permiten cumplir con la estándares cada vez más exigentes de calidad.

Entre éstas, cabe citar los polielectrolitos, sustancias usadas como ayudantes del proceso de coagulación que, al estar formadas por moléculas de gran longitud, tiene la capacidad de atraer partículas en suspensión. El carbón activado, producido mediante la combustión en condiciones especiales y controlada de sustancias orgánicas que presenta una gran superficie expuesta, permitiendo el atrapamiento por absorción y adsorción de partículas suspendidas y aún sustancias disueltas. La ozonización, proceso de desinfección por aplicación de ozono muy eficaz pero mucho más caro que el realizado por cloración. Y la ósmosis inversa, proceso que utiliza membranas que permiten el paso del agua y retienen las sales disueltas. A todas ellas habría que añadir otras como el intercambio iónico, la aireación en torres de contacto o el ablandamiento con cal, además de las aplicaciones prácticas de la energía solar como fuente de potabilización del agua.

Las tecnologías solares

En general, las tecnologías solares utilizadas para la purificación del agua sólo son capaces de remover cantidades relativamente pequeñas de agua, por lo que su uso está fundamentalmente indicado para aguas que presenten una contaminación microbiana ligera o de sales disueltas. El proceso se realiza mediante los llamados destiladores solares de caseta, uno de los sistemas térmicos para el aprovechamiento de la energía solar más simples y comunes en la actualidad. Junto a este sistema, que requiere de colector, evaporador, cámara de aire, condensador y elementos para la colección del condensado, también se han desarrollado otros tipos que eliminan algunos de los inconvenientes del destilador de caseta, entre los que figuran los destiladores solares en escalera, con evaporador textil, de múltiples efectos e indirecto.

Sin embargo, suponer que el problema de la potabilización del agua está resuelto es un error. En los años noventa, en Perú se inició una epidemia de cólera por deficiente cloración que acabó extendiéndose a diecinueve países, con un millón de casos y más de 10.000 muertes. Además, desde hace algunos años se está avivando el debate sobre la capacidad cancerígena de los trihalometanos (THM) que aparecen cuando el cloro reacciona con la materia orgánica presente en el agua. Frente a este riesgo, puesto recientemente de manifiesto en un amplio estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y del Instituto Municipal de Investigaciones Médicas (IMIM) de Barcelona que reveló la existencia en el agua de consumo doméstico de este tipo de sustancias que pueden desencadenar algún tipo de enfermedad cancerosa, a partir de la medición de los THM en el agua del grifo de seis ciudades españolas, se han seguido varias vías.

En primer lugar disminuir la materia orgánica del agua, recurriendo para ello al tamizado y filtrado iniciales, y a la coagulación y floculación posteriores (formación de grumos a partir de las partículas en suspensión en el agua mediante la adición de sustancias floculantes, que permiten el que estos grumos, más pesados que el agua, acaben precipitando). Asimismo, también es posible favorecer su absorción mediante carbón activado y, por último, forzando el paso del agua por membranas especiales.

En segundo lugar, se pueden utilizar desinfectantes eficaces lo más inocuos posible. Hoy se disponen de varios desinfectantes para el agua de bebida, unos derivados del cloro (cloraminas, dióxido de cloro e hipocloritos) y otros no (ozono y radiación ultravioleta). Todos ellos presentan ventajas pero también inconvenientes frente al cloro: bien producen subproductos peligrosos, bien carecen de efecto residual, o bien son muy frágiles o caros. Esta situación ha llevado a la Organización Mundial de la Salud a declarar que la desinfección con cloro es todavía la mejor garantía de agua microbiológicamente potable.

Agua embotellada

Por otra parte y aunque los tratamientos mediante sistemas de potabilización química garantizan que el agua que sale por nuestros grifos es buena desde el punto de vista sanitario, lo cierto es que en los últimos años se ha registrado un espectacular aumento del consumo de agua envasada. Y eso a pesar de que los consumidores deben de pagar entre 500 y 1.000 veces más por ella que por el agua de consumo de la red pública y que, en al menos el 50% de los casos, esa agua embotellada tiene idéntica calidad que el agua corriente, excepto por sales y minerales agregados.

¿Por qué entonces el consumo de agua envasada crece en el mundo a un ritmo promedio del 7% anual? La explicación hay que buscarla en que a los consumidores no les gusta el agua del grifo. En ocasiones, porque tiene un sabor o un olor desagradable; en otras, porque presenta un color blanquecino que no les acaba de convencer.

Conscientes de este problema, las empresas distribuidoras han puesto en marcha investigaciones para determinar y mejorar la calidad del agua que ofrecen a sus clientes. Por ejemplo, la Sociedad General de Aguas de Barcelona (Agbar), en colaboración con la sociedad francesa Lyonnaise des Aux y la norteamericana American Water Works Association Research, han desarrollado un sistema para cuantificar el color, el sabor y el olor del agua para beber. Si se da el caso de que alguna de estas características es desagradable, se buscan las causas y se intentan corregir.

Para ello, cuentan con la ayuda de unos profesionales que, al igual que los catadores de vino, catan el agua pudiendo distinguir más de 30 gustos y olores diferentes. Entre los sabores que buscan en el agua destacan el típico sabor a cloro, a tierra húmeda, a cantimplora, el gusto metálico, el de verdura hervida, o los clásicos dulce, salado, amargo y ácido. En cuanto a los olores, estos catadores abstemios utilizan descriptores, tales como disolvente, plástico, humedad, olor a bodega, de café o comida, sin olvidar el olor a podrido que técnicamente denominan “principio de descomposición”.

Tras conocer su opinión, el agua es analizada desde el punto de vista químico para así, y de la comparación de ambos datos, tratar de identificar y posterior-mente eliminar los agentes o sustancias causantes de los olores o sabores desagradables.

Resolver el problema

Esta peculiar iniciativa no esconde sino la idea comúnmente extendida entre todos los especialistas de que el agua embotellada no resuelve, ni con mucho, los problemas de salubridad del agua.

En primer lugar, tal y como señala la asociación WWF/Adena, porque lo que hay que asegurar en un principio y antes que nada es que el agua que brota de grifos y pozos sea segura para beber. Para ello, esta organización apunta a la ecologización de las técnicas agrícolas convencionales, el uso de cultivos local-mente adaptados para reducir la filtración de fertilizantes y pesticidas y recuperar los ya agotados acuíferos subterráneos.

LA SOLUCIÓN AL PROBLEMA DE LA SALUBRIDAD DEL AGUA NO ESTÁ EN EL CONSUMO DE AGUA EMBOTELLADA, SINO EN LA FIABILIDAD DE LAS REDES PÚBLICAS, QUE ASEGUREN QUE EL AGUA DE LOS GRIFOS SEA BUENA PARA BEBER

Una opinión que también es compartida por Manolis Kogevinas, epidemiólogo del IMIM de Barcelona y codirector del estudio antes citado sobre la presencia de residuos tóxicos como los trihalometanos en la cloración, para quien la solución no es tampoco beber agua embotellada, sino que los ciudadanos reciban un agua sanitariamente óptima en sus casas. Para ello, este investigador propone actuar en dos frentes. El primero y más importante, sobre la materia orgánica que se vierte a los ríos: si se depuran mejor los vertidos agrícolas, industriales y urbanos, el agua de los ríos estará más limpia, se necesitará menos cloro para potabilizarla y, en consecuencia, se formarán menos THM. En segundo lugar, en las plantas potabilizadoras, donde es técnicamente posible sustituir el cloro por otros sistemas de tratamiento.

EL AGUA QUE BEBEMOS ES BARATA, PERO LAS SOLUCIONES PARA GARANTIZAR SU CALIDAD NO LO SON TANTO. QUIZÁ, POR ELLO, DEBERÍAMOS ESTAR DISPUESTOS A PAGAR MÁS POR EL AGUA QUE BEBEMOS

En segundo lugar, porque la pureza de los abastecimientos de la red pública de agua proporcionaría, más que la dependencia de agua envasada, un beneficio adicional al medio ambiente. Este razonamiento se justifica, en opinión de los ecologistas en que el consumo de agua envasada se localiza en una cuarta parte fuera de su país de origen, lo que ocasiona graves costes medioambientales relacionados con el envase y transporte del agua embotellada a través del mundo.

Agua barata

En cualquier caso, lo que parece subyacer debajo de todos estos problemas es que el agua que bebemos es barata y las soluciones para garantizar su calidad no lo son tanto. En las ciudades españolas, el precio por metro cúbico de agua en el año 2000 oscilaba, según datos del INE, entre las 15 pesetas que pagaba un ciudadano melillense o las 35 de uno de Huesca, y las 204 y 211 pesetas que debían de pagar los habitantes de Las Palmas y Barcelona, respectivamente.

Aunque estas apreciables diferencias reflejan en gran medida las dificultades que unos y otros tienen para abastecerse de agua potable, siempre especialmente más relevantes en las zonas costeras mediterráneas o insulares, la realidad es que el agua es un recurso escaso que debe tratarse como un bien social, pero también económico. Los ciudadanos deberían, en este sentido, usar el agua de forma más eficiente y contar con pagar el costo real de este recurso precioso ya que, según estimaciones del Wordlwatch Institute, en términos generales sólo se paga el 15% del precio real del agua, circunstancia que, sin duda, desalienta el ahorro.

Usos y abusos

Un ahorro que, por otra parte y en opinión de los expertos, debe sustentarse, además de en normativas específicas y recomendaciones a la población sobre la necesidad de evitar el despilfarro, en la adopción de incentivos financieros para el establecimiento de programas de sustitución –en usos que no requieran una calidad elevada– de aguas potables de las redes municipales, por aguas residuales regeneradas. El objetivo de estos programas no sería otro que el de ajustar el recurso a las exigencias de los aprovechamientos previstos, con la consiguiente liberación de caudales de elevada calidad para los usos más exigentes. Y es que no es de recibo que para regar el jardín, lavar el coche o limpiar las calles se utilice agua potable, un bien cuya obtención resulta cada vez más cara en términos económicos y ambientales.


LA DESALACIÓN DEL AGUA

La desalación del agua (aguas saladas o salobres procedentes del mar o de acuíferos salinos) se presenta como uno de los dos procedimientos no convencionales para incrementar las disponibilidades hídricas –el otro es la reutilización de aguas residuales– con más claras perspectivas de crecimiento, especialmente en el suministro urbano de poblaciones costeras. Se trata de una solución perfectamente viable desde el punto de vista tecnológico y muy extendida en nuestro país, donde existen más de 700 plantas desaladoras en funcionamiento, cuyo mayor obstáculo radica, sin embargo, en su elevado coste. Y es que, hoy por hoy, el precio de la desalación de agua de mar es el más alto al que se puede obtener el recurso en España. No obstante, los avances tecnológicos introducidos en los últimos años con la incorporación a los procesos desaladores de la tecnología de membranas, especialmente la ósmosis inversa, un sistema reconocido como de los más eficientes por su menor consumo energético, han permitido reducir la factura energética hasta los 4 kilowatios a la hora por metro cúbico. Este menor consumo de energía ha situado el precio del agua desalada por debajo de los 0,6 euros (100 pesetas) el metro cúbico, con una clara tendencia a la baja. Sus defensores argumentan que las nuevas investigaciones en el campo de las membranas, que incluyen el desarrollo de nuevos materiales, la reducción del espesor de las membranas o mejoras en su rendimiento, junto a la rebaja en los precios de la energía eléctrica, harán posible que dentro de cuatro años desalar agua del mar en Levante y el sur del país resulte, incluso, más barato que las 52 pesetas por metro cúbico calculadas en el Plan Hidrológico Nacional para la cesión de caudales desde el Ebro.

Sus detractores, por su parte, niegan esta cifras, que sitúan siempre cerca o por encima de los 0,6 euros(100 pesetas) por metro cúbico y aluden a los efectos contaminantes derivados del mayor consumo, a falta de la energía hidroeléctrica requerida para el proceso, de carbón y fuel o gasoil.

Polémicas aparte, lo cierto es que la tecnología de la desalación, que en sus orígenes en los años sesenta se limitó casi exclusivamente a las islas Canarias y Ceuta, hoy ha ampliado considerablemente su ámbito geográfico con la puesta en marcha o próxima construcción de importantes plantas desaladoras en gran parte de la costa mediterránea: islas Baleares, Murcia, Cartagena, Alicante, Costa del Sol… Entre todas estas iniciativas, cabe destacar la que se está llevando a cabo en Carboneras (Almería), considerada la desaladora más grande de Europa. Con una producción prevista de 120.000 metros cúbicos de agua al día, ampliable al doble, esta planta que utilizará la tecnología de ósmosis inversa, resolverá el abastecimiento de los núcleos urbanos próximos, si bien su principal aplicación será la del riego de cultivos de gran valor lo que, en opinión de los expertos, puede marcar un punto de inflexión en la aplicación a otros campos de esta fuente no convencional de incremento de los recursos hídricos.


INTERNET


Sistema español de información sobre el agua

http://hispagua.cedex.es
El sistema español de información sobre el agua, dependiente de los ministerios de Medio Ambiente y Fomento, ofrece datos sobre el sector con noticias, documentación, formación, instituciones e investigación relacionadas con el agua. Desde Hispagua se puede acceder, entre otros servicios, a las diferentes confederaciones hidrográficas existentes en nuestro país.

Asociación Española de Empresas de Tratamiento y Control de Aguas

http://www.aquaespana.com
Esta web, que aglutina a las empresas del sector del agua en España relacionadas con el tratamiento y control de aguas, ofrece una completa y extensa guía de las organizaciones empresariales asociadas, así como de los distintos productos y servicios que prestan.

Fundación Ecología y Desarrollo

http://www.agua-debate.org
Esta web de la Fundación Ecología y Desarrollo ofrece bajo el lema “agua, debate y racionalidad” una prolija relación de noticias relacionadas con el agua aparecidas en los distintos medios de comunicación, ordenadas por meses de publicación. Asimismo, cuenta con un servicio de biblioteca en el que, entre otros, se puede acceder a documentos sobre gestión del agua, informes, libros blancos y directivas.

Asociación Española de Desalación y Reutilización

http://www.aedyr.com
Página de la Asociación española de estos dos procedimientos no convencionales para incrementar las disponibilidades hídricas.

Otros sitios de interés

http://www.cedex.es
Página del Centro de Estudios y Experimentación en Obras Públicas del Ministerio de Fomento que, a través de su centro de estudios hidrográficos, ofrece información sobre el tratamiento y depuración de aguas.

http://www.epa.gov/safewater/agua/html
Página en español de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA).

http://www.eea.eu.int
Información de la Agencia Europea de Medio Ambiente, en inglés.

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