Jordi Hereu Boher

Ministro de Industria y Turismo de España

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“Sin perfiles técnicos y de ingeniería suficientes se ralentiza la innovación, disminuye la capacidad de absorción tecnológica y se dificulta la reindustrialización”

Jordi Hereu Boher

En pleno proceso de transformación industrial, España consolida el impulso de sectores estratégicos que están llamados a liderar el crecimiento en los próximos años, como la automoción eléctrica y conectada, las energías renovables, la industria química, el acero o los semiconductores. A ellos se suma la fortaleza de ramas tradicionales —como la alimentaria— que siguen siendo un pilar esencial del tejido productivo y del empleo.

Sin embargo, este dinamismo convive con importantes desafíos. La necesidad de reforzar la autonomía estratégica europea, avanzar en la descarbonización, acelerar la digitalización —especialmente mediante la inteligencia artificial— y, sobre todo, afrontar la escasez de talento técnico cualificado, marcarán el futuro inmediato del sector. En paralelo, el fortalecimiento de esa autonomía estratégica se ha convertido en una prioridad para la Unión Europea, con el objetivo de reducir dependencias en ámbitos críticos como la energía, las materias primas o la tecnología.

En este contexto se enmarca también la futura Ley de Industria y Autonomía Estratégica que prepara el Gobierno, una norma llamada a actualizar el marco regulatorio vigente desde 1992 y a sentar las bases de una industria más resiliente, sostenible y digital. Se trata de un instrumento clave para reforzar las capacidades productivas del país y alinear la industria española con las prioridades estratégicas europeas.

De todo ello nos habla el ministro de Industria y Turismo, Jordi Hereu Boher, a lo largo de esta entrevista concedida a Técnica Industrial, en la que desgrana los principales retos a los que se enfrenta el sector industrial.

“España está en condiciones de convertirse en un nuevo gran hub industrial europeo, apoyado en su ecosistema productivo, en la llegada de inversiones y en la fortaleza del talento industrial del país”

¿En qué momento se encuentra el sector industrial en España?
España vive un verdadero renacimiento industrial. La evolución reciente demuestra que la industria manufacturera está creciendo de manera sostenida: el Índice de Producción Industrial (IPI) cerró 2025 en el entorno del +4,5 % interanual. Además, la industria manufacturera cerró 2025 con un crecimiento interanual del 2,8 % de su valor añadido bruto en términos reales. Mientras, el empleo industrial superó en 2025, por primera vez en la historia de nuestro país, los 3 millones (3,07M) de ocupados, con un crecimiento interanual del 3,9 %. Por todo ello, considero que estamos recogiendo los frutos de la política industrial puesta en marcha a partir de 2020.

Además, España está en condiciones de convertirse en un nuevo gran “hub” industrial europeo, apoyado en su ecosistema productivo, en la llegada de inversiones y en la fortaleza del talento industrial del país.

Desde el Gobierno no nos conformamos y vamos a seguir trabajando tanto con empresarios y agentes sociales para seguir desplegando esta política industrial con capacidad para transformar nuestro país.

¿Cuáles diría que son los puntos más fuertes y los más débiles del sector, debido a la coyuntura actual?
Es evidente que España está creciendo a un ritmo sólido y los datos del PIB están ahí. Además, contamos con una gran capacidad de atracción de inversión, especialmente en sectores como la automoción, las renovables o la industria química y semiconductores. Todas estas fortalezas hay que situarlas en un entorno geopolítico tensionado, donde las condiciones comerciales cambian casi cada día. Por ello, es importante profundizar en nuestra autonomía estratégica y reducir en lo posible nuestra dependencia, a nivel europeo, de materias primas críticas.

“Fortalecer la autonomía estratégica de la UE es imprescindible. Europa debe ganar muchos grados de autonomía estratégica para asegurar la competitividad y la resiliencia del continente”

En líneas generales, ¿cuáles son los principales retos y desafíos a los que se enfrenta el sector industrial?
Como decía antes, situaría como uno de los principales retos el aumento de la autonomía estratégica tanto a nivel español como europeo, reduciendo la dependencia en energía, industria y defensa. También es importante profundizar en la descarbonización industrial, tanto para favorecer la autonomía energética como para cumplir con los objetivos climáticos que nos hemos planteado. Es fundamental poner énfasis en la digitalización a gran escala, con especial aporte en la IA, la automatización y el uso intensivo de datos. No me olvido en la captación y retención del talento industrial, imprescindible para afrontar la reindustrialización. Por último, considero de gran importancia garantizar un entorno de inversión estable que permita a España seguir liderando el crecimiento industrial europeo.

¿Cómo se puede ganar “valor añadido europeo”? ¿Qué medidas se están llevando a cabo en este sentido?
La clave está en reforzar las capacidades industriales estratégicas dentro de Europa. Para ello, hay que impulsar sectores con alto valor tecnológico, como es la movilidad eléctrica, los chips, el hidrógeno o los materiales avanzados.

También está el tema de la financiación. Ahí debemos ir de la mano las administraciones con el sector privado, movilizando más fondos y hacerlo de manera accesible para las empresas, pymes y emprendedores. Papel importante debería jugar la creación de instrumentos específicos como el Fondo Europeo de Competitividad, que financie inversiones en sectores clave como el acero, el automóvil o el químico.

¿Es necesario, por tanto, fortalecer la autonomía estratégica de la UE?
Es imprescindible. La autonomía estratégica es una condición para garantizar que Europa mantenga decisiones soberanas en energía, industria y defensa. Europa debe ganar muchos grados de autonomía estratégica para asegurar la competitividad y la resiliencia del continente.

En su opinión, ¿qué dependencias son aceptables y cuáles son estratégicamente arriesgadas?
Es importante tener diversificadas nuestras fuentes de materias primas, creando sistemas de aprovisionamiento alternativos y de bajo riesgo político. Debemos cooperar de manera equilibrada en sectores industriales con estándares compartidos con otros socios comerciales.

Pero si hablamos de materias primas críticas, cuya volatilidad afecta a toda la cadena industrial, debemos ser cautelosos y estudiar con quién nos aliamos. Y con la guerra de Irán, estamos viendo que el sector petrolero es crucial para mantener unos precios adecuados.

En este sentido, ¿deben reforzarse las alianzas con socios fiables, diversificar suministros, y asegurar acceso a tecnología, materias primas y estándares?
Nosotros defendemos lo que llamo ‘estrategia dual’. Esto quiere decir que debemos mantener alianzas firmes con socios fiables, diversificar los proveedores e impulsar la producción europea de materias primas críticas y el desarrollo de tecnologías propias.

Así lo recogemos en la agenda europea de transformación industrial, que incluye nuevas herramientas financieras y marcos regulatorios para reforzar cadenas de valor estratégicas.

¿Cuáles son los sectores estratégicos más destacados en la actualidad en nuestro país?
Todos los sectores son importantes y nos aportan una diversidad de industrialización que no hay que minusvalorar. Pero, evidentemente, hay sectores que ‘tiran’ más de la economía, como el de la automoción eléctrica y conectada, las energías renovables, la industria del acero, química y aluminio, y los semiconductores.

Pero quiero poner en valor aquí el sector del turismo. Aporta más de 13% del PIB nacional y desde la pandemia ha resurgido con fuerza en España, de tal manera que ya no es tan importante la cantidad de turistas extranjeros que recibimos, como la calidad y el gasto que aportan. Todo ello en un entorno de transformación hacia un turismo más sostenible y digital.

En fechas recientes defendió en el Consejo de Competitividad, celebrado en Bruselas, la integración del mercado interior y la creación de un Fondo Europeo de Competitividad con atención a las pymes. ¿Qué puede contarnos sobre ello?
Nosotros hemos defendido en Europa que el Fondo Europeo de Competitividad propuesto por la Comisión Europea para incentivar las inversiones industriales en la UE recoja instrumentos específicos para los distintos sectores, como los del acero, el automóvil o el químico.

“Hay sectores que ‘tiran’ más de la economía, como el de la automoción eléctrica y conectada, las energías renovables, la industria del acero, química y aluminio, y los semiconductores”

Este fondo tiene como objetivo fundamental actuar de catalizador para paliar el déficit de inversión necesario para que Europa pueda cumplir sus aspiraciones en materia de competitividad, transición ecológica, seguridad y resiliencia.

Para alcanzar los objetivos en el ámbito de la política verde e industrial de Europa, se requieren inversiones específicas y movilizar capital suficiente, tanto por parte de los actores públicos como privados. Por este motivo, el Fondo Europeo de Competitividad pretende utilizar todos los instrumentos financieros de la Unión Europea disponibles, y prestar un apoyo más eficaz y específico a los sectores y proyectos clave.

Para ello, las empresas, sobre todo pymes y empresas emergentes, deben ser capaces de acceder a la financiación de manera sencilla y ágil, con los mínimos obstáculos administrativos.

En definitiva, debemos conseguir que el Fondo Europeo de Competitividad se convierta en un instrumento fundamental para hacer realidad las aspiraciones industriales y el liderazgo tecnológico de la Unión Europea.

“Lo que nos da la experiencia es que tenemos que trabajar en formar especialistas en IA y automatización avanzada. Y también en ‘democratizar’ la aplicación de la IA, porque vemos que existen brechas de digitalización entre grandes compañías y pymes. Por último, hay que apostar por la ciberseguridad y la soberanía del dato”

También participó en el encuentro ministerial de Friends of Industry, grupo liderado por Francia, Alemania, España e Italia, donde se revisaron los avances de la Declaración de Berlín, centrada en ámbitos tan destacados como la soberanía industrial, el liderazgo tecnológico, la descarbonización, las materias primas críticas o la industria de Defensa. ¿Qué pasos se están llevando a cabo para conseguir los objetivos que se plantean?
Europa necesita una industria unida frente a la envergadura de las oportunidades. Juntos debemos proporcionar un marco y unos impulsos fiables para el crecimiento, la innovación y la competitividad. Por ello, es importante adoptar una serie de medidas que van desde la necesaria simplificación administrativa europea, hasta aplicar la IA a la industria, pasando por crear mercados líderes europeos, generando una demanda inicial segura de materiales básicos respetuosos con el clima, como el acero, el cemento y los productos químicos, visibilizando los esfuerzos de transformación en el mercado e incentivando nuevas capacidades descarbonizadas, manteniendo un equilibrio entre simplicidad, eficiencia económica y rentabilidad.

Uno de los puntos que se abordan en la Declaración de Berlín es la inteligencia artificial y su aplicación en la industria europea, ¿cuáles son los principales retos a los que se enfrentan las empresas en la aplicación de la IA en los procesos de producción industrial para impulsar la competitividad? ¿Cómo está siendo el grado de implantación?
La implantación crece con rapidez, especialmente en automoción, logística, manufactura avanzada y energía. Proyectos financiados por el próximo Fondo de Competitividad o por el Pacto de Industria Limpia europeo impulsarán aún más esta transición.

Lo que nos da la experiencia es que tenemos que trabajar en formar especialistas en IA y automatización avanzada. Y también en ‘democratizar’ la aplicación de la IA, porque vemos que existen brechas de digitalización entre grandes compañías y pymes. Por último, hay que apostar por la ciberseguridad y la soberanía del dato.

Uno de los principales desafíos a los que se enfrenta la industria española es la escasez de personal cualificado, especialmente en perfiles técnicos e ingenieros especializados. Esta carencia puede limitar la capacidad productiva, frenar la innovación y dificultar la incorporación de nuevas tecnologías. ¿Considera que la falta de personal cualificado está afectando de forma significativa al desarrollo y competitividad de las empresas industriales en España? ¿Qué medidas se pueden tomar al respecto?
Es evidente que sin perfiles técnicos y de ingeniería suficientes se ralentiza la innovación, disminuye la capacidad de absorción tecnológica y se dificulta la reindustrialización. Por eso ya estamos trabajando en el refuerzo de la FP industrial avanzada, en programas de recualificación y capacitación digital, la aplicación de incentivos a la incorporación de jóvenes a carreras STEM, o la atracción de talento internacional especializado.

“Entre los proyectos prioritarios destacaría la aprobación de la nueva Ley de Industria y Autonomía Estratégica, que sustituirá a la de 1992 y permitirá afrontar los retos de autonomía estratégica, digitalización y descarbonización”

¿Cuáles son los proyectos más destacados que tiene por delante el Ministerio de Industria y Turismo?
Entre los proyectos prioritarios destacaría la aprobación de la nueva Ley de Industria y Autonomía Estratégica, que sustituirá a la de 1992 y permitirá afrontar los retos de autonomía estratégica, digitalización y descarbonización.

Por otro lado, seguimos apoyando a los sectores a través de los PERTE industriales, especialmente centrados en descarbonización y movilidad eléctrica, sin olvidar los programas de apoyo a la industria de defensa como vector tecnológico e industrial.

 

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