Monfragüe

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“ESTA MAGNÍFICA REPRESENTACIÓN DEL BOSQUE MEDITERRÁNEO, QUE ESTUVO A PUNTO DE DESAPARECER POR LAS REPOBLACIONES DE EUCALIPTOS, LLAMA LA ATENCIÓN POR SU SOBRECOGEDORA BELLEZA Y EL BUEN ESTADO DE CONSERVACIÓN”

Monfragüe ya es parque nacional. Después de tres largas décadas de espera se ha conseguido este objetivo reiterado con admirable paciencia por el conservacionismo extremeño y español. Enhorabuena. Parece mentira que en una región tan hermosa y de tan altos valores ecológicos no hubiera todavía ningún espacio natural que ostentara el título de la que sigue siendo nuestra máxima figura proteccionista. Algo tiene que ver en ello la ambigüedad de la Junta de Extremadura que, hasta fechas bien recientes, no se ha decidido a formalizar la propuesta, pues ya es sabido que son los gobiernos autónomos quienes tienen que expresar ante el Parlamento de la nación su voluntad de declarar un parque nacional. No es fácil de entender esta dilación.

En alguna otra ocasión me he referido a la pereza histórica de los políticos y de los pueblos para declarar parques nacionales. Tan sólo 14, contando Monfragüe, desde que se aprobara la ley hace 90 años, en 1917 concretamente. ¿No quedan más espacios en España dignos de alcanzar dicha categoría? Por supuesto que sí. Entre 25 y 30 al menos, según coinciden en señalar los naturalistas más atentos a estas cuestiones, pero las cosas van despacio. Desde que se propuso hasta que se declaró el de Sierra Nevada transcurrieron 70 años y, al paso que vamos, el de Guadarrama acabará por cumplir el siglo aun contando con la aquiescencia de todos los grupos representados en el parlamento madrileño, aunque en este caso es también necesario el consenso de las Cortes de Castilla y León. Sería el de Guadarrama el segundo parque interautonómico, además del de los Picos de Europa. De poco ha servido aquella campaña ecológica y cívica emprendida por el periódico El Sol en los años veinte.

Para nadie es un secreto que las competencias de la Administración central, de quien dependía hasta hace poco la gestión exclusiva de estos espacios, no eran bien vistas por las comunidades autónomas, tan celosas de su soberanía (no sólo las gobernadas por los nacionalistas), y ésta ha sido la causa principal que explica el escaso entusiasmo por los parques nacionales tras la nueva configuración territorial establecida en la Constitución de 1978. Si bien es cierto que Cataluña abrió la espita a mediados de los ochenta del pasado siglo, otras comunidades han seguido su estela, con la especial beligerancia de Andalucía o de Aragón. A punto de terminarse el proceso de transferencia de esa gestión a las respectivas comunidades, es de esperar que surjan nuevas iniciativas. Miles de personas visitan cada año el hasta ahora Parque Natural de Monfragüe, en la provincia de Cáceres, y seguramente el nuevo estatus de protección acrecentará el interés de los ciudadanos españoles y extranjeros. Esta magnífica representación del bosque mediterráneo, que a punto estuvo de desaparecer por aquellas desafortunadas repoblaciones de eucaliptos del Icona en los años setenta, llama la atención por su sobrecogedora belleza y el buen estado de conservación. Como también ocurriera en Doñana un par de décadas antes, fueron precisamente esas repoblaciones las que pusieron en marcha un movimiento reivindicativo encabezado por Suso Garzón, un histórico del ecologismo que ha prestado innumerables servicios a la causa. Iba a escribir a la patria, emulando a los primeros naturalistas que identificaban sin rubor alguno el amor y la defensa de la naturaleza como un servicio patriótico. ¿No lo es tanto o más que otros servicios cargados de ampulosidad?

Suso Garzón y también Francisco Bernis, el fundador de la Sociedad Española de Ornitología (SEO), que hizo por esas tierras cacereñas varios estudios ornitológicos de referencia ineludible para los amantes y los estudiosos de las aves, que no son pocos. En el mes de febrero se celebró en el entorno del nuevo Parque Nacional la II Feria de Turismo Ornitológico a la que asistieron nada menos que un centenar de expositores y miles de personas. ¿Se puede creer cuando todos tenemos la sensación de que sólo somos capaces de divertirnos con el tópico botellón? Por supuesto, no podemos olvidarnos de Adenex, la principal organización ecologista de Extremadura, con miles de socios, cuya historia gira en buena medida alrededor de este espacio natural que provoca tanta admiración por sus paisajes y por la abundancia de rapaces. En pocos sitios es tan fácil la observación de estas aves de vuelo majestuoso: águila imperial, buitre negro, alimoche, halcón, cigüeña negra, etc. Es imposible pasar por los cortados de Monfragüe, plagados de nidos, sin encontrarnos con grupos de personas que contemplan extasiadas un espectáculo que ya puede verse en muy pocos lugares del planeta.

Extremadura ocupa los últimos lugares en las estadísticas de renta, pero mantiene una naturaleza de lujo. Sería deseable que el desarrollo económico no rompiera con esa armonía.

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