La gestión del oro azul

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El agua es como el aire: un elemento imprescindible para nuestra vida del que sólo nos acordamos cuando falta. Fuente de no pocas pasiones y numerosos conflictos, esta particular combinación de hidrógeno y oxígeno es hoy un recurso escaso, limitado y en peligro. Por ello, quizá, sea también el bien más preciado por todos, por encima incluso del petróleo, y por eso algunos lo denominan «oro azul». En España, país pionero en técnicas de planificación hidrológica, el problema del agua lleva tiempo empantanado en disputas políticas que han retrasado la creación de un sistema de infraestructuras hídricas que cubra las demandas de agua presentes y futuras. Se hace obligado, por tanto, una nueva cultura del agua que no demonice ni sacralice ninguna fórmula y que no ataque como excluyentes soluciones que pueden ser complementarias. El debate del agua no está en si es mejor trasvasar que desalar, sino en promover una mejor y más racional gestión integral de este recurso y en fomentar el ahorro. Y en trasladar al consumidor el precio de un bien que actualmente prácticamente se regala, especialmente para usos agrícolas.

El agua es como el aire: un elemento imprescindible para nuestra vida del que sólo nos acordamos cuando falta. Fuente de no pocas pasiones y numerosas tensiones y conflictos, esta particular combinación de hidrógeno y oxígeno es hoy un recurso escaso, limitado y en peligro. Por ello, quizá, sea también el bien más preciado por todos, por encima incluso del petróleo.

España no es, en este sentido, una excepción. En nuestro país, donde el problema del agua es un problema secular, su singular distribución hídrica y un régimen de lluvias irregular han dado origen a que tradicionalmente se hable de una España húmeda, saciada de ella, y de otra seca, que suspira por tenerla, pero también a que el problema del agua haya estado en la conciencia de los españoles mucho antes de que lo hiciera en Francia y otros países de nuestro entorno. Las numerosas presas, embalses, azudes, canales, acueductos y acequias que existen repartidas por todo el territorio nacional no son sino testigos mudos de esta febril actividad vivida en nuestro país desde la época romana y musulmana para intentar aumentar las disponibilidades de agua y encauzarla hacia las zonas en las que este valioso líquido elemento más escasea.

El cielo no tiene la solución

Pero cuando las nubes se resisten, los efectos del temido cambio climático empiezan a ser más que evidentes y el crecimiento y los desplazamientos de la población se vuelven más intensos, el problema del agua se acentúa. Y eso es, precisamente, lo que viene ocurriendo de un tiempo a esta parte. Y como, por desgracia, las soluciones no siempre llueven del cielo, urge tomar medidas que garanticen el agua para usos agrícolas, responsable en España, al igual que en el resto del mundo, de cerca del 80% del consumo de agua; el abastecimiento de boca o urbano, que apenas representa el 14%; y el suministro industrial, que absorbe el 6% restante.

La solución a la escasez de agua, que es un bien público y, por tanto, de todos, debería afectar igualmente a todos y alcanzarse por consenso, más aún cuando, tal y como se destaca en el propio Libro Blanco del Agua en España, nuestro país es el más árido de Europa, con unas precipitaciones que equivalen al 85% de la media de la Unión Europea, y una evapotranspiración potencial de las más altas del viejo continente.

A pesar de ello, y de que existe prácticamente una plena coincidencia entre las partes implicadas –administraciones, cuencas hidrográficas, empresas y regantes–, sobre los pasos que hay que dar para superar este problema, las aguas en España lejos de fluir tranquilas discurren cada vez más sucias, cuando no envenenadas.

EL CALIFICATIVO QUE MEJOR DEFINE EL MOMENTO QUE VIVE LA ACTUAL POLÍTICA DEL AGUA EN ESPAÑA ES EL DE CONFUSO. EN PRIMER LUGAR, PORQUE EL AGUA SE HA CONVERTIDO EN LOS ÚLTIMOS AÑOS EN UN ARMA ELECTORAL, EN UNA FUENTE DE COSECHA INMEDIATA DE VOTOS, CON ARGUMENTOS OPUESTOS EN FUNCIÓN DE SI SE EJERCE EL GOBIERNO O LA OPOSICIÓN.

Medidas de urgencia

Una triste realidad que se ha vuelto a poner en evidencia tras los recientes problemas de abastecimiento que han afectado a la ciudad de Barcelona, felizmente superados gracias al mes de mayo más lluvioso de los últimos 24 años (aunque la decisión política sobre la suspensión del decreto de emergencia que regulaba el trasvase de agua del Ebro a la Ciudad Condal no estaba todavía tomada al cierre de esta revista, todo hacía indicar que el Consejo de Ministros tomaría esta decisión en breve).

Más allá de si la solución propuesta fue o no la más acertada, lo que más poderosamente llama la atención es que haya que tomar medidas de urgencia para desabastecimientos puntuales que deberían estar resueltos de forma estructural. En esta ocasión ha sido Barcelona, pero en el pasado lo fueron ciudades de Andalucía, Levante o incluso el norte de España. Una larga lista a la que la sequía –a la que por otra parte habría que empezar a asumir de una vez por todas como un elemento más a tener en cuenta en el panorama nacional– no tardará en añadir un nuevo nombre. Al menos si las cosas no cambian. Y mucho.

Disparate nacional

Porque sin duda el calificativo que mejor define el momento que vive la actual política del agua en España es el de confuso. En primer lugar, porque el agua se ha convertido en los últimos años en un arma electoral, en una fuente de cosecha inmediata de votos, con argumentos opuestos en función de si se ejerce el Gobierno o la oposición, en una suerte de disparate nacional que no han hecho sino retrasar la puesta en marcha de un sistema de infraestructuras hídricas que cubra las necesidades de agua presentes y futuras de una forma eficaz.

El Gobierno socialista apostó en 2004 por lo que denominaron un nuevo «contrato social del agua», basado en la garantía de su disponibilidad y calidad, en su gestión sostenible y eficiente, en el fomento de la investigación y la incorporación de nuevas tecnologías, en la potenciación de fórmulas de regeneración y reutilización, en la modernización de regadíos y en la creación de nuevos recursos, con la desalación como tecnología prioritaria y segura de cara al futuro (en España, considerada una potencia tecnológica en este campo, existen más de 700 desaladoras en funcionamiento, que abastecen de agua a más de tres millones de personas). Para dar soporte a estas propuestas, el entonces Ministerio de Medio Ambiente –hoy Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino– aprobó el programa AGUA (Actuaciones para la Gestión y la Utilización del Agua) que, según sus estimaciones, ha permitido incrementar en 1.162 hectómetros cúbicos la disponibilidad de agua gracias a la inversión de 7.700 millones de euros en la modernización y fortalecimiento de las infraestructuras hídricas.

A este contrato social, y tras las elecciones de marzo, Rodríguez Zapatero añadió un compromiso aún más ambicioso: solucionar el problema del agua en todas las comunidades autónomas en 2012.

Los Estatutos de Autonomía

Sin embargo, este objetivo resulta difícil de creer. Al menos si nos atenemos a los preceptos sobre aguas incluidos en los nuevos Estatutos de las Comunidades Autónomas aprobados a lo largo de la pasada legislatura, y que no han hecho sino dificultar todavía más la buena gobernanza del agua en España, tal y como recientemente señalaron diferentes expertos en un foro organizados por el consejo asesor de Expansión y Actualidad Económica.

En su opinión, estos preceptos estatutarios, que consagran la prioridad de sus ciudadanos en el uso de las aguas que discurren por su territorio y que en su mayoría han sido recurridos ante el Tribunal Constitucional, rompen el principio de gestión integrada de las cuencas, minan el principio de igualdad entre los españoles, quiebran la idea básica de que el agua es un bien integrado en el dominio público del Estado y alientan una peligrosa politización del agua cuando, lo cierto es que la política del agua debería estar guiada más por criterios técnicos que políticos.

Política de Estado

Para evitar que el país, que en su momento fue considerado pionero en técnicas de planificación hidrográfica, se enfangue en un lodazal en el que sólo primen los particulares intereses partidistas o las alianzas de poder, se hace necesario, a ojos de todos, que la política del agua se haga con mayúsculas; que no catalogue a los planes hidrológicos ni a los trasvases o las desaladoras de derechas o de izquierdas; que no demonice ni sacralice ninguna fórmula, y que no ataque como excluyentes soluciones que pueden ser complementarias. Una política, en suma, de Estado que permita establecer un modelo hídrico consensuado y aceptado por todas las partes. Aunque sólo sea porque nadie tiene la culpa, al menos políticamente, de que llueva o no llueva.

Pero hacer realidad esta aspiración requiere también de un cambio en el actual modelo de gestión del agua, más centrado hasta ahora en si conviene más trasvasar o desalar que en una mejor y más racional gestión del recurso y en el fomento del ahorro.

Despilfarro

Pese a ello, a nadie se le escapa que el cambio hacia esta nueva cultura del agua que se propugna ya se ha iniciado, siquiera tímidamente. Así lo refleja la creciente preocupación que existe por conseguir un aprovechamiento integral del agua a través de la depuración, el ahorro, la modernización de los regadíos, la reutilización o la desalación. Como ejemplo significativo, la Federación Nacional de Regantes, que engloba a 700.000 regantes y a más del 50% de las 3,4 millones de hectáreas de regadío que se cultivan en España, destaca que las técnicas de riego por goteo y aspersión son ya las más utilizadas en el campo español, por encima de las tradicionales de por inundación. O el programa Corenet, que a través de pro-gramas de software y la utilización de las nuevas tecnologías cono Internet y el teléfono móvil permiten a los agricultores gestionar mejor sus recursos y ahorrar agua. De esta iniciativa, puesta oficialmente en marcha en 2006 con el respaldo de la Administración, se benefician ya cerca de 150 comunidades de regantes, que han conseguido ahorros de agua en sus cultivos que oscilan entre el 10% y el 25%.

Pero más que poca agua disponible, los expertos coinciden en que el problema es que se despilfarra mucha. Una ineficiencia que no sólo se sustenta en un con-sumo excesivo de agua (cada español consume en sus hogares una media de 166 litros de agua al día), sino también en las obsoletas y en muchos casos centenarias canalizaciones y redes de distribución, por las que diariamente se pierde casi el 20% del agua que circula.

Un descontrol al que, en el caso del campo, hay que sumar el ocasionado por los numerosos pozos ilegales –aunque es imposible conocer su número exacto, diferentes fuentes aseguran que existen entre medio y un millón–, que sobreexplotan los acuíferos y detraen para uso particular un recurso que es de todos.

Tarifas bajas

Con todo, la mayoría de especialistas destacan que el problema estriba en que las tarifas del agua, especialmente bajas en el caso del agua de riego, no reflejan su escasez. En este sentido, muchos autores justifican que el despilfarro proviene en gran medida porque sólo se aprecia lo que cuesta, y el agua prácticamente se regala. Así, un español paga por el agua del grifo unos 1,28 euros por metro cúbico de media, casi la mitad que un alemán. Este coste, el tercero más bajo de la UE y que se traduce en unos cinco euros mensuales para un consumo de 140 litros al día, no permite recuperar ni el 20% de los servicios de captación, transporte, tratamiento y depuración, por lo que se estima que el precio del agua en nuestro país se duplicará o triplicará en los próximos años, hasta situarse entre dos y tres euros por metro cúbico. En este aspecto, resulta curioso que este deseo de las administraciones por mantener subsidiadas las tarifas del agua contrasta con la escasa atención que los consumidores prestan a la factura del agua, muchos de los cuales desconocen a menudo el importe y la frecuencia de facturación.

Este escenario en el que los ciudadanos no saben cuánto pagan, por barata, por el agua toca a su fin. En primer lugar, porque alguien tendrá que correr con los gastos que exige cumplir con los cada vez más rigurosos estándares de calidad y requisitos legales medioambientales europeos.

En segundo, y tal y como se apunta desde algunos sectores, porque más pronto que tarde llegará el final de unos fondos europeos que han permitido financiar durante las dos últimos décadas importantes infraestructuras hídricas, incluidas las desaladoras. Sin el dinero de Bruselas, y con los ayuntamientos y administraciones regionales endeudadas, será difícil subvencionar ni las grandes ni las pequeñas obras.

Directiva Marco del Agua

Pero que el agua deje de ser barata, demasiado a decir de muchos, vendrá determinado también por la aplicación en España de la Directiva Marco del Agua (DMA), aprobada hace más de siete años y que, a pesar de su trascendencia, prácticamente ha pasado desapercibida en nuestro país. La DMA, cuyos principios deberán estar definitivamente traspuestos en los Estados miembros en 2015, consagra en uno de sus artículos la progresiva aplicación del principio de recuperación de costes, esto es, que los usuarios deberán soportar los costes derivados de la prestación del servicio.

En este punto, con todo, existen discrepancias sobre si el verdadero sentir de esta norma es estrictamente económico o medioambiental. Quienes defienden este último criterio, creen ver en la Directiva un mecanismo para incentivar el buen uso y el buen estado ecológico de las aguas, más que para tener un precio de mercado que, por otra parte, sería muy difícil de aplicar, especialmente en la agricultura, donde una subida significativa de las tarifas del agua exigiría una profunda reconversión del sector de gran impacto social y político. Hay, no obstante, otras voces que reclaman esta subida para poner coto a los muchos usos agrícolas que aún hoy utilizan técnicas poco eficientes, a las que, además de ser grandes consumidoras de agua, les tildan de contribuir en una escasa proporción al PIB nacional y dar empleo a un porcentaje muy bajo de trabajadores.

Quién y cuánto consume

Al final, en tiempos de sequía como el actual, se acrecienta la idea de que una buena gestión pasa por conocer quién y cuánta agua consume. Y en qué, circunstancia que todavía se desconoce en muchos casos, especialmente en el sector agrícola. Frente al enfoque tradicional basado sólo en la oferta de nuevas infraestructuras hidráulicas (los trasvases, embalses o grandes desaladoras habrán de ejecutarse, si son necesarios, en función de su coste, viabilidad e impacto medioambiental), la nueva política del agua reclama una mayor atención a la gestión de la demanda y a aumentar la eficiencia en todos los usos.

Reducir las pérdidas de las redes de distribución, mejorar la depuración de las aguas residuales y reutilizarlas para ciertos usos, apoyar la construcción en algunas zonas de desaladoras que sean cada vez más eficientes en consumo de energía y eliminación de sus propios residuos, aprovechar con moderación las aguas subterráneas, aplicar progresivamente una política de precios que evite el despilfarro y repercuta los costes en los usuarios e implantar nuevos modelos de gestión, incluidos los bancos públicos de agua, deberán ser algunos de los ingredientes básicos para alcanzar la solución a la falta de agua.

Si no llueve ni podemos conseguir que llueva por medios artificiales (los experimentos de aplicación de yoduro de plata a las nubes para provocar precipitaciones no han pasado de ser meras probaturas de laboratorio), ni existe una única solución mágica que termine con el problema, lo más lógico y sensato parece que sea que la política del agua en España deje de ser motivo de enfrentamiento y se ar ticule como una auténtica política de Estado. El que lo prefiera, puede seguir mirando al cielo.


TRANSPARENTE Y EN BOTELLA

El agua ha dejado de ser incolora, inodora e insípida. Ahora tiene hasta cuerpo y sabor. Y mucho glamur. Botellines que encierran miles de gotas de agua pura de lluvia procedentes de Tasmania o líquidos extraídos a más de 800 metros de profundidad de un manantial de Smokey Mountains, en Estados Unidos, llevan tiempo causando furor en los círculos más chic de medio mundo, algunas de cuyas más notables celebridades no tienen ningún reparo en pagar los más de 50 euros que cuesta cada uno de estos botellines de agua envasada en cuidados envoltorios glaseados de producción limitada, algunos tan exclusivos que han sido decorados a mano con cristales de Swarovski.

Pero no hace falta llegar a estas extravagancias sólo al alcance de unos pocos pudientes para entender que saciar la sed se ha convertido en un rentable negocio. También en España, donde comprar un litro de agua embotellada resulta en muchos sitios más caro que uno de gasolina.

Por eso, cada vez son más los bares, restaurantes y tiendas de alimentación especializadas que ofrecen a sus clientes la posibilidad de elegir entre una gran variedad de aguas envasadas procedentes de los cinco continentes. Un lucrativo negocio que atraviesa en España un momento particularmente dulce, y que ha llevado incluso a que algunos establecimientos hosteleros y escuelas de cocina organicen catas en las que expertos sumilleres enseñan a diferenciar las propiedades de este líquido elemento.

En España, esta alternativa «sana» y «saludable» al agua del grifo, como destacan sus precursores, movió el pasado año 850 millones de euros, según datos de la Asociación Nacional de Empresas de Agua y Bebida Envasada (Aneabe).

Cada español consume anualmente 129 litros de agua envasada, una cifra que crece año tras año y que, en opinión de Aneabe, refleja la preocupación del consumidor por cuidar su salud y alimentación. Un auge que algunos responsables achacan también a la reciente entrada en vigor del carné de conducir por puntos, ya que el agua no sólo calma la sed, sino que además puede beberse sin moderación y no tiene contraindicaciones al volante. De momento, el culto por el agua embotellada no parece tener techo en nuestro país, que se ha sumado a la moda iniciada en otros países europeos de contar con un bar de aguas o exclusivos establecimientos que venden, como el caso de uno en Gandía (Valencia), hasta 17 tipos de agua cuyo mayor reclamo es su cuidado envase y… el precio.

Una moda a la que poco a poco se suman más restaurantes en España que, junto a la tradicional carta de vinos, han comenzado a incluir otra de aguas como reflejo de la gran diversidad de la oferta existente, pero también de la mayor exigencia de un público que ha comenzado a distinguir procedencias, composiciones y sabores.

Precisamente, aguas aromatizadas o con sabor son algunas de las apuestas de este sector en el que casi un centenar de pequeñas empresas regionales y manantiales locales luchan por sobrevivir en un mercado cada vez más en manos de un reducido número de grandes grupos y multinacionales.

Baleares, Cataluña y la Comunidad Valenciana son las principales consumidoras de este auténtico oro líquido que, aun con todo, todavía no convence en igual medida a los consumidores de otras comunidades, como Navarra, País Vasco o Madrid, donde el agua del grifo es especialmente valorada gracias a que el líquido que fluye por las cañerías está menos mineralizado gracias a sus suelos poco calcáreos.

Pero en este mundo no es oro todo lo que reluce, al menos para algunas organizaciones ecologistas, que critican la desmedida voracidad de las empresas envasadoras por hacerse con la titularidad de pozos y manantiales, así como su elevado consumo de energía y los daños medioambientales de sus envases. La patronal del sector niega estas afirmaciones y asegura que vela por el equilibrio natural de estos acuíferos y que todos sus envases son reciclables.


INTERNET


Sistema Español de Información sobre el Agua

http://hispagua.cedex.es
Lugar de referencia obligado para obtener información en materia de agua continental en nuestro país. Estructurado en secciones, este sitio web contiene la más completa información sobre instituciones con competencias en la materia, documentación e informes monográficos, investigación y desarrollo, formación, agenda de eventos y datos sobre el agua y la cultura del agua en España.

Portal del agua de la UNESCO

www.unesco.org/water
Portal que facilita el acceso a la información relacionada con el agua dulce disponible en la Red. Alberga los programas sobre agua dulce de la UNESCO o liderados por ésta y sirve como punto de encuentro interactivo para intercambiar ideas, compartir información y buscar sitios web de organi – zaciones relacionadas con el agua. Incluye enlaces, eventos, módulos de formación y otros recursos en línea.XPLI

Otros sitios de interés

www.mma.es
Web del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino. Entre sus muchas secciones, se encuentra información sobre el programa AGUA y la Directiva Marco del Agua.

www.aedyr.com
Página de la Asociación Española de Desalación y Reutilización cuyo objetivo es impulsar la investigación, desarrollo y divulgación de las tecnologías de desalación y reutilización de las aguas y apoyar el establecimiento de especificaciones y procedimientos normalizados.

www.fenacore.org
Federación Nacional de Comunidades de Regantes de España.

www.ingenieriadelagua.com
Web de la Fundación para el fomento de la ingeniería del agua.

www.agua-dulce.org
Página de la Fundación Ecología y Desarrollo con información sobre el uso eficiente del agua en las ciudades.

www.elretodelagua.com
Web del Canal de Isabel II con información de la campaña para ahorrar agua en la Comunidad de Madrid.

http://water.europa.eu
Web del Sistema de Información sobre el Agua para Europa (WISE).

www.worldwtaercouncil.org
Web del Consejo Mundial del Agua. En inglés.

www.nature.org/initiatives/freshwater
Programa para el desarrollo sostenible de los recursos hídricos. En inglés.

www.internationalwaterlaw.org
Información sobre legislación y políticas internacionales en materia de agua. En inglés.

www.undp.org/water/crosscutting/climate.html
Agua y Cambio Climático. En inglés.

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