El futuro de la ingeniería

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Desde hace tiempo nos movemos en un entorno que se ha definido con la sigla inglesa VUCA (volátil, incierto, complejo y ambiguo). Sin embargo, los cambios tecnológicos, de movilidad, de comunicaciones, etc., han contribuido a generar una atmósfera de incertidumbre y de preocupación por el futuro, y la ingeniería no se escapa. No obstante, podemos afirmar sin temor que está bien posicionada para afrontar los nuevos retos. Para empezar, la ingeniería está presente en las infraestructuras, en los servicios y también en la gestión, lo que abarca una gran cantidad de campos y perfiles profesionales. Los ingenieros estamos en las empresas y en la función pública desarrollando una serie de actividades que van desde la realización de proyectos, pasando por la dirección de producción y obras, hasta la gestión de la calidad o la innovación, entre muchas otras, sin olvidar los que tienen su propio gabinete de ingeniería. Ser ingeniero es sinónimo de profesional versátil, y este es uno de los puntos fuertes de nuestra profesión.

Una prueba de ello es que la profesión de ingeniero es de las más demandadas. Según Eurostat, la OCDE y la UTE, los perfiles más solicitados en el ámbito global son los ingenieros, los informáticos, los profesionales de la salud y los comerciales. El Observatorio de la Ingeniería del 2017 afirma que los próximos diez años harán falta en Cataluña 29.000 ingenieros, 14.000 de los cuales son del ámbito industrial. Con todo, la aplicación en España del Plan Bolonia no ha respetado los acuerdos para que el grado sea el referente en el mercado laboral, lo que crea confusión e inseguridad en las empresas, administraciones y estudiantes. Así como en el resto de Europa, los másteres son sólo de especialización, aquí también están los másteres generalistas, que dan acceso a las profesiones de ingeniero de segundo ciclo. Por intereses corporativos y falta de visión estratégica, se ha perdido una oportunidad única de dejar atrás el pasado. El dicho “Spain is different”, desgraciadamente, en este caso, se sigue cumpliendo.

Sin embargo, los ingenieros graduados están en el nivel 6 del EFQ (Marco Europeo de Cualificaciones), como el resto de ingenieros europeos. Queda más que demostrado que nuestros graduados son capaces de asumir las competencias que marca el nivel 6: gestionar actividades o proyectos complejos, sean técnicos o profesionales, encargarse de la toma de decisiones en contextos imprevisibles de estudio o de trabajo, y gestionar el desarrollo profesional de individuos y de grupos. Cabe decir que los ingenieros técnicos podemos obtener la correspondencia con el título de graduado en Ingeniería con un sencillo trámite burocrático en la sede electrónica del Ministerio de Educación, tal como informamos en los números 197 y 198 de la revista Theknos (publicación editada por el Col·legi d’Enginyers Graduats i Enginyers Tècnics Industrials de Barcelona).

Queremos destacar que, desde nuestro Consejo General, se están haciendo gestiones para que la tarjeta profesional europea, que facilita la movilidad europea y la libre prestación de servicios, se haga extensiva a la profesión de ingeniero.

Pero para poder mirar hacia el futuro con seguridad se necesitan más acciones, como adecuar los planes de estudios a las necesidades actuales de las empresas, sobre todo en cuanto a los contenidos relacionados con la transformación digital (industria 4.0, robótica, inteligencia artificial, etc.), avanzar hacia el modelo de certificaciones profesionales, potenciar el lifelong learning y otros aspectos que comentaremos próximamente.

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