El ciudadano también decide

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Hay muchas decisiones que podemos tomar como ciudadanos porque ahora sabemos que somos los creadores del clima y que el futuro de la biodiversidad y la civilización dependen de nuestros actos. Cada vez es más evidente que el derroche de energía que hacemos no nos está conduciendo a una tierra de tranquilidad. El esfuerzo de los gobiernos y la industria tiene que ser amplificado con el de los ciudadanos para que sirvan de algo. Hay que cambiar nuestra forma de vida, pero quién quiere sacrificarse. Sin volver a la edad de las cavernas, pequeños pero asumibles cambios en nuestro comportamiento tal vez permitan grandes cambios y beneficiosos para el planeta Tierra, nuestro hogar.

¿Tenemos otro planeta? Ésta es la pregunta directa que nos hace el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) cuando entramos en su página web. También una pregunta simple, porque va al meollo de la cuestión. Mientras no tengamos otro hogar en la galaxia, nos conviene cuidarlo. La concienciación ciudadana sobre el medio ambiente ha ido en aumento, pero sigue siendo insuficiente. Los problemas globales, cuando se tienen que compaginar con los personales, son difíciles de asumir. Sólo cuando lo global se convierte en individual se comienza a tomar en serio y eso es lo que parece que está sucediendo ahora, tanto en lo económico como en lo medio, ambiental. La sociedad contemporánea se enfrenta a varios desafíos que ponen en riesgo incluso su eventual supervivencia futura: calentamiento global, extinción de especies, amenazas medioambientales, urbanismo descontrolado. Las informaciones recibidas a veces suelen ser contradictorias o no asumibles por la ciudadanía, que ante la magnitud de ellas unas veces, y su minimización otras, no sabe con qué quedarse.

Sin embargo, cada vez es más evidente que el derroche de energía que hacemos no nos está conduciendo a una tierra de tranquilidad. El sobresalto pasa a ser lo más habitual. Durante años, las campañas de concienciación y educación medioambiental se han sucedido y continúan para intentar minimizar las amenazas que nos acechan poniendo remedios preventivos. Imposible enumerar la multitud de aulas de medio ambiente existentes en España. Suponemos que las futuras generaciones serán más consecuentes en sus actuaciones a favor del medio ambiente. Porque actuar es lo más difícil. La tendencia a pensar que sean los gobiernos quienes lo hagan todo da coartada a los ciudadanos. Pero esto no debería ser así. Lo peor que pueden hacer los ciudadanos, sobre todo del Primer Mundo, es quedarse con los brazos cruzados. El esfuerzo de los gobiernos y la industria tiene que ser amplificado con el de los ciudadanos para que sirvan de algo. Hay que cambiar nuestra forma de vida, pero quién quiere sacrificarse. Qué se puede hacer.

Una de las primeras opciones sería medir nuestra propia huella ecológica para saber si nuestra forma de vida es sostenible. Pero ¿qué es esta huella? Según los especialistas es un indicador biofísico de sostenibilidad que integra el conjunto de impactos que ejerce una cierta comunidad humana –país, región o ciudad– sobre su entorno, considerando tanto los recursos necesarios como los residuos generados para el mantenimiento del modelo de consumo de la comunidad. Si uno quiere saber si es un buen ciudadano y sostenible para el planeta, lo primero que debe hacer es un examen detallado del empleo de la energía en su hogar, empezando por la cocina y terminando por el ordenador. Este análisis proporcionará cálculos globales por tipo de energía al año, así como del gasto que suponen. En segundo lugar, una encuesta sobre el agua para conocer el consumo y las consecuencias de generalizar un estilo de gasto de agua para todo el país. En tercer lugar, averiguar todos los desplazamientos y el transporte que se utiliza y, por último, valorar la cantidad de basura que se genera en el hogar por persona. Los resultados revelarán el peso de basura que se produce y el porcentaje de materiales reciclados.

El gasto y el derroche también atañen a los ciudadanos y no sólo a las administraciones o industrias. Todos los días necesitamos de la electricidad y de las energías sea gas o petróleo. No es necesario volver a las cavernas, pero sí saber que en el mundo desarrollado, casi un tercio de las emisiones de CO2 proceden de la energía consumida en casa, y un tercio de la factura suele corresponder al gasto de calentar agua. Agua que podría ser calentada mediante energía solar que no es contaminante. Una de las situaciones ideales sería que energéticamente fuéramos más independientes de la red. Con la potencia suministrada por las placas solares fotovoltaicas situadas en los tejados se cubrirían un 30% de las necesidades energéticas en electricidad. Así que, tan sólo un porcentaje del consumo de electricidad sería preciso comprarlo y pagarlo a la compañía suministradora de la electricidad. Producir el 80% de la energía eléctrica en el propio lugar de consumo hace de la vivienda un hogar un 70% más eficiente, puesto que al autoabastecimiento energético se suman las ventajas de no tener que importar toda la energía con las pérdidas en la red que eso significa. Añádase a esto que la producción propia, además de muy eficiente, no emite ninguno de los otros gases de efecto invernadero.

La eficiencia energética es otro de los conceptos que más se escuchan cuando se habla de generar viviendas y ciudades sostenibles. Aunque son elementos archisabidos, no por ello se pueden dejar de lado. En los hogares hay que comenzar, para conseguirlo, con los electrodomésticos; los aparatos que más energía consumen son la calefacción y la refrigeración y consumen más porque se olvida el ciudadano de realizar un buen aislamiento de puertas y ventanas.

Ahorro es otra de las palabras asociada a la eficiencia energética. Según el Instituto para la Diversificación Ahorro de la Energía (IDEA), la mayor parte de la energía que se usa en las viviendas españolas se dedica al uso de la calefacción y a la producción de agua caliente sanitaria. Ambas partidas suman el 66% del gasto energético familiar. El 34% restante se invierte en el uso de electrodomésticos (16%), en la cocina (10%), la iluminación (7%) y el aire acondicionado (1%). Conviene tener presente que el ahorro energético que se puede conseguir con un uso eficiente de los equipamientos de nuestras viviendas es muy importante. Por esta razón, es determinante analizar los datos de estos aparatos en función del uso que les vayamos a dar: a medio y largo plazo, los electrodomésticos más baratos pueden resultar caros si no se tiene en cuenta la información sobre su consumo energético. Con este propósito, la Comisión Europea puso en marcha en 1989 el sistema de etiquetas energéticas para informar a los usuarios del consumo de energía del electrodoméstico, general-mente en la forma de uso de la energía, eficiencia y/o costos de la energía, contribuyendo al mismo tiempo a controlar la contaminación medioambiental, puesto que la mayor parte de la energía que hay en el planeta procede de fuentes energéticas agotables. Los distintos planes Renove ayudan a conseguir electrodomésticos de clase A más eficientes.

Y es que éstos cuentan con avances tecnológicos para conseguir su eficiencia. En la cocina, un refrigerador puede reducir sus emisiones un 56%, gracias a nuevos compresores y al reducir el espesor de las paredes con un nuevo aislante más fino y eficaz. En una casa ecológica todas las luminarias deberían ser de bajo consumo, lo que reduce un 81% el consumo. Azoteas y jardines deberían tener sistemas de recogida de agua de lluvia así como farolas fotovoltaicas y eólicas.

Los televisores de plasma que, en contra de lo que se piensa, consumen prácticamente lo mismo que los de tubo a igual tamaño. Así que al apagarlos completamente, al igual que los ordenadores, se reduce el consumo energético.

Mientras que la posibilidad de colocar paneles solares en los tejados de muchas casas ya es posible, ahora también se investiga en aerogeneradores de uso doméstico. El Centro de Desarrollo de Energías Renovables de Lubia (Soria) investiga el comportamiento de estos aerogeneradores. En un plazo de cinco años los miniaerogeneradores asociados a viviendas unifamiliares, granjas y pequeñas y medianas empresas serán parte del paisaje urbano. No todos los usuarios podrán instalar un pequeño molino de viento adosado en su chalé o casa. Se requiere ubicarlo en un sitio con viento a favor y cuanto más alto mejor. Una de las ventajas que tendrá el usuario que apueste por utilizar este tipo de energía renovable será que no pagará casi cuota de luz.

Pero uno de los problemas de la minieólica en España es que, al ser un sector emergente, existe mucha variabilidad de precios en el mercado. De momento no existe una estandarización de precios que determine el precio de un minimolino. Ahora mismo instalar una máquina de cinco kilovatios puede costar entre 22.000 y 35.000 euros, dependiendo de la tecnología que lleve aparejada. Si el molino es más pequeño, el precio puede bajar. En la fotovoltaica, al principio de su utilización, los precios eran similares e incluso más caros, ya que el precio hace unos años se situaba en los nueve euros vatio y ahora se pueden conseguir por cuatro o menos. Se cree que si se da una ayuda gubernamental apropiada los precios de la minieólica se pueden reducir a la mitad. El precio debe estar en torno a 2,5 euros/vatio.

Agua para todos

Otro de los recursos a tener en cuenta tanto en las casas como en la ciudades es el agua. Las iniciativas para su ahorro son varias. Una firma japonesa nos ofrece un inodoro, fabricado con nuevas resinas plásticas y cerámicas, y con un distinto flujo de agua que no precisa de presión, reduce a seis litros cada descarga, frente a los 14 normales. También en el lavavajillas se ahorra hasta un 17% de energía, a la vez que reduce el agua empleada, si éste es eficiente. Y en cuanto a la lavadora, un tambor inclinado permite reducir la cantidad de agua un 30%, mientras que una bomba de calor de nueva tecnología, seca la ropa. El resultado es que es un 51% más eficiente que las normales.

Según el informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) Impactos del cambio climático en Europa, la demanda de agua en España entre 1975 y 2006 ha aumentado entre el 50% y el 70%. En cuanto a los consumidores, el informe también recordaba su importante responsabilidad. España es el país de Europa que más agua consume en el ámbito doméstico, con una media de 250 litros por persona y día, y los requerimientos superan ya en algunas comunidades la oferta de agua.

Residuos

Actualmente, la demanda de la humanidad excede en cerca de un 30% la capacidad regeneradora del planeta, por lo que estamos destruyendo el capital natural en lugar de utilizar tan sólo los intereses, que sería lo sostenible, dicen los especialistas. Todos los responsables municipales en España y grupos ecologistas animan a los ciudadanos a reciclar. El problema de los residuos es que todavía es más barato eliminar que recuperar.

Las toneladas de residuos que producimos, tanto orgánicos como inorgánicos, dan una medida de nuestro derroche. La ropa que llevamos puesta, los muebles que decoran las casas, los vehículos que circulan por las calles, los edificios que nos rodean, en general todo lo que vemos y poseemos tarde o temprano se convertirá en un residuo; un desecho cuyo problema fundamental se presenta a la hora de su recogida.

LA MAYOR PARTE DE LA ENERGÍA QUE SE USA EN LAS VIVIENDAS ESPAÑOLAS SE DEDICA AL USO DE LA CALEFACCIÓN Y A LA PRODUCCIÓN DE AGUA CALIENTE SANITARIA. AMBAS PARTIDAS SUMAN EL 66% DEL GASTO ENERGÉTICO FAMILIAR

La recogida, proceso esencial para el reciclado posterior del residuo, es un procedimiento en el que están involucrados las instituciones, las administraciones, las Comunidades Autónomas, los ayuntamientos, las empresas gestoras y los productores de residuos. Pero son las administraciones las que tienen que mar-car objetivos y plantear un sistema de recogida eficaz a fin de poder recuperar lo máximo posible de un residuo. Y esto no sucede así. La recogida de residuos, sobre todo los urbanos, ha dado más de un dolor de cabeza a las instituciones, ya que en el sistema de recogida en sí se encuentran con varios problemas, entre los que destaca el económico. El recoger todos los residuos que existen, ya sean medicamentos, fitosanitarios, residuos domésticos, electrónicos, desechos industriales, hospitalarios, etc. supone un gasto importante. Según un informe realizado por el Defensor del Pueblo en colaboración con la Fundación Universidad Politécnica de Madrid, las operaciones de recogida y transporte de los residuos representan entre el 60% y el 80% de los costes globales. Aunque la administración puede ayudar a la financiación, la disyuntiva reside en quién soporta el costo de la gestión del residuo desde que es recogido hasta que es tratado en una planta de reciclaje.

Según el precepto de quien contamina paga, quien asumiría el gasto sería el consumidor, pero finalmente se le deriva la responsabilidad al fabricante, que incluye el costo en el propio producto. Pero aún así, con la financiación teóricamente resuelta, los principales problemas en la gestión de los residuos es la falta de educación y concienciación en la ciudadanía. Las instituciones deben inculcar a las nuevas generaciones la necesidad de una cultura ambiental que permita la recolección de residuos de forma controlada y evite la mezcla de residuos, por ejemplo, industriales y domésticos, que al final sólo genera mayor contaminación y mayor gasto social

El Ayuntamiento de Barcelona ha puesto en marcha un nuevo programa para potenciar el reciclaje que incorpora la figura del promotor medioambiental, que se situará en todos los distritos. Doce promotores se encargarán de aclarar dudas y de sensibilizar a la población sobre los beneficios que tiene el reciclaje, entre las 15.30 y las 21.00 en puntos de depósito de residuos de toda la ciudad.

El programa también constará de una guía de sensibilización ciudadana que se distribuirá en todos los hogares y Oficinas de Atención Ciudadana. Además, debido a la gran demanda, se volverán a repartir bolsas de tres colores en los puntos verdes de la ciudad. Para complementar el programa, en noviembre se realizará una campaña para fomentar la recogida de materia orgánica, ya que a finales de 2009 se establecerá en toda la ciudad.

En Madrid las medidas pasan por las multas. Hasta con 750 euros se sancionarán a las comunidades de vecinos que no separen los residuos. Al no estar todavía en vigor no se puede decir si esta medida dará resultado.

Respetuosos con el medio ambiente

Los ciudadanos también pueden optar por ser más sostenibles en la ciudad. Pero en este capítulo con el coche hemos topado. Otro hito en la consolidación del concepto de sostenibilidad a nivel europeo ha sido la creación de la Red de las Ciudades sin Coches, que defiende una nueva cultura de movilidad ciudadana en el sentido que su nombre indica, y cuyas bases teóricas y viabilidad fueron sentadas por la investigación encargada en 1991 por la Comisión Europea. También la Campaña de Ciudades Europeas Sostenibles, con la firma de la Carta de Aalborg en 1994 y el Plan de Actuación de Lisboa en 1996, y la Declaración del Congreso de Hannover celebrado en marzo del 2000. A esta campaña están adheridas ya más de 600 autoridades locales europeas, de las que 160 son españolas. Una comunidad sostenible deberá integrar los aspectos ambientales, sociales, económicos y culturales, por lo que es evidente que uno de los capítulos importantes de la ciudad sostenible es el de la movilidad.

Las marcas de coches han comenzado a utilizar en sus publicidades mensajes ecologistas. Pero ¿existen los coche verdes? Reducir emisiones es prioritario, la contaminación atmosférica no sólo es evidente visualmente, sino también en las múltiples patologías que se agravan con ella. ¿Qué nos ofrecen las distintas marcas? La firma Seat, coches con emisiones iguales o inferiores a 120 gramos de CO2 por kilómetro. La firma automovilística italiana Fiat ha lanzado una versión del modelo Grande Punto propulsada por gas natural, que se suma a las ya existentes en los modelos Punto Classic, Panda, Multipla y Dobló. El Grande Punto de gas natural dispone de un motor 1.4 de 70 caballos que emite sólo 115 gramos de CO2 por kilómetro recorrido. Para facilitar su autonomía, el vehículo dispone de dos depósitos de combustible: el de gas, de 84 litros, y el de gasolina, de 45 litros, con lo que puede recorrer más de 1.000 kilómetros sin repostar. Además, las emisiones medias de su gama al completo se sitúan en 137,3 gramos por kilómetro.

La Comisión Europea quiere que ningún coche nuevo emita más de 120 gramos de CO2 por kilómetro a partir de 2012, frente a los 160 gramos actuales, de los que los fabricantes llegarían a 130 gramos con mejoras en la tecnología de los motores. Los 10 gramos adicionales se lograrían con el mayor uso de biocombustibles o avances en otras tecnologías no relacionadas directamente con los fabricantes. El uso de sistemas energéticos basados en el hidrógeno para el sector automovilístico podría reducir el consumo total de combustible en un 40% en el sector del transporte por carretera de aquí al 2050. Asimismo, la reducción de emisiones de CO2, atribuido a dicho sector, podría rebajarse a la mitad en 2050, según datos que maneja el Ejecutivo comunitario.

Pero ¿quién compra estos coches? A pesar de las posibles ayudas de las distintas administraciones, ¿no sería mejor dejarlos en casa y utilizar más el transporte público, el cual también debe ser más sostenible. Ya hay distintos sistema híbridos dentro del transporte. El parque de taxis de Barcelona es un ejemplo de ello. En total, 378 taxistas de la ciudad circulan con este tipo de tecnología, una cifra que tiene visos de crecer en los próximos años. De ellos, 198 circulan con vehículos de gas licuado del petróleo (GLP), 134 lo hacen con biodiésel, 10 disponen de gas natural vehicular y el resto (47) funcionan con una tecnología híbrida.

Otra apuesta son los coches eléctricos. BMW presentó el Mini E, en el Salón del Automóvil de París 2008, del cuál ya existen 500 unidades para ponerlas a prueba en Estados Unidos, con vistas a una posible futura comercialización. Debajo del capó de este coche de BMW se encuentra un motor con 204 CV de potencia, que se combina con una batería de ión-litio. Su funcionamiento conjunto ofrece una autonomía de 240 kilómetros, obteniendo una aceleración de 0 a 100 km/h en 8,5 segundos con una velocidad punta de 152 kilómetros por hora, limitada electrónicamente. Este Mini E cuenta con un sistema de deceleración avanzado, con el que es posible no hacer uso de los frenos en el 75% de los casos. Cuando se levanta el pie del acelerador, el motor se convierte en un generador de energía, frenando el coche y aprovechando la energía cinética para recargar las baterías. Distintos ayuntamientos experimentan con autobuses eléctricos y también con tecnología de pila de hidrógeno cuya emisión es vapor de agua lo que permite un aire limpio para todos.

La adaptación de la conducción hacia unos hábitos más eficientes per-mite un ahorro anual de 410 euros en el repostaje de gasolina o de gasóleo, según un estudio elaborado por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) sobre los métodos de ahorro en el uso del vehículo. La organización recomienda, para reducir el consumo de combustible, circular con una presión de neumáticos “adecuada”, puesto que por cada 0,1 bares de presión inferior a la recomendada se consume un 1% más de carburante, lo que supone al año (en unos 20.000 kilómetros) un gasto añadido de entre 80 y 100 euros.

Asimismo, la OCU recomienda a los conductores llevar a cabo un uso eficiente del vehículo. Esto conlleva cambiar de marcha cuando el motor esté entre 2.000 y 2.500 revoluciones por minuto, así como elegir la marcha más adecuada en cada ocasión o evitar arrancar de forma brusca. Los datos aportados por la OCU ponen de manifiesto que llevar a la práctica estos hábitos en la conducción durante unos 20.000 kilómetros supone un ahorro de unos 250 euros. La organización indica que circular respetando los límites de velocidad permite registrar un gran ahorro de combustible, ya que la diferencia entre circular en autopista a 120 o a 140 kilómetros por hora es de un 20% en el con-sumo de carburante. Así, resalta que un usuario que recorra 5.000 kilómetros por autopista ahorraría 80 euros anuales. Por último, recomienda a los conductores apagar el motor en paradas de más de un minuto de duración, así como usar la ventilación del automóvil en lugar del aire acondicionado y circular con las ventanillas subidas.

Ecosistema urbano

“Nosotras, ciudades, reconocemos que la sostenibilidad no es ni un sueño ni una situación inmutable, sino un proceso creativo local en pos del equilibrio que se extiende a todos los ámbitos de la toma de decisiones en este nivel. Permite un retorno de información permanente sobre las actividades que impulsan el ecosistema urbano hacia el equilibrio y aquellas que lo alejan de él. Al basar la gestión urbana en la información recogida a través de un proceso semejante, la ciudad aparece como un todo orgánico, haciéndose patentes los efectos de todas las actividades importantes. Mediante un proceso de este tipo, la ciudad y sus habitantes pueden elegir entre opciones con conocimiento de causa y un sistema de gestión cimentado en la sostenibilidad que permite tomar decisiones que no representan únicamente los intereses de las personas afectadas, sino también los de las generaciones futuras”. Así reza uno de los apartados de la carta que suscribieron la red de ciudades para ser sostenibles. El último ejemplo de ciudad sostenible sería la ecociudad de Sarriguren, cerca de Pamplona, que ha recibido el Premio Europeo de Urbanismo Sostenible 2008. En sus edificios, además de las instalaciones fotovoltaicas, la empresa de arquitectura bioclimática Miyabi ha desarrollado edificios donde sus fachadas de metacrilato serán interactivas. Mediante lamas móviles se puede regular la luz y la temperatura. En esta ciudad todos los edificios se rigen por una orientación eficiente. Los sistemas de recogida de basura contemplan el reciclado.

Plataformas ciudadana

No son muchas la ecociudades y los ecobarrios en España. Tal vez una nueva plataforma ciudadana los impulse. La plataforma ciudadana Coalición Clima, un movimiento que reúne a 24 organizaciones sociales y ambientales. Alertadas por la creciente dimensión del cambio climático, estas organizaciones han decidido aunar esfuerzos para dar una respuesta global a través de la concienciación ciudadana y la presión política. La sociedad civil, representada por organizaciones del ecologismo, el sindicalismo, la cooperación al de sarrollo, la ciencia e investigación y los consumidores, es consciente de que el cambio climático es uno de los mayores retos a los que se enfrenta la humanidad a corto plazo, porque amenaza las posibilidades de alcanzar un desarrollo humano y sostenible. Esta coalición se ha fijado el objetivo de ejercer presión política y sensibilización ciudadana. Para esta organización es necesario promover una ciudadanía activa que se movilice para exigir a los poderes públicos y privados la adopción de medidas eficaces y equitativas contra el cambio climático.


Educación ambiental

Desde hace más de 30 años, la Educación Ambiental ha sido
considerada como una herramienta estratégica en las políticas
ambientales. Así lo han entendido los diferentes organismos
internacionales y los sucesivos gobiernos españoles, que han
participado en innumerables reuniones sectoriales a nivel internacional,
organizado congresos y generado planes, programas
y recursos para impulsar este campo.

El Ministerio de Medio Ambiente, incluso, ha impulsado procesos
interautonómicos que desembocaron en la publicación del
Libro Blanco de la Educación Ambiental en España (MMA, 1999).
El Gobierno español ha firmado numerosos tratados y convenios
internacionales y europeos que le obligan y comprometen
a utilizar las herramientas sociales en el cumplimiento de sus
objetivos: Convenio de Aarhus, Convenio para la Conservación
de la Diversidad Biológica, Convenio de Ramsar para la Conservación
de los Humedales, Convenio de Estocolmo, Directiva
Marco de Aguas o el Protocolo de Kyoto, entre otros.

A pesar de ello, todavía queda un largo camino por recorrer, ya que hasta ahora la utilización de herramientas sociales en la
solución de problemas ambientales ha sido realizada de manera
tímida, deficiente y poco sistemática. Se puede afirmar que
existe una relación inversa entre la relevancia que se le concede
a la Educación Ambiental y los recursos humanos, económicos
y técnicos que realmente se destinan a su puesta en
práctica.

Sin embargo, la Educación Ambiental es una realidad y posee
un alto capital político y social gracias al esfuerzo de múltiples
organismos, asociaciones autonómicas y estatales de educadores
ambientales, organizaciones ecologistas, colectivos de
renovación pedagógica, fundaciones y profesionales de empresas
privadas y organismos públicos.

Ante nosotros tenemos algunos retos. Como dice Tim Flannery
en su libro La amenaza del cambio climático, “ahora sabemos
que somos los creadores del clima y que el futuro de la biodiversidad
y la civilización dependen de nuestros actos”. Ahora
tú decides.

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