El cine La industria de los sueños

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Desde que el cine comenzara como un experimento científico, en los albores de la Revolución Industrial, la evolución técnica y estética ha marcado la historia del séptimo arte. Se ha ido alimentando de todos los avances que la industria le ofrecía, para conseguir captar el interés de un público cada vez más y más exigente.

Desde que el cine comenzara como un experimento científico, en los albores de la Revolución Industrial, la evolu ción técnica y estética ha marcado la historia del séptimo arte. Se ha ido alimentado de todos los avances que la industria le ofrecía, para conseguir cap-tar el interés de un público cada vez más y más exigente.

El cine es el medio que permite crear espacios de ficción en los que el espectador se ve inmerso, y logra disfrutar con lo que sucede delante de sus ojos, en una pantalla de grandes dimensiones y con un soporte sonoro, que le hace vibrar con todo lo que pasa en la sala.

Con más de un siglo de existencia, resulta difícil hablar de películas sin entender que detrás de todos los cientos de miles de títulos, existe una industria muy activa, que es la que pone en marcha los mecanismos necesarios para la creación audiovisual; todo un entramado eléctrico, mecánico, químico, electrónico, tanto analógico como digital, que permite aprehender imágenes y sonidos, posteriormente tratados para finalmente ser exhibidos. Es así como lo que comenzó siendo un experimento científico, se convierte en un espectáculo de masas y alcanza las dimensiones apropiadas.

Entre otros muchos hitos de la indus tria cinematográfica hay que considerar los siguientes: cuando las salas se con virtieron en grandes coliseos; cuando el cine mudo pasa al sonoro; cuando surge el color; cuando la pantalla convencio nal evoluciona a sistemas de proyección como el Cinerama, Cinemascope o IMAX; cuando surge el sonido Dolby, el THX o el SDDS, y cuando la aplicación de la tecnología informática permite generar nuevas realidades que parecen predecir el futuro.

Estas transformaciones que ha sufrido el cine desde sus inicios fueron propiciadas por sus clientes habituales, por el progreso tecnológico y por el nacimiento de otros medios de comunicación, como la televisión, que marcaron los flujos de consumo de la sociedad de cada época.

Los pioneros de la creación cinematográfica no podían pensar, a finales del siglo XIX, que lo que ellos hacían llegaría a ser considerado un arte y que se convertiría, con el paso de los años, en una poderosa industria, y en uno de los negocios más importantes de los países desarrollados.

El cine es, sin duda, el medio de expresión más genuino del siglo XX. Desde sus orígenes, el séptimo arte se ha relacionado con todo tipo de vanguardias artísticas, movimientos culturales, circunstancias políticas y conflictos bélicos, que le han ayudado a crear sus propias gramática y sintaxis visuales, donde el sueño y la realidad no tienen fronteras.

EL CINEMATÓGRAFO

El cine, que comenzó siendo un experi mento tecnológico, pasa con el tiempo a convertirse en un espectáculo de masas. Este nuevo invento surge de la convergencia de una serie de progresos científicos que arrancan desde siglos atrás, a partir de aportaciones habidas en el campo de la física, la química, la óptica, de las cámaras y de los avances en la proyección de imágenes, tanto de aquéllas que pueden ser fijas –la fotografía– como de las que, por aplicación de ciertos mecanismos, consiguen dar sensación de movimiento.

Desde la teoría de la visión, impulsada por Johannes Kleper en 1602, hasta los inicios de la industria óptica, que consolida Joseph Fraunhofer en 1807, se confirma la posibilidad del uso de la cámara oscura que ya había anticipado Leonardo da Vinci. Estos estudiosos e inventores pusieron los cimientos para el desarrollo de las cámaras fotográficas.

En 1822, el inventor francés Joseph N. Niepce obtuvo la primera fotografía permanente, pero transcurrieron algunos años antes de que esa técnica resultara verdaderamente práctica. A finales del siglo XIX se socializó de tal manera, que un gran número de ciudadanos de todo el mundo disponía de cámara fotográfica.

La fotografía fue la que animó a pensar cómo se podía obtener una imagen en movimiento. En diversos países de Europa y Estados Unidos varios inventores, como Ètienne Jules Marey, Eadweard Muybridge, Thomas Edison, William K.L. Dickson y Auguste y Louis Lumière trabajaban en diferentes sistemas, que tenían como objetivo el visionado y la proyección de imágenes en movimiento.

En un principio, en la mayoría de los aparatos, el visionado de imágenes sólo se podía hacer de manera individual, como es el caso del kinetoscopio de Edison. El cine llega a ser una realidad cuando el 28 de diciembre de 1895, los hermanos Auguste y Louis Lumière organizaron la primera presentación pública del cinematógrafo –el cine–, en un pequeño salón proyectan las primeras imágenes, que causan sorpresa y hasta temor entre los espectadores presentes, alguno de los cuales, al ver La llegada del tren a la estación, creyó que se iba a salir de la pantalla, obligándolo a levantarse del asiento.

Tras la presentación en París, en otras muchas ciudades comienza a mostrarse este nuevo invento. En España, la primera proyección no se realizó hasta el 15 de mayo de 1896, ofrecida por un enviado de los hermanos Lumière en Madrid.

SALAS COMO COLISEOS

La fascinación del público por contemplar imágenes en movimiento convirtió al cine en un espectáculo de masas que, con el paso del tiempo, va adquiriendo más y más popularidad. El éxito de las exhibiciones origina una mayor demanda y se inicia la producción a gran escala de películas que, poco a poco, van aumentando el formato, al igual que mejora la historia que narran. Durante esta etapa los espectadores sentían predilección por las películas más sorprendentes, en las que se utilizan trucos y efectos, como Viaje a la Luna, realizada en 1902 por el mago francés George Méliès.

Al crecer la producción y existir una mayor oferta, se construyeron los primeros espacios específicos para la proyección de películas: las salas de cine. A partir de 1910 se fueron transformando en grandes y lujosos coliseos, que podían llegar a alcanzar aforos de tres mil butacas. Era la época en la que las películas tenían ya una duración aproximada de hora y media.

A lo largo de estos años, el cine se empieza a consolidar como un lenguaje específico, que se encargaron de ir definiendo los directores que trabajaron en el tránsito del siglo XIX al XX. En 1911, el teórico italiano Riccioto Canudo escribió su Manifiesto de las Siete Artes en el que señalaba al cine como el séptimo arte, y en el que pedía a productores y directores un mayor compromiso artístico en la realización de películas.

El paso más relevante hacia la consolidación de su propio lenguaje lo dio el director estadounidense David W. Griffith, quien tuvo la capacidad de organizar todas las aportaciones habidas hasta el momento, y concretarlas en dos películas que han pasado a la historia del cine como las más emblemáticas de la narración cinematográfica primitiva: El nacimiento de una nación (1915) e Intolerancia (1916).

LA MECA DEL CINE

En 1907, Estados Unidos descubre Hollywood como lugar de rodaje, y son muchas las empresas que comienzan a levantar allí sus estudios. Es el punto de partida de las pequeñas empresas que dan origen a los grandes estudios: Universal (1912), Paramount (1913), Warner Bros (1913), Metro-Goldwyn-Mayer (1924)…, algunas de las cuales aún existen. Estos estudios contaban con los mayores recursos tecnológicos y humanos. Así, el cine comienza a desarrollarse como una gran industria.

Hasta que estalla la Primera Guerra Mundial, la cinematografía europea era muy superior a la americana. A partir de este momento, las producciones en Europa se paralizan y los cineastas se trasladan a Estados Unidos, lo que contribuye a que la industria americana se desarrolle notablemente. En 1920, Estados Unidos ya se encontraba a la cabeza en la producción con 796 películas, mientras que Alemania produjo 646 y Francia 65. En este mismo año, el 80 % de las películas proyectadas en Europa, eran de producción estadounidense.

Esta situación se vio agravada, ya que durante el período de entreguerras, la migración hacia América continuó, tanto por la crisis económica como por los regímenes totalitarios instalados en Italia, Alemania y Rusia.

Tras la Primera Guerra Mundial, se potencia el cine comercial y aparece el Star System, con lo que los productores generan una mayor expectación al explotar la vida de sus actores. Se rodaron comedias de cine mudo, en las que destaca la figura de Charles Chaplin, un ejemplo de cine británico instalado en Hollywood. De su mano surgieron otros cómicos como Buster Keaton o Laurel & Hardy. Además del cine cómico, la industria estadounidense abordó temas concretos que dieron origen a los géneros cinematográficos: western, terror, melodrama, bélico…

DEL CINE MUDO AL SONORO

“Todavía no han visto nada”. Éstas fueron las primeras palabras que pronunció el actor Al Jolson en el film de Alan Crosland El cantor de jazz (1926), y las primeras que el público pudo escuchar en una película. Así es como nace el cine sonoro.

Este nuevo paso tecnológico influyó de manera determinante en la industria, en los profesionales que en ella trabajaban y en los planteamientos estéticos de las historias, obligando a una reestructuración de la industria que afectó, inevitablemente, a la comercialización de las películas en todo el mundo.

En un principio surgió una gran polémica suscitada entre las grandes productoras como la Warner, la Fox y otras empresas sobre el sistema de registro del sonido, lo que obligó a optar por un sistema estándar para evitar el caos en la industria. Finalmente se decidió que el más apropiado era el sonido óptico, ya que iba impreso en la misma película.

Los primeros afectados de esta gran revolución fueron los actores que, al no saber hablar a la cámara y no tener una voz apropiada, tuvieron que reducir sus gestos. Una de las figuras más reticentes a este cambio fue Charles Chaplin, del que son conocidas sus reiteradas quejas para incorporar el sonido en sus películas.

Los estudios afincados en Hollywood comenzaron a producir películas en varias versiones (idiomas), con el fin de comercializar cada una en su correspondiente país, sobre todo cuando la versión original con subtítulos fue rechazada por la mayoría de los países. Este sistema perduró durante unos años hasta que vieron que resultaba muy costoso. Fue el momento en que los productores decidieron adoptar el doblaje como opción más económica. Con el tiempo, se implantó definitivamente dicho procedimiento en casi todos los países, con lo que la obra original comenzó a tener versiones derivadas de la traducción realizada en cada país.

El sonido llegó a Europa mucho más tarde; los rusos fueron los primeros en incorporarlo, seguidos de los franceses e ingleses, y con mucho más retraso aparece en el cine español e italiano.

A finales de la década de 1930 y principios de la siguiente, la industria del cine llegó a su cúspide; es la época dorada del cine estadounidense, producciones como El mago de Hoz (1939), Lo que el viento se llevó (1939), ambas de Victor Fleming, o Ciudadano Kane (1940), de Orson Welles, que rompió muchos esquemas, tanto desde el punto de vista visual como narrativo; todas ellas son obras que forman parte de la historia del cine.

Aclamada como una de las películas más importantes de la historia del cine, Ciudadano Kane (1940), del jovencísimo Orson Welles (tenía sólo 25 años), cuenta desde varios puntos de vista la historia del ascenso y corrupción del magnate americano Charles Foster Kane, creado a semejanza del empresario editorial estadounidense William Randolph Hearst. La película marcó el inicio de una nueva estética cinematográfica y una nueva manera de narrar una historia en la pantalla.

LA LLEGADA DEL COLOR

Desde sus comienzos, el cine intentó llegar al color. Al principio, ya en 1896, se coloreaban manualmente fotograma a fotograma, a veces con cuatro colores distintos. La tarea era ardua por el tamaño reducido de los fotogramas y porque una película normal, de menos de un minuto empleaba unos mil fotogramas. En 1905 se acoplan al proceso de coloreado medios mecánicos, con un laborioso sistema que será utilizado hasta 1930.

La revolución del color en el cine la hizo la compañía Technicolor, fruto de los trabajos iniciados en 1914 por los ingenieros Herbert T. Kalmus, Daniel Frost Comstock y W.B. Westcott en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. En su primera edición se trataba de un sistema bicrómico de dos películas de colores complementarios, que mediante emulsiones se pegaban una a otra, produciendo por un lado, en una especie de gelatina, los colores rojo-anaranjados y, por otro, los verdes. Películas como Los diez mandamientos (1923) o Ben-Hur (1924) utilizaron este mecanismo para su coloración. Pero cuando se logró una película que no exigía pegar juntas las imágenes, sino que absorbía todos los colores, nació el verdadero Technicolor (1928).

El primer largometraje en verdadero technicolor fue La feria de la vanidad, de Rouben Mamoulian (1935). Aunque el color tocó todos los géneros, las películas musicales fueron las que más se beneficiaron. Los directores, en general, por cierto miedo al riesgo, pues el technicolor era un cincuenta por ciento más caro, siguieron hasta bien entrada la década de 1940 filmando mayoritariamente en blanco y negro.

No obstante, hay que citar algunos filmes conocidos que se rodaron en color en esa época como Robín de los Bosques, de Michael Curtiz y William Keighley (1938), que costó más de un millón y medio de dólares. La película, extrañamente, no tuvo éxito, lo que hizo temer más a los productores. Al mismo tiempo, Blancanieves y los siete enanitos (1937) estaba obteniendo una enorme acogida –aunque se cuenta que Walt Disney se arruinó con ella–, lo que animó a Selznick a filmar con grandes riesgos Lo que el viento se llevó, de Victor Fleming (1939).

La Segunda Guerra Mundial afectó gravemente a la industria del cine en color. Durante la guerra, la mayoría de los directores volvieron al blanco y negro. El color llegó a ser masivo en la década de 1950, buscando contrarrestar los efectos que la televisión producía sobre los espectadores.

LA TELEVISIÓN

“La televisión es maravillosa. No sólo nos produce dolor de cabeza, sino que, además, en su publicidad encontramos las pastillas que nos aliviarán” Bette Davis.

Probablemente esto es lo que debieron pensar muchos de los productores, que a partir de la década de 1950, son testigos de cómo el cine se ve afectado por un nuevo medio de comunicación, la televisión.

En 1948 la televisión empezó a instalarse en la mayoría de los hogares norteamericanos. En 1950, el número de televisores aumentó un 400 %, en tanto que el de personas que asistía al cine disminuyó en un 45 %. La televisión transformó al cine para siempre.

Al principio, los cines trataron de compensar las pérdidas por medio del aumento de sus precios de admisión, pero más de 4.000 salas se vieron obligadas a cerrar entre 1946 y 1956.

Afectado por la popularidad de la televisión, el cine comenzó a probar nuevas tecnologías para intentar captar el interés de los espectadores. El sector se fue adaptando a los nuevos medios y recursos técnicos que la industria del espectáculo iba demandando; la aparición de los nuevos formatos, por ejemplo el Cinerama, un nuevo y espectacular sistema de proyección, con una gran pantalla panorámica y curvada que cubría todo el campo visual del espectador. Algunas películas en cinerama fueron La vuelta al mundo en ochenta días, La carrera del siglo y La conquista del Oeste. Pero la complejidad técnica de este sistema y su altísimo coste hicieron que desapareciera totalmente unos años después. De hecho, Estados Unidos dejó de producir ese tipo de películas en 1966.

Al Cinerama le seguirán el Cinemas-cope, Vistavision y Panavision, nuevas técnicas que trataban de dar al espectador la sensación de “que estaba ahí”, algo que no podían obtener con el televisor.

A partir de la década de 1970 se aplican progresos en los sistemas de sonido como Dolby, THX, SDDS, etc. La primera película con sistema de sonido Dolby fue La naranja mecánica, de Stanley Kubrick (1970).

En la Exposición Mundial de Osaka en 1970, en el pabellón Fuji fue mostrada la tecnología IMAX, donde los espectadores que entraron a ver la película Tiger Child, quedaron cautivados por imágenes tan grandes y claras que parecían envolverlos. Es así como nace la empresa IMAX Corporation, una de las protagonistas fundamentales del cine de atracciones de la actualidad.

Fotograma de la película La naranja mecánica (1970), de Stanley Kubrick.

A finales del siglo XX, comienzan a rodarse películas en vídeo digital, Lars Von Trier en Bailando en la oscuridad (2000), hace uso de la cámara digital, llegando a utilizar más de 100 cámaras para filmar los números musicales.

La tecnología avanza tan rápido que está revolucionando el concepto creativo cinematográfico: películas como Shrek son claramente artificiales. La industria cinematográfica, para bien o para mal, está cambiando; los efectos especiales, algo que rara vez se muestra en televisión, son la vía mediante la cual el cine compite con la televisión por audiencia y dinero.

El experto en películas, Jason E. Squire, escribe:

“En su forma más simple, la película es el cambio de imágenes luminosas para ganar corazones en las salas oscuras. En su forma más compleja, es una inversión comercial masiva, una enorme empresa creativa que requiere la disciplina logística de los militares, los pronósticos financieros de la Reserva Federal y la tolerancia psicológica del clero, pero utilizado en privado a favor de la narración de una historia”.

En ningún otro negocio hay un solo ejemplo de un producto completamente creado con un gran capital de inversión, sin la seguridad de que el público lo compre. En ningún otro negocio el público usa el producto y luego se va, sólo con el recuerdo del mismo. En el sentido más real es una industria que se basa en los sueños.

Bibliografía

René Jeanne y Charles Ford. Historia ilustrada del cine (3) El cine de hoy. Alianza Editorial. Madrid. 1994.
David Hockney. El conocimiento secreto. Destino. 2001.
Varios autores. Catálogo de la exposición: Chris Cunningham, come to daddy. Velt Gömer – Hilke Wagner. Salamanca. 2004.

Internet

Ministerio de Educación y Ciencia: http://recursos.cnice.mec.es/media/cine/
Fundación Telefónica: www.fundacion.telefonica.com
www.monografias.com www.sitographics.com www.arqhys.com

UNA ARQUITECTURA DE LUCES Y SONIDOS

La técnica de cine consiste en hacer pasar ante nuestros ojos varias imágenes por segundo, dándonos así la ilusión del movimiento. En la operación de rodaje se impresiona la película virgen a la cadencia de 24 imágenes por segundo (16 en el cine mudo) y puede registrarse también el sonido en forma directa, aunque en algunas se prescinde del registro sonido, o se graba únicamente un sonido de referencia. Salvo rarísimas excepciones, la película no se rueda siguiendo la continuidad establecida en el guión, sino según convenga en cuestiones de economía y organización. La película que se impresiona cada día, es enviada al laboratorio para ser revelada, positivada y controlada directamente por el director, quien selecciona las tomas que le resultan más satisfactorias. Este material llamado copión, pasa a manos del montador, que es el encargado de eliminar los trazos inservibles y de restablecer, a partir de dicho material, la continuidad narrativa del guión en la llamada copia de trabajo, en la que se empalman ordenadamente los planos que la componen. Cuando la copia de trabajo es de la entera satisfacción del director, se pro-cede a sonorizarla, en caso de haber sido rodada sin sonido, o a montar la banda sonora, en caso contrario, en sincronía con la película montada. Para la sonorización se emplean tres bandas sonoras independientes, correspondientes a las grabaciones de diálogos, música y efectos sonoros respectivamente, que el ingeniero de sonido funde en una banda única mediante la operación de mezcla. A partir de la copia positiva montada se establece idéntica continuidad con la película negativa correspondiente, y de esta película negativa así montada, se tiran las copias positivas para la explotación, que llevan incorporadas en el mismo soporte los fotogramas y la banda óptica de sonido.

Algunas películas representativas

1895 La llegada del tren a la estación. Hermanos Lumière. Francia.
Primera película presentada en público.

1902 Viaje a la Luna. George Méliès. Francia.
Una de las primeras películas trucadas.

1914 El nacimiento de una nación. D.W. Griffith. EE.UU.
Película histórica.

1922 Nanook el esquimal. R.E. Flaherty. EE.UU. Documental artístico.

1923 Greed. Erich von Stroheim. EE.UU.
La proyección de esta película duraba 10 horas.

1925 El acorazado Potemkin. Sergie Eisenstein. U.R.S.S.
Nuevos enfoques con la cámara.

1925 La quimera del oro. Charles Chaplin. EE.UU.
Primera película de Charles Chaplin.

1926 El cantor de jazz. Alan Crosland. EE.UU.
Primera película sonora.

1928 El perro andaluz. Luis Buñuel. España. Surrealismo.

1937 Blancanieves y los siete enanitos. Walt Disney. EE.UU.
Primer dibujo animado en largometraje.

1939 Lo que el viento se llevó. Victor Fleming. EE.UU. Uso del color.

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