Eficiencia energética en edificios

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Más del 40% del consumo de energía en la Unión Europea tiene lugar en los edificios. Además, los sistemas climatizadores de los inmuebles son, después del transporte, los que más contaminan el aire en Europa. Acabar con esta tendencia ha sido, precisamente, el objetivo de las dos iniciativas puestas en marcha a lo largo de este año por las autoridades comunitarias y españolas. El reto pasa por fomentar el ahorro de energía y reducir las emisiones de dióxido de carbono. La clave, seguramente, por conseguir que cambien los actuales hábitos de consumo.

Frecuentemente, cuando se habla o se escribe de temas como ahorro de energía, eficiencia energética o impacto ambiental de la producción y uso de la energía, muchos de nosotros tendemos a pensar únicamente en la generación de electricidad a gran escala y en las aplicaciones industriales de la misma. Sabemos, sin embargo, que es en otros sectores, especialmente en el transporte y en el residencial y terciario, donde los esfuerzos por consumir menos energía, y una energía con un menor impacto ambiental, son más necesarios que en la propia industria. En primer lugar, por el gran peso específico de estos subsectores en el consumo total de energía y, en segundo lugar, porque mientras que en la industria se han implantado ya con razonable éxito estrategias y prácticas de eficiencia energética, es precisamente en los ámbitos del transporte y usos diversos donde todavía queda mucho camino por recorrer.

Pero, ¿qué es la eficiencia energética? Aunque a priori se puede pensar que este es un concepto que se explica por sí solo y que, en consecuencia, su alcance está claramente delimitado, la realidad demuestra sin embargo que se trata de un término polivalente, sobre el que incluso los expertos encuentran dificultades para ponerse de acuerdo a la hora de establecer indicadores específicos de eficiencia energética. Generalmente, se ha tendido así a sobredimensionar la componente tecnológica de la eficiencia que, con ser importante, no siempre es su principal elemento, ya que hay otros, como los cambios de comportamiento en el uso de la energía o modificaciones de índole económica, que también desempeñan su papel.

Intensidad energética

En cualquier caso, y al objeto de poder cuantificar, o al menos hacerse una idea aproximada de la evolución de la eficiencia energética, se suele utilizar un indicador: la intensidad energética. Ésta viene definida como el consumo de energía, primaria o final, por unidad de Producto Interior Bruto (PIB) o, dicho de otro modo, el valor medio de la cantidad de energía necesaria para generar una unidad de riqueza. Así, una evolución decreciente de este indicador implicaría un consumo medio menor de energía para generar cada unidad de riqueza y, por lo tanto, se podría interpretar como un incremento en la eficiencia energética global del sistema analizado.

En este sentido, y según el informe del Ministerio de Economía “La energía en España 2001″, en nuestro país la intensidad energética primaria (consumo de energía primaria por unidad de PIB) sigue una tendencia creciente, con un incremento acumulado del 4,7% desde 1990. Un dato que contrasta claramente con la evolución media seguida por este índice en la UE, que con una tendencia contraria registra un decremento del 9,6% en igual periodo. Sin embargo, calculada esta intensidad a paridad de compra –es decir, corregido el indicador por el poder adquisitivo medio de la UE– la intensidad primaria española casi alcanza la media europea en el año 2000 y mantiene una clara línea convergente que hace pensar que el indicador nacional supere al comunitario en un corto plazo de tiempo.

En el caso de la intensidad energética final, el citado informe refleja que las tendencias registradas son igualmente crecientes en el caso español y decrecientes en la UE. Así, desde 1990 nuestro país acumula un incremento del 3,6% hasta 2000, mientras que la UE reduce este índice en un 8,6%. Al final del periodo analizada la intensidad final española a paridad de compra también se aproxima a la media europea.

Ahorrar en el consumo

Por otra parte, si además tenemos en cuenta que todos los expertos señalan que es muy difícil parar la creciente demanda de energía en Europa (España consume hoy más del doble de energía que en 1975), parece claro que la única solución para garantizar el abastecimiento, propiciando al mismo tiempo un desarrollo sostenible que no hipoteque nuestra sociedad y nuestro medio ambiente, es ahorrar en el consumo y, de manera significativa, en los edificios, donde tiene lugar más del 40% del consumo de la energía, en su mayoría en calefacción, agua caliente, refrigeración y alumbrado

Precisamente fue esta necesidad cada vez más acuciante de ahorrar energía en el sector de los edificios, junto a los imperativos medioambientales impuestos por el Protocolo de Kioto de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y la excesiva dependencia energética que presentan los países de la Unión Europea, especialmente grave en el caso de España –nuestro país importa más del 75% de la energía primaria que utiliza frente al 50% de media de la UE, cifra ya de por sí considerada elevada por las instituciones comunitarias–, los motivos que llevaron al Consejo Europeo a dar luz verde a finales del pasado año a la Directiva 2002/91/CE, relativa a la eficiencia energética de los edificios.

La directiva europea

El objetivo de esta iniciativa legislativa, publicada en el Diario Oficial de la Comunidad Europea el pasado 4 de enero de 2003, es mejorar el rendimiento energético tanto de los edificios existentes como de nueva construcción ya que, según Bruselas, si esta norma se aplica de forma óptima en todos los Estados miembros se podría reducir en un 22% el consumo energético de los inmuebles y, por tanto, también generar menos emisiones de dióxido de carbono.

LA ESTRATEGIA DE AHORRO Y EFICIENCIA ENERGÉTICA 2004-2012 PREVÉ REDUCIR LA FACTURA ENERGÉTICA EN 12.853 MILLONES DE EUROS

Esta normativa, que deberá ser aplicable en España –a través de las correspondientes normas de trasposición– antes del 4 de enero de 2006, regula la aplicación, salvo excepciones tasadas, de una serie de requisitos mínimos revisables cada cinco años de eficiencia energética de los edificios nuevos y de los ya existentes de más de 1.000 metros cuadrados de superficie útil total que sean objeto de reformas importantes.

Así mismo, esta directiva establece un control regular de las calderas y los sistemas centrales de climatización en los edificios –los elementos que después del transporte más contaminan el aire en Europa–, así como la evaluación de las instalaciones de calefacción cuyas calderas tengan más de quince años de antigüedad.

Todo ello deberá realizarse teniendo en cuenta las condiciones climáticas externas, las particularidades locales, los requisitos ambientales interiores y la relación coste-eficacia ya apuntada en las disposiciones del anterior programa comunitario SAVE de 1993 relativas a los edificios.

El cumplimiento de estas normas mínimas de rendimiento que demuestren que el uso de la energía es racional quedará patente en un certificado de eficiencia energética que podrá exigirse a todos los edificios de viviendas o del sector terciario (oficinas, hoteles, restaurantes, escuelas, hospitales…), cuya validez no excederá de diez años.

Su influencia en los precios

Sin embargo, a nadie se le escapa, ni tampoco a las autoridades comunitarias, que esta directiva tendrá un impacto sobre el precio final de la vivienda. En primer lugar, porque el ritmo de sustitución de los edificios es muy bajo (su duración puede ir desde 50 a 100 años o más), lo que implica que mejorar la eficacia en los inmuebles ya existentes exigirá inversiones con la consiguiente subida de los precios. Y en segundo, porque los propietarios podrán utilizar este certificado de rendimiento energético como un argumento muy atractivo para negociar un mayor precio en el alquiler o la venta de una parte o la totalidad del inmueble.

Aunque no hay estimaciones ni del coste ni del efecto sobre los precios de esta normativa, los responsables comunitarios aseguran que experiencias puestas ya en marcha, como la de Dinamarca, ha demostrado que es mucho más barato acondicionar bien un edificio que seguir pagando la energía extra que consumiría de no verificar las instalaciones (en Dinamarca, único país donde existe un sistema obligatorio similar al aprobado por la UE, un estudio realizado sobre una muestra de 160.000 casas permitió comprobar que, con medidas que habían costado unos 25 millones de euros, se consiguieron ahorros energéticos de hasta 125 millones. Estas medidas y estos ahorros, según Bruselas, se han traducido para los consumidores en una reducción de los costes por energía de unos 20 millones de euros anuales).

La eficiencia energética en España

En el caso de España, la aplicación de esta directiva comunitaria se ha visto recientemente completada con la elaboración de la Estrategia de Ahorro y Eficiencia Energética 2004-2012, un plan aprobado por el Gobierno a finales del pasado mes de noviembre que permitirá reducir la factura de energía al final de periodo en 12.853 millones de euros, cifra equivalente al petróleo importado en la actualidad por nuestro país durante un año.

Según el Ministerio de Economía, estos ahorros, derivados de una reducción de la intensidad energética del 7,2%, serán consecuencia tanto del desarrollo tecnológico como de medidas de las administraciones y sectores productivos para fomentar el ahorro energético. La aplicación de este plan tendrá un coste de 26.108 millones de euros, de los que algo más de 24.000 serán asumidos por la iniciativa privada y los 2.000 restantes corresponderán a ayudas públicas.

El Ministerio destaca que si bien en esta Estrategia se describen medidas cuyos costes de inversión por ktep ahorrada superan los 13.000 euros, las dos terceras partes del potencial de ahorro anual se alcanzan con medidas que no llegan a los 3.000 euros por ktep. Así, se estima que a partir de su puesta en operación se obtendrá un ahorro anual en energía final de 9.882 ktep y de 15.574 ktep de energía primaria, lo que supondrá para los sectores demandantes de energía un ahorro de más de 2.800 millones de euros anuales.

El ahorro acumulado durante el periodo 2004-2012 alcanzará los 41.989 ktep en energía final y los 69.959 en energía primaria, lo que representa aproximadamente el 50% de la energía final y primaria consumida en 2002.

Su aplicación en edificios

El documento aprobado recoge que la mayor inversión asociada y el mayor coste asociado corresponderán a la edificación, sector que absorbe más de la mitad de los valores totales de ambas variables. El ahorro estimado en la edificación será de 6.811 ktep, lo que supone más del 16% del ahorro acumulado total.

Según este plan, en España el parque edificatorio estaba constituido en el año 2000 por 1.213 millones de metros cuadrados destinados a primera vivienda. Los metros cuadrados construidos en el periodo 1990-2000 fueron de 511 millones en el sector doméstico y 30,2 millones en el sector terciario. Las medidas analizadas para establecer el potencial ahorro energético en la edificación se han agrupado en dos bloques: las dirigidas a los edificios existentes y las que afectan a las nuevas construcciones. En el primer caso, las medidas propuestas afectan a la envolvente edificatoria, a las instalaciones térmicas y a la iluminación, mientras que las recogidas en el segundo apartado responden, fundamentalmente, a las nuevas directrices que marca la citada directiva comunitaria sobre eficiencia energética en edificios.

Así, en los edificios existentes, las acciones contenidas sobre la envolvente edificatoria alcanzarán en la Estrategia al 5% del parque, lo que supondrá actuar sobre 91 millones de metros cuadrados, mientras que las medidas sobre instalaciones térmicas se extenderán, por su parte, a la mitas de las calderas y grupos de frío que hay en la actualidad. Estas medidas, junto con la introducción de lámparas de bajo consumo, conllevarán una inversión de 8.332 millones de euros e implicarán un ahorro energético anual de 1.049 ktep. Por su lado, la aplicación de la directiva de la UE a los nuevos edificios supondrá, según el Ministerio, una inversión asociada de 5.505 millones de euros y un ahorro de energía de 679 ktep al año.

Críticas al plan

Esta Estrategia de ahorro y eficiencia energética ha sido, sin embargo, criticada por diferentes asociaciones ecologistas y sindicatos que, además de denunciar, en el caso de los primeros, su exclusión en el proceso seguido para su elaboración, aseguran que su puesta en marcha no va a suponer un cambio de tendencia en el consumo energético de nuestro país.

Para estas organizaciones, la inversión pública que prevé el plan es muy escasa y poco ambiciosa, ya que, en su opinión, apenas llega a los 210 millones de euros anuales, que es lo que cuesta, aseguran, construir 17 kilómetros de autovía. Greenpeace entiende que para cumplir con la reducción de dióxido de carbono a la que obliga Kioto la Estrategia debería incluir otras medidas, como son la inclusión de programas de gestión de la demanda que cuenten con financiación estable procedente de las tarifas eléctricas, subvenciones públicas para la sustitución de los calentadores eléctricos de agua por colectores solares térmicos, o la obligación de instalar equipos solares térmicos para producir el agua caliente sanitaria en todas las nuevas construcciones o reformas de edificios, entre otras.

Hábitos de ahorro de energía

Pero además de estas medidas legislativas impulsadas por las administraciones comunitaria o española para fomentar la eficiencia energética en los edificios, parece claro que, al menos en el caso de España, también se hace necesario un profundo cambio en los hábitos de consumo de los españoles.

Según refleja un reciente estudio realizado por el grupo Conseur, al que pertenece la organización de Consumidores y Usuarios (OCU), en España, Bélgica, Italia y Portugal, muchas de las prácticas cotidianas que realizamos en nuestras viviendas distan mucho de lo aconsejable para ahorrar energía.

Así, este estudio destaca que una cuarta parte de los hogares mantiene la temperatura de la calefacción por encima de los 22 grados, la mayoría no utilizan lámparas de bajo consumo o desconoce la clasificación energética de sus electrodomésticos, y dos de cada diez españoles reconoce que no siempre apaga la luz al salir de una habitación.

Las familias españolas gastan al año una media de 540 euros en electricidad y 372 euros en gas, una cifra que se abulta en invierno, cuando los rigores del clima obligan a las calefacciones a funcionar a pleno rendimiento durante horas, apetece que el agua de la ducha sea más caliente y las luces se encienden a partir de las seis de la tarde.

Según publicó la OCU en el último número de la revista Compra maestra, un 25% de los hogares en nuestro país mantiene una temperatura de más de 22 grados, cuando no es necesario que superen los 20. Esa diferencia de dos grados puede suponer un ahorro en torno a un 10% en el recibo del gas o la luz. Además, apagar la calefacción o bajar el termostato hasta 16 grados durante la noche significa un ahorro de un 13 % y de un 24% si se mantiene ese nivel cuando no hay nadie en casa.

Para empezar, los electrodomésticos también pueden contribuir al ahorro de energía si se eligen los más eficientes, un concepto que designa la capacidad de un aparato para funcionar con menor consumo y mejor aprovechamiento. Esta eficiencia viene indicada en las etiquetas energéticas, que atribuyen una letra a cada nivel de consumo: la A corresponde a los electrodomésticos de menor consumo, seguida de la B, C, D y E, letra ésta que significa que el electrodoméstico absorbe un 55 % más energía que uno de clase A (la Estrategia de Ahorro y Eficiencia Energética quiere que estos electrodomésticos de alta eficiencia energética alcancen en 2012 una cota de mercado del 40%).

También se puede ahorrar en el agua caliente con un gesto tan sencillo como apagar la llama piloto del calentador cuando no se hace uso de él u optando por un calentador que no tenga ese dispositivo.

Las lámparas de bajo consumo constituyen, igualmente, una excelente herramienta para adelgazar el recibo de la luz, pero sin embargo sólo se utilizan en un 3% de los hogares. A pesar de que la bombilla de bajo consumo reduce un 80% el consumo de energía y aguanta 10.00 horas de funcionamiento frente a las 1.500 de una normal, el estudio de Conseur refleja que más de uno de cada tres encuestados esgrimió para no utilizarlas que no querían hacer el esfuerzo de comprarlas o cambiarlas, mientras que el 27% aseguró que no servían para las lámparas que tenían y un 19% apuntó a que eran más caras.

Otras fórmulas para reducir la factura energética son contratar la potencia que más se ajusta a las necesidades de cada usuario o desconectar la televisión, ya que al apagarla sólo con el mando a distancia consume unos 15 vatios de potencia por hora, o utilizar la lavadora con agua fría, ya que el 90% del consumo de este electrodoméstico es para calentar el agua.

En el capítulo del aislamiento de las casas, uno de cada tres de los preguntados en el citado estudio afirmó que sus muros están equipados con un material aislante térmico, pero un 22% ignora si sus muros están bien aislados. En este apartado, la OCU afirma que no estaría de más que los detalles sobre los estándares de las normas de aislamiento que deben cumplir las viviendas aparecieran en las memorias de calidades de las constructoras.

Y es que, tal y como también aconseja el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), reducir el consumo energético está al alcance de todos. Basta proponérselo.


INTERNET


Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía

http://www.idae.es
Este organismo, adscrito al Ministerio de Ciencia y Tecnología, tiene
como finalidad promover
la eficiencia energética, el
uso racional de la energía,
la diversificación de las
fuentes de energía y la
promoción de las energías
renovables, a través de
acciones de difusión,
asesoramiento técnico y
desarrollo de proyectos de
innovación.

Centro de Investigaciones Energéticas Medioambientales
y Tecnológicas

http://www.ciemat.es
Los principales objetivos
de este centro público de
investigación y desarrollo son
aportar soluciones para
mejorar los sistemas de
generación de energía y la
utilización de recursos, desarrollar
fuentes de energía
alternativas y resolver problemas
de las empresas
españolas realacionados con la energía y su repercusión en el medio
ambiente. Destaca la información sobre proyectos de I+D, las noticias, una
base de datos de publicaciones, cursos, convocatorias y actividades.

Institut Català de l’Energia

http://www.icaen.es
Entidad dependiente del Departamento de Industria, Comercio y Turismo
de la Generalitat de Cataluña. Impulsa la realización de proyectos de innovación
tecnológica tanto en el sector industrial como en el terciario. Principalmente
trata temas de eficiencia energética y ahorro de energía.

Otros sitios de interés

http://www. cener.com/arquitecturabioclimatica.htm

Departamento del Centro Nacional de Energías Renovables para impulsar
una arquitectura y un urbanismo más sostenible. Informa sobre ahorro energético
en la edificación y materiales energéticamente eficientes, entre otros.

http://www.cne.es

Web de la Comisión Nacional de la Energía.

http://www. enerclub.es

Web del Club Español de la Energía. Su actividad gira alrededor de la gestión
del conocimiento energético, la formación especializada y sectorializada,
las publicaciones y la difusión on line.

http://www.weea.org

Página de la World Energy Efficiency Association, un organismo sin
ánimo de lucro dedicado a la promoción de la eficiencia energética.

http://www.newbuildings.org

Instituto norteamericano de disufión para profesionales de la construcción
sobre el uso eficiente de la energía en los edificios.

http://www.arch.hku.hk/research/BEER/

Proyecto del departamento de arquitectura de la Universidad de Hong
Kong dedicado a la investigación de recursos sobre eficiencia energética
en el ámbito de la edificación.

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