Comunicar la ciencia y la técnica en la red

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En pocos años, internet ha cambiado profundamente el panorama de la información y la divulgación de la ciencia y la tecnología a nivel global. El factor clave, el que le ha dado la vuelta a todo este panorama, es el mismo desde que apareció la red: la gente, o lo que vulgarmente se conoce como “usuarios”. En cinco años, internet ha pasado de unos 100 millones de internautas a más de mil millones.

En julio de 2001, se celebró en Barcelona la 20ª Asamblea General del Consejo Internacional de Museos (ICOM en sus siglas inglesas). 2001 es un año crucial en la cronología digital. La explosión de la famosa burbuja de las puntocom arrasó con los ahorros de millones de personas y ni el más distraído de este planeta pasaba de largo cuando se mencionaba la palabreja mágica: Internet. Sin embargo, a pesar de toda la agitación que ya estaba causando la Red, ésta no jugó un papel importante en aquel encuentro al que acudieron museos de todo el mundo y de todas las temáticas imaginables. De hecho, a mí me tocó presentar la ponencia magistral sobre “Internet y los museos” ante una audiencia más bien escasa, aunque, eso sí, muy interesada.

Había aspectos muy curiosos en la actitud distante hacia la Red de entidades que se mueven con tanta facilidad en el ámbito de representaciones virtuales a partir de objetos, cuando precisamente Internet aparecía como la cúspide de la plasmación de los entornos virtuales. Uno era la indiferencia de los museos de ciencia quienes, supuestamente, deberían tener una actitud más calurosa hacia esta nueva tecnología como cuestión de oficio propio. El otro, por citar sólo dos, era el discurso multimedia como sucedáneo del “ruido de fondo” de la Red. Todo museo que se preciara tenía una política de incorporación de nuevas tecnologías (así, sin apellidarlas, ni como tecnologías de la información, ni de la comunicación) la cual se concretaba, en primer y por lo general único lugar, en elaborar un CD con catálogos, fotos de colecciones, alguna documentación histórica, etc.

La expansión de internet

Cuando hoy miramos este paisaje, y apenas han pasado seis años, ya no queda nada de aquel erial digital. Si hoy se repitiera la asamblea de museos, lo difícil sería centrar las discusiones sólo en lo tangible y tratar de contener la impetuosa de lo virtual. Ahora, la museística, sin la red, es una aventura sin propósito. Y en el caso de la ciencia, un despropósito.

¿Qué ha sucedido? La respuesta de los tecnólogos es meridiana: como siempre, su argumentación se dirige a los cambios en las tecnologías, la aparición de nuevas aplicaciones, la expansión de la Red y de las redes que se montan sobre ella, el de sarrollo de sistemas informáticos que simplifican lo que antes eran tareas imposibles para el neófito, la irrupción de la comunicación audiovisual con todas sus implicaciones, el aumento de los puntos de acceso y el amplio abanico de ofertas de las operadoras de telecomunicaciones y un largo etcétera. Todo ello, qué duda cabe, ha contribuido de manera de cisiva a que Internet haya comenzado a inmiscuirse en la política de comunicación de los museos, en general, y de los de la ciencia, en particular.

Pero el factor clave, el que le ha dado la vuelta a todo este panorama, es el mismo desde que apareció la Red: la gente, o lo que vulgarmente se conoce como “usuarios”. En cinco años, Internet ha pasado de unos 100 millones de internautas a más de mil millones. Además, los mapas de la población internauta han comenzado a variar sustancialmente, desplegándose sobre zonas del globo que muchos expertos creían que tardarían años, si no décadas, en llegar a la Red. A las zonas geográficas se han unido progresivamente y de manera arrolladora e incesante regiones del conocimiento y la información, registros históricos y actuales en los más diversos campos del saber que apenas habían trascendido hasta ahora las fronteras locales. Internet no es ya sólo lo que se definía hace años como el ciberespacio, el lugar de las redes digitales sostenidas por ordenadores interconectados, sino que ha creado y expandido un espacio nuevo, propio, con una dinámica que vive una relación sincopada y no siempre fácilmente comprensible con el mundo real. Las dimensiones de ambos no son ni remotamente miméticas, y ésta es una propiedad con la que no vivimos fácilmente.

Ser digital, sin saberlo

Lo que quizá no se comprendía es que, a diferencia del teléfono, en la Red no hay que estar para estar. Se puede llegar a ella de muchas maneras, incluso sin acceder nunca directamente a su información, ni para publicarla ni para consultarla. Los miembros de una caravana de bereberes posiblemente no se interesarán por Internet (es un suponer, porque lo más seguro es que nos llevaríamos una sorpresa si supiéramos de sus hábitos en el ciberespacio). Pero ahora hay miles de “usuarios” que meterán a la caravana en la red y la harán circular desde múltiples puntos de vista, los cuales incluirán, por supuesto, aspectos antropológicos, socio-culturales, artísticos, históricos, gastronómicos, artesanales, etc. Todo, ricamente aderezado con audiovisuales de todo tipo de corte y confección. Dicho de otra manera, ahora, desde miles de lugares diferentes se va confeccionando un rompecabezas inacabable que coloca al dispositivo conectado a la Red en el centro de un sistema que sirve sin cesar suficiente información audiovisual para bucear en los vericuetos más sorprendentes de las ciencias, sean exactas o sociales.

Lo podríamos explicar desde un punto de vista fenicio para ser más claros. Si de mil millones de internautas suponemos que sólo un 2% genera contenidos relacionados con la ciencia y la tecnología, estamos hablando de una plantilla imposible de reunir por todos los museos de ciencia, y sucedáneos, del mundo. Si además añadimos que parte de las plantillas de estos museos han emprendido el camino del ciberespacio porque ya no se comprenden a sí mismos sin estar en él, entonces comenzamos a entrever la importancia de esta dinámica de población aplicada a rescatar, inventar, empaquetar y diseminar productos relacionados con la ciencia y la tecnología.

Preservar el pasado e imaginar el futuro

Lógicamente, hay diferencias cualitativas entre ambas “plantillas”, pero desde el punto de vista de los resultados y, sobre todo, de la reactivación de procesos de generación de contenidos que provocan dichos resultados, las diferencias no son tan considerables. Los internautas son gente atrevida que, como muestran por doquier, incluso se ponen a competir directamente con las actividades de algunos museos para mostrar que lo pueden hacer mejor y, sobre todo, con una concepción más depurada del valor intrínseco de las interacciones con potenciales aliados en la red.

Éste es el caldo de cultivo esencial que ha modificado sustancialmente el papel tradicional de la museística científica en la Red. Donde antes prevalecía hasta cierto punto la actividad de la institución centrada en sus propias instalaciones –presencia física–, cuyo objetivo era la preservación de un pasado encarnado en objetos, instrumentos y procesos, ahora predomina un flujo de información que establece un extraño hilo de continuidad entre lo histórico, lo actual y lo que aún no ha sucedido. Y los protagonistas de estos procesos recorren una escala insólita: desde el individuo curioso, hasta el profesional o la institución depositaria oficialmente del saber suficiente como para “comunicar” ciencia. Esto ha convertido a esta actividad en una especie de batiburrillo donde coinciden desde la capa más sublime e innovadora, hasta la más chapucera y básica. Entre medio, en este bocadillo digital, cocinado y sazonado en gran medida por las nuevas aplicaciones, por la web social, por los blogs, por los grandes centros de encuentro y organización de relaciones, por la irrupción de Internet en todo tipo de institución, desde la educativa a la meramente turística, nos encontramos con una visión de la ciencia de la que la humanidad jamás ha disfrutado. Una visión compactada del pasado, el presente y el futuro de la ciencia como investigación, como diseminación de resultados, como historia viva que contextualiza dichos resultados, como tradición y actualidad, y como proyección de sociedades diferentes y diversas que se muestran y exhiben… como en un museo.

Biodiversidad

Junto con la aglomeración, se ha intensificado la diversificación. Éste es quizá el concepto decisivo que va unido a este nuevo territorio de la información y el conocimiento. Los museos de ciencia han abierto sus puertas digitales y han expandido servicios, exhibiciones virtuales, así como su documentación digital. Pero la vasta mayoría aún permanece anclada en sus actividades enfocadas de manera tradicional, donde reina la dinámica de sus colecciones. Algunas de estas instituciones, las más audaces, se han propuesto trasponer los límites físicos para expandir el contenido temático y relacionarlo con el gran tapiz digital y así atraer a más visitantes a través de Internet.

Esta actividad de liderazgo, que antes les correspondía casi por derecho propio, ahora deben compartirla con la multitud de nuevos centros emisores de información y de empresas que rellenan los huecos en unos casos, en otros directamente los abren y, en definitiva, en muchos otros completan y complementan las nuevas interacciones entre ciencia y ciudadanía, entre comunicación social de la ciencia y la tecnología y la propia actividad científica.

Hoy ya no hay tema que pueda descansar en la discreción de una sala. El tema lo es en la medida en que se lo pueda recomponer constantemente desde el punto de vista de sus protagonistas, de su época, de su proyección actual, de su carga de futuro y de sus interrelaciones con múltiples áreas del conocimiento. Desde este punto de vista, la museística de la ciencia se ha convertido gracias a la Red en una especie de certificación de la omnipresencia de la ciencia y la tecnología en la deriva de nuestras sociedades.

En España, en pocos años han aparecido numerosas empresas que son el fruto reconocible de esta nueva generación de emprendedores de la ciencia. Son muchas y muy distintas, lo que es casi imposible establecer un perfil sencillo y simple de ellas.

Pero algunas sintetizan en gran medida las nuevas tendencias, como es el caso, por ejemplo, de Pendulum. Esta pequeña empresa abarca desde el mundo de la réplica donde abundan herramientas, instrumentos, equipos y objetos que ya han conquistado un lugar inamovible en el imaginario científico de nuestras sociedades, hasta la nueva museística de la ciencia, inventando formas de exponer ideas y conocimientos, así como maneras de congregar y divertir sin rebajar la intensidad del entusiasmo y la sorpresa. Uno de sus trabajos, donde se produce el cruce que hemos mencionado entre lo tangible y lo virtual, entre el pasado, el presente y el futuro, es el Parque de las Percepciones en Terrassa, donde el visitante es de safiado en un juego donde lo real y lo supuesto irreal conforman un entorno siempre sorprendente que halla su complemento “natural” en la Red.

Internet también ha inaugurado el museo de la ciencia abierto las 24 horas y los 365 días del año. Lo más importante, sin embargo, es que esta apertura total apunta hacia el desarrollo de contenidos globales donde se crean y recrean redes sin principio ni fin, desde los usuarios hasta las instituciones, desde los centros de investigación hasta las entidades preocupadas por el desarrollo científico, desde la curiosidad hasta el conocimiento. La política antidiluviana de las instituciones de referencia, como era ofrecer información básica, presentar sus contenidos y complementar las actividades del museo con alguna actividad extra-muros, ahora se ve tensionada por la Red que empuja hacia una especie de más allá y hacia el infinito.

Acceso a los museos

Desde la página de Tryscience, por ejemplo, se puede acceder prácticamente a todos los museos de ciencia del mundo. Ésa es la parte institucional. La otra, la prohijada por el famoso lema “Prohibido no tocar”, incursiona en los experimentos, en las narraciones con finales inciertos y que exigen al internauta una cierta inmersión en la cultura científica, en los módulos que pueden usar colegios y niños de todo el planeta…

Aunque las instituciones sigan defendiendo el valor innegable de las estructuras físicas que les sirven de soporte y avalan su presencia y prestigio social, los equipamientos culturales virtuales se desparraman por doquier, dentro y fuera de la Red, sin que apenas percibamos el cambio.

Ésa es la mejor prueba de la apropiación social de una tecnología: cuando ésta tiende a desaparecer tras el escenario de fondo del paisaje que estamos construyendo. Y eso es lo que está sucediendo en gran medida con la ciencia y la tecnología en cuanto fenómenos de comunicación social: Internet se ha convertido en una especie de lecho natural donde encontramos la información y el conocimiento sobre el pasado, el presente y el futuro del quehacer científico y tecnológico.


PISTAS EN LA RED


Panoptics

http://www.panopticsl.com
Elabora guiones y contenidos para centros de interpretación, como el
de la Batalla del Ebro, donde se combina la museística tradicional con
productos multimedia, narraciones, infografías en 3D, recorridos en realidad
virtual y lo que comienza a denominarse didáctica de la animación.
En algunos casos, la combinación entre algunas de estas técnicas permite
que uno se sumerja en realidades aumentadas o virtuales, como
recorrer una trinchera o huir hacia un refugio en medio de un bombardeo,
como el que esta empresa “fabricó” para recrear el que sufrió Barcelona
durante la guerra civil y que se exhibió en el Centro de Cultura
Contemporánea de Barcelona.

Bioclips

http://www.bioclips.com
Antes eran los videoclips. Ahora los científicos filman procesos insólitos,
como el ataque de los macrófagos en el interior de una célula, le ponen
música y componen uno de los bioclips más fascinantes y didácticas que
pueda imaginar. Y sirve para todos: adultos, niños, legos e instruidos, científicos
o inspectores de hacienda…

CienciaTeca

http://www.cienciateca.com
Uno de esos esfuerzos personales que, con o sin blog mediante, se
multiplica por Internet.

A mi me gusta la ciencia

http://www.uv.es/~jaguilar
El señor Aguilar, de la Universidad de Valencia, no para de responder a
esas preguntas que todos nos hacemos y que tienen sólo una respuesta
desde la ciencia o la tecnología.

Tryscience

http://tryscience.org
Aquí se sirve la ciencia en el idioma que uno escoja. Problemas, cuentos,
módulos, experimentos, museos, un enorme surtido de páginas de la ciencia
de todos los lugares del mundo… El lugar ideal para empezar a darse
cuenta de que ya nada es igual a lo que teníamos hace apenas cinco años.

AstroRed

http://www.astrored.org
El universo ha sido uno de los primeros habitantes de la Red. Desde el
Big Bang hasta hoy, las respuestas que hemos ido avanzando a las grandes
preguntas fundacionales están en Internet y, como el Universo, no
cesan de expandirse. AstroRed es uno de los lugares más populares de
este tipo, ya que proporciona toda la información necesaria para realizar
observaciones de cuerpos celestes.

Ciencia en red

http://ciencia-en-red.fisimur.org
Éste es un proyecto basado en una red de blogs que trabajan de manera
colaborativa. Se abordan las preguntas esenciales sobre biología, física,
matemáticas y química y se ofrecen respuestas en documentos y un banco
de imágenes.

Pendulum

http://www.pendulum.es

Hemisferium

http://www.hemisferium.net

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