Agustí PÉREZ-FOGUET

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La organización no gubernamental Ingeniería Sin Fronteras (ISF), consciente de los millones de personas que se encuentran sin abastecimiento de agua potable o sin electricidad, y de que nuestro bienestar está construido en gran parte por el empobrecimiento de los más desfavorecidos, denuncia desde su creación estas desigualdades, y para luchar contra ellas reivindica que la tecnología esté realmente al servicio del desarrollo humano y que exista voluntad de atajar éstas y otras carencias. Al frente de esta organización está un joven de 30 años, Agustí Pérez-Foguet, profesor en la Escuela de Ingeniería de Caminos de Barcelona, que descubrió su vocación de cooperante, no en un país del tercer mundo, sino en una barriada marginal de la ciudad de Barcelona. Perteneciente a la junta directiva de ISF desde hace seis años, en el mes de febrero fue elegido su presidente.

“EL DESARROLLO DEBE SER UN PROCESO EVOLUTIVO, INDEPENDIENTE Y SOSTENIBLE”

Adentrados en el siglo XXI y con la retórica de un mundo globalizado, ¿qué opinión le merece que existan tantas diferencias entre la riqueza de algunos países y la pobreza de gran parte de la población mundial?

Yo estoy absolutamente convencido de que la situación de desigualdad es consustancial al sistema económico que tenemos. Favorece que las relaciones que se mantienen entre países o personas, sus consumos o sus producciones acaben generando concentración de dinero y de poder en ciertas manos, y grandes partes de la población mundial no tengan ni los mínimos para una vida digna. También creo que hay muchas iniciativas que pretenden romper esta dinámica. La gente “per se” no es mala, tal vez sean las reglas del juego. Yo creo que a la sociedad sí le gustaría exigir unos mínimos de dignidad para todos, pero no los exige; tenemos que pensar que lo que no deseamos para nosotros no podemos desearlo para los que nos hacen las zapatillas deportivas. Tal vez deberíamos cuestionarnos más lo que pasa. Sobre todo las tendencias de consumo: trabajar mucho para ganar mucho dinero y consumir mucho, son hábitos que podrían ser cambiados por otros y estaríamos igualmente contentos.

¿Cómo denuncia o pone en evidencia ISF estas desigualdades?

Acercando estas realidades a la gente que tiene cerca, y sobre todo intentando mostrar que hay soluciones. Para paliar el hambre o la falta de derechos humanos, hay que ser conscientes de que existen. A veces los medios de comunicación no transmiten bien el fondo de estas desigualdades. De cualquier modo, siempre hay que tener una actitud positiva. Hay experiencias a pequeña escala que nos confirman que las cosas pueden mejorar si las reglas del juego son más limpias. Donde intentamos transmitir este mensaje es en las universidades y en los colegios profesionales. Y sobre todo al colectivo de ingenieros.

Si es evidente que la tecnología sirve para el desarrollo humano, ¿por qué ésta tiene tan mala fama?

La tecnología debe estar al servicio de las personas, tener claro que ésta debe servir para solucionar problemas. Es lo que entendemos por tecnología para el ser humano. Por tanto, debes saber en qué contexto te mueves, cuáles son las necesidades y ponerla en función de esto. Por eso, nosotros intentamos combinar lo que es nuestra intervención técnica con el fomento de las capacidades de gestión de las personas a las que va destinada. La tecnología se ha convertido, por el hecho de tenerla, en la dependencia o no de unos países sobre otros. Y sobre todo se pusieron muchas expectativas en ella para cambiar al planeta, y esto en un sentido no ha sucedido. Las desigualdades son más grandes ahora que antes. ¿Qué ha pasado? Que es sólo una mercancía más y no se piensa en ella como una herramienta para resolver problemas. La técnica nos da una capacidad muy elevada de transformación y podemos utilizarla bien o mal.

¿Cuándo y cómo se creó Ingeniería Sin Fronteras?

Nació a principios de los noventa, a partir de unos primeros grupos de ingenieros en Zaragoza y en Madrid, vinculados a la Universidad, que empezaron a cuestionarse la posibilidad de montar algo que sirviese para acercar el mundo de la ingeniería a la cooperación, al ser un espacio que no estaba cubierto. Al nacer, por decirlo así, en varios lugares, se acabó constituyendo un conjunto de asociaciones llamadas con el nombre de su ciudad más ingeniería sin fronteras. La gestación de la actual federación fue un poco dura, ya que se debatió entre formar una ONG muy profesionalizada o algo más participativo, ya que hablar de ONGs, es como hablar de empresas al existir una gran variedad. Una vez que las asociaciones se articularon, se decidió que las relaciones externas se llevarían a cabo con el consenso de todas; cada una generaría sus proyectos y estos se cruzarían para realizar una aprobación general. La federación como tal se formalizó en el 1994-95.

¿Cuáles son sus fines?

Desde el principio se pensó que nuestro trabajo estaba sobre todo en los países del Sur, apoyando su desarrollo, aportando lo que es la componente técnica y su conocimiento, y facilitar elementos que mejoraran su calidad de vida. Otra cosa que se tenía clara era trabajar aquí, en el Norte, e intentar que junto con los referentes que siempre tienen en cuenta el mundo de la ingeniería, como son la productividad, la empresa y el dinero, se conjugasen otros. Hoy día todo el mundo tiene asumido, al menos en el discurso, el tema del medio ambiente, conceptos como sostenibilidad o respeto por el entorno. En ISF creemos que estas premisas no pueden estar alejadas de la actividad de la ingeniería, por el impacto que ésta tiene, tanto en el medio físico, como sobre las personas. Consideramos el desarrollo como un proceso en evolución, interdependiente y sostenible.

¿Cuando se refiere a países del Sur se refiere a los países en vías de desarrollo, y cuando habla del Norte a los desarrollados?

Sí, hay muchas maneras de decirlo, pero desarrollo conlleva la idea de que unos van por delante y que han conseguido el ideal de vida, y que los otros están en vías de conseguir lo mismo. Hay ciertas corrientes que dicen que a los países en vías de desarrollo habría que llamarlos países empobrecidos, y que están así porque hay otros que los mantienen empobrecidos, y esta distinción, aunque la utilizo, tampoco me gusta, ya que existen muchos nortes y muchos sures. Yo no conozco Madrid, pero sí Cataluña, y si rascas puedes encontrar el sur también aquí, y en países del sur, zonas que son norte con universidades muy punteras. ¿Dónde estaría el sur en el norte? En aquellas zonas que se conocen como cuarto mundo. Y que son todas las realidades sociales marginales que se dan en el entorno de nuestras ciudades. El concepto cuarto mundo surgió al constatar que no todas las personas que viven en el llamado primer mundo tienen los servicios básicos cubiertos, como la educación o la participación en la vida pública. En países democráticos hay zonas donde los niños no se escolarizan o la calidad mínima de la vivienda no está garantizada. Por ello tenemos algunos proyectos como el de Asturias. Allí hemos apoyado la creación de una empresa, Riqui-Raque, de reutilización o de reciclaje de materiales con personas que estaban fuera del sistema económico, y con edades difíciles para encontrar trabajo. En la aldea de El Cañuelo, en Sevilla, se ha puesto en marcha un programa llamado Nueva Tierra, para la integración sociolaboral de un colectivo de personas sin hogar mediante el aprovechamiento agropecuario, medioambiental y artesanal de la zona.

El agua y la energía son actuaciones básicas para ISF.

El agua y la energía son puntos clave. Su falta limita todas las posibilidades de desarrollo; todo el tema de salud se cae, toda la producción se cae. Actualmente también el acceso a los medios de comunicación comienza a ser básico. Son los campos donde ISF puede aportar más. Luego hay otros trabajos que realizamos en colaboración con otras organizaciones con conocimientos en el ámbito de las ciencias sociales, para conseguir aumentar la participación de la sociedad en el cambio de su propia realidad y que estos acaben consolidándose. Para ello es necesaria la educación, modificar hábitos de salubridad o de organización comunitaria. Aquí estamos acostumbrados a tener organizaciones más o menos fuertes que velan por nuestros intereses, pero no es así en los países del tercer mundo.

Sus proyectos se llevan a cabo en 16 países de Latinoamérica, África y Europa.

La mayor parte de nuestros proyectos se han orientado sobre todo en cinco áreas de actuación. En la de equipamientos e infraestructura tenemos proyectos para apoyar pequeñas obras sociales, ya sean escuelas, casas de acogida, en las que colaboramos en su construcción o realizando instalaciones de sistemas fotovoltaicos en centros de formación popular como el de Sakombi en Kinshasa o construyendo caminos rurales en Perú. Hace poco se ha iniciado un proyecto de refuerzo técnico en vivienda e infraestructura básica en Libertad Sur, en El Salvador. Nuestros trabajos en el área del agua van encaminados a garantizar el abastecimiento de agua potable: construyendo canales como en la región andina de Huaral (Perú), que asegura el abastecimiento a tres comunidades indígenas o sistemas de saneamiento como en un barrio de Yaundé (Camerún). También hemos realizado estudios hidrosanitarios en Tanzania. Además, tratamos de impulsar proyectos agroecológicos sostenibles, tanto en Latinoamérica como en África.

Todos estos proyectos requieren tiempo.

Casi todos varios años. Después de decidir trabajar en un país, hay que analizar con qué actores contamos, definir las líneas de trabajo a cuatro o cinco años, proyectarlos y luego impulsarlos. En ISF los proyectos se hacen porque se quieren hacer, ya que nuestra capacidad de trabajo proviene del voluntariado. A diferencia de otras ONGs que están muy profesionalizadas, la nuestra no. Lo que nos mueve es hacerlo en profundidad, bien y sin prisa.

¿Es complicado elegir los lugares a intervenir?

Las distintas asociaciones plantean sus propuestas y se estudian. Además, cada una de ellas se ha ido especializando en un área para que todo el trabajo sea más eficiente y de calidad. Actualmente se trabaja en el Ecuador, y esto es así porque otras organizaciones, como Médicos Mundi o Veterinarios Sin Fronteras, ya están trabajando ahí y han pedido a ISF que se incorpore a un equipo de varias ONGs para atajar un problema grave en una región. Los esfuerzos conjuntos son buenos porque se suman experiencias que proporcionan eficacia a la hora de llevar a cabo los proyectos. Greenpeace ha elegido uno de nuestros proyectos para su campaña “Elige energía positiva”, para demostrar cómo la energía renovable puede favorecer el desarrollo económico y social en países en desarrollo, sin perjuicio del medio ambiente. Se trata del proyecto EHAS (Enlace Hispano Americano de Salud).

¿En qué consiste este proyecto?

En la instalación de sistemas de telecomunicación, alimentados con energía solar fotovoltaica, en centros de salud aislados del Alto Amazonas en Perú, lo que permite iluminar y comunicarse entre sí a estos establecimientos de salud aislados.

¿Con qué personas cuentan para llevar a cabo los proyectos en el tercer mundo? ¿Siempre son voluntarios?

En general contamos con el voluntariado y grupos de apoyo locales, pero cuando se maneja mucho dinero en grandes proyectos se lleva personal contratado. No es obligatorio que éste sea español, ya que puede trabajar con una organización afín del país donde se interviene, y si ellos tienen capacidad para ello se contrata personal local. La supervisión y la gestión económica no se pueden llevar con voluntariado. Muchas veces se acercan estudiantes y les tienes que explicar que éste es un trabajo como cualquier otro, y que se tiene que hacer tan bien como el de tus ocho horas diarias, y que no se puede realizar sólo con buena voluntad. Para gestionar un proyecto, reunirte con las distintas administraciones de un país en cuestión, requiere un nivel de exigencia alta. Tienen que ser profesionales.

Una vez generado el proyecto y puesto en marcha, ¿cómo se mantiene para que no se deteriore?

Esto es fundamental y tiene que estar pensado desde el principio, se tiene que decidir quién va a ser el propietario de la infraestructura y quién va a llevar la gestión para que esto sea sostenible. Aquí también la realidad del Sur es muy dispar. Hay países que tienen personas y capacidad de organización y lo único que necesitan es que les acerques la componente técnica, y hay otros que no tienen esto y junto con otras organizaciones intentamos potenciarlo. También pretendemos que las distintas administraciones, sobre todo ayuntamientos, asuman los proyectos que se han iniciado, acaben gestionándolos y los pongan al servicio del pueblo.

“LA TECNOLOGÍA DEBE ESTAR AL SERVICIO DEL DESARROLLO HUMANO. EN ISF INTENTAMOS COMBINAR NUESTRA INTERVENCIÓN TÉCNICA CON EL FOMENTO DE LA CAPACIDAD DE GESTIÓN DE LOS DESTINATARIOS DE LA TECNOLOGÍA”.

¿Los ingenieros se van sumando a los proyectos o necesitan más apoyo?

Hace falta más apoyo, sobre todo ahora que se está en un proceso de consolidar la dimensión nacional de la asociación. Necesitamos tener más masa crítica y aumentar la escala de intervención. Además, como el sector público está recortando las ayudas que daba a las ONGs, a pesar de ser muchas las instituciones que colaboran con nosotros, intentamos que los colectivos más afines apoyen nuestras propuestas.

¿No podrían las empresas patrocinar los proyectos mediante acuerdos?

Las empresas actúan cuando pueden sacar margen de beneficio, y sin embargo, lo que te preocupa como ONG no es eso, sino que la comunidad a la que quieres ayudar pueda acceder a cierta tecnología. Hay empresas españolas que tienen grandes contratos con la UE para electrificación rural en África de miles de millones. Supongo que esto se hará bien y será sostenible. ISF se plantea más trabajar con universidades del Sur y del Norte para que la formación en tecnologías de este tipo sea mejor, haya técnicos y ciertas componentes se puedan fabricar en esos países. Esto entra en conflicto con los intereses comerciales de las empresas.

¿Cuál fue su motivación personal para entrar a formar parte de ISF?

Mientras estudiaba ingeniería de caminos, ayudaba en un casal, en un barrio marginal de Barcelona, que trabajaba con niños de la calle y me gustaba mucho. La sonrisa de los niños me duraba horas en la cabeza. Pero a mitad de la carrera me di cuenta que llevaba un nivel de esquizofrenia horrorosa, estaba dirigiendo mi actividad profesional en una dirección y lo otro era una dedicación para la que no me estaba formando. Tal vez ahora, redactando informes y delante de un ordenador no es lo mismo, pero está más acorde con las capacidades que tengo para ponerlas al servicio de la cooperación.

Los grandes foros sociales, con sus grandes palabras, ¿sirven para algo?

Sí, sirven para dar voz a aquéllos que normalmente no la tienen. Es mejor que existan que no existan. Pero luego es necesario que las palabras se concreten aunque sea en cosas pequeñas. No es nada trivial que la gente se ponga de acuerdo con respecto a ciertos temas, porque tal vez se están viendo de manera diferente en los distintos sitios, y si estas ideas tienen un sitio donde cruzarse y darnos cuenta de lo que tienen de igual y de diferente, siempre será positivo. Es necesario fomentar la comunicación y la participación. Naciones Unidas, a la que calificamos de inoperante, es un foro para hablar, su inexistencia sería peor.

Parece que en estos momentos la cooperación está en manos de las ONGs y los gobiernos han delegado en ellas algo que tal vez les corresponda hacer a ellos.

Siempre es bueno que la sociedad tenga una manera de poder expresarse y vías para decir lo que no le gusta. Cualquier estructura tiene tendencia a quedarse rígida, a no darse cuenta de lo que pasa. Aquí es donde entramos con nuestro trabajo. Si las democracias fueran realmente participativas y con capacidad para recibir las opiniones de los ciudadanos, quizás no seríamos tan necesarios. Los gobiernos siguen definiendo líneas estratégicas de cooperación con el Sur, lo que pasa es que por desgracia esto está muy contaminado por los intereses comerciales, políticos y estratégicos de cada país. En las buenas ONGs, en las independientes, las líneas estratégicas no se marcan porque haya un interés económico oculto, y eso es lo importante.

MUY PERSONAL

Nómada o sedentario

Hay que moverse más de lo que nos movemos. Hace falta que la gente sea consciente de la dimensión global, y para eso hay que ver y conocer, no vale con que te lo cuenten.

¿Qué parte del mundo le gustaría conocer?

El África Sudsajariana. Siempre he estado en Latinoamérica, mi dominio del francés es casi nulo. Su riqueza cultural y esa otra forma de ver el mundo me llama mucho la atención.

¿Con qué rasgo de las personas es menos indulgente?

Con la intolerancia. El racismo me saca de quicio; también que no se valore a la gente por sus aptitudes. La sociedad europea es cada vez más intransigente con la diversidad. La extrema derecha cada vez es más fuerte y esto me asusta.

Una persona que admira

Un referente actual para mí es Jon Cortina, un jesuita ingeniero que está en la UCA de El Salvador, un gran especialista en sismología y análisis dinámico de estructuras, pero que cada jueves sube a una comunidad rural a visitar a la gente.

Un músico

Víctor Jara, que también es un referente de compromiso.

Ideología sí o ideología no

Sí creo que hace falta tener una base teórica del por qué de las cosas, y eso posiblemente es ideología. Sigue siendo necesario analizar lo que ocurre y posicionarse.

Un libro

“Canto general” de Pablo Neruda. Aunque al principio me resulto difícil, ahora lo suelo releer de vez en cuando. Éste nunca lo daré, de otros libros me deshago por no acumular.

¿La juventud es una ventaja o un inconveniente?

La juventud da una creatividad y una versatilidad que no ves en gente menos joven. Pero la madurez te da perspectiva. Ves nuevas generaciones reclamando y piensas que no sólo hay que reclamar sino hacer propuestas positivas.

Una esperanza

Que la gente que conocí en El Salvador después de los terremotos siga viva y sonriendo como cuando me acogieron, y que no acaben en la periferia de una ciudad malviviendo.

Un deseo

Que existan espacios de diálogo, que se están perdiendo y esto no es bueno. De ellos han salido cosas positivas.

El término “sin fronteras”, ¿dónde más lo aplicaría?

Lo aplicaría a todo. Yo creo que poco a poco se irá cambiando el paradigma estado-nación que tenemos ahora por algo que todavía no está creado; pero algo se tendrá que crear de modo que los pueblos puedan articularse en estructuras menos rígidas que los estados actuales.

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