Nueva vida para el aire que respiramos

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No nos damos cuenta, pero el aire es, como el agua, imprescindible para la vida.
De su calidad y cantidad depende la vida en el planeta. El progreso tecnológico
ha permitido mejorar la calidad de vida y facilitar todo tipo de comodidades.
Pero también ha traído graves inconvenientes. La rápida industrialización de
las últimas décadas ha multiplicado los niveles de contaminación de la atmósfera
por residuos gaseosos, sólidos y líquidos que alteran el equilibrio natural y
afectan a los seres vivos. El dióxido de carbono (CO2) es uno de los gases que más
influyen en el cambio climático. Cada año se emiten a la atmósfera 10.000 millones
de toneladas de este gas. Y, por vez primera, países emergentes como China
o India liberan a la atmósfera más CO2 que los países de larga industrialización,
con Estados Unidos a la cabeza. Los gobiernos acordaron en 1997 el Protocolo de
Kyoto con el objetivo de reducir la emisión de seis gases. España tiene ante sí
un reto importante para cumplir con esos objetivos, porque en el año 2005 las
emisiones de CO2 eran un 52,2% superiores a las registradas en el año 1990.
A parte de reducir las emisiones a la atmósfera, diferentes iniciativas científicas
tratan ahora de comprobar las posibilidades de capturar y almacenar en
las entrañas de la tierra el dióxido de carbono.

Desde el inicio de la revolución industrial, entre finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera ha crecido un 35%, fundamentalmente debido a diferentes tipos de actividades humanas, desde el empleo de combustibles fósiles a la deforestación. De rebote, los océanos también han aportado CO2, desprendido por el incremento de la temperatura ambiental. No siempre ha sido así. Hace 500 millones de años, el CO2 era 20 veces más frecuente, disminuyendo en cinco veces durante el período jurásico y después tuvo un lento declive hasta la moderna industrialización, con una reducción particularmente rápida ocurrida hace 49 millones de años. De hecho, la naturaleza siempre ha tomado parte en las emisiones de este gas: se calcula que cada año, los volcanes emiten entre 145 y 250 millones de toneladas de este gas. Una minucia si tenemos en cuenta que las emisiones producidas por el hombre multiplican estas cifras por 100. Los océanos, donde se encuentra disuelto 50 veces más dióxido de carbono que en la atmósfera, actúan como un absorbente del CO2 generado por el hombre. Pero a medida que la temperatura del agua se incrementa, esta capacidad reductora disminuye. Una gran parte de este gas devuelto por los mares forma ácido carbónico, otra porción es consumida durante la fotosíntesis que realizan organismos que viven en el agua y una pequeña parte se deposita en el fondo marino.

Para reducir el efecto invernadero no bastan sólo las medidas de eficiencia y ahorro energético o el empleo de fuentes de energía renovables, también es necesario reducir drásticamente la liberación de gases a la atmósfera. El CO2 emitido a la atmósfera por las actividades humanas, en especial causado por la producción de energía, el trans-porte y la calefacción doméstica, es uno de los principales causantes del efecto invernadero.

El Protocolo de Kioto sobre el cambio climático es un acuerdo internacional que los países firmaron en diciembre de 1997 para reducir en el periodo 2008 a 2012 las emisiones de gases que por acumulación en la atmósfera provocan el cambio climático tomando como referencia el nivel de contaminación del año 1990. Estos gases que provocan el efecto invernadero son el dióxido de car-bono (CO2), el metano (CH4), el óxido nitroso (N2O) y gases industriales como hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC) y hexafluoruro de azufre. Los contaminantes principales de la atmósfera son los productos de procesos de combustión convencional en actividades de transporte, industriales, de generación de energía eléctrica y calefacción doméstica, la evaporación de disolventes orgánicos y las emisiones de ozono y freones.

El uso de energías renovables, como la producción de electricidad mediante gigantescos aerogeneradores o enormes granjas de placas solares, son todavía medidas insuficientes para sustituir a los combustibles fósiles derivados del petróleo. Además, se está produciendo un fenómeno añadido: el consumo de energía se está multiplicando considerablemente y ya no es responsabilidad única de los países desarrollados, sino también de las economías emergentes como China o India.

Países emergentes más contaminantes

Tanto es así que los países más industrializados han dejado de ser los que más emisiones de CO2 producen. Las economías emergentes han llegado a igualarlos y, según los expertos, van camino de superarlos rápidamente. Según los resultados de un informe elaborado por el Centro para el Desarrollo Global (un think tank dedicado a luchar contra la desigualdad y la pobreza), los países avanzados eran hace unos años responsables del 60% del dióxido de carbono emitido. En la actualidad, los países en desarrollo se encuentran casi al mismo nivel. El argumento que utilizan algunos países en desarrollo de que el mundo rico tendría que compensarlos por todas las emisiones del pasado “Ya no vale, porque ahora mismo producen casi lo mismo y dentro de poco incluso más”, aseguraba en la presentación del citado estudio Kevin Ummel, economista del Centro para el Desarrollo Global (CDG) y responsable de procesar los datos del Carbon Monitoring for Action (CARMA), una nueva herramienta que recoge información sobre la emisión de CO2 por continentes, países, ciudades, plantas energéticas y compañías eléctricas.

El informe del CDG va más allá e incluso sugiere que sin las emisiones de los países del Primer Mundo, los países con economías emergentes, que cuentan con un porcentaje muy alto de centrales eléctricas de carbón, podrían producir su propia crisis climática si no actúan para reducir sus niveles de CO2.

Este estudio cifra en 10.000 millones las toneladas de CO2 al año que emiten a la atmósfera los países en conjunto. Estados Unidos, con casi 8.000 de las 50.000 plantas eléctricas del mundo, es responsable de cerca del 30% del total. Lo más preocupante, sostiene Ummel, es que “mientras que EE. UU. aumentará un 21% sus emisiones durante los próximos 10 años, China duplicará las suyas e India prácticamente las triplicará”.

El informe señala que océanos y tierra han acumulado el 54% de las emisiones humanas de CO2 realizadas entre los años 2000 y 2007, pero la eficiencia de estos sumideros capaces de recoger CO2 se ha reducido el 5% en los últimos 50 años, y parece ser una tendencia que continuará en el futuro. De hecho, el año pasado la concentración media de CO2 se situó en 2,2 partes por millón (ppm) cuando en 2006 fue de 1,8 ppm, indica el informe Carbon Budget and Trends 2007.

Según este estudio, después de Estados Unidos (2.800 toneladas de CO2 al año) y China (2.680 millones de toneladas), los mayores contaminantes mundiales son Rusia (661 millones de toneladas) e India (583 millones de toneladas). Si comparamos las emisiones por habitante nos llevamos una sorpresa: Estados Unidos expulsa 9 toneladas de CO2 por habitante, mientras que Australia, con 11 toneladas por ciudadano, es el que más contamina. Lógicamente, los países emergentes más poblados registran concentraciones muy inferiores de CO2 por habitante: 2 toneladas en China y media tonelada en India.

La Europa de los 15 podría cumplir su objetivo colectivo de recortar las emisiones de gases de efecto invernadero en un 8% durante el período 20082012, en parte gracias a los proyectos de reducción de emisiones que los Estados miembros financiarán en otros países, según el último informe elaborado por la Agencia Europea del Medio Ambiente. El informe Tendencias y proyecciones de las emisiones de gases de efecto invernadero en Europa 2008 analiza la evolución de las emisiones durante el periodo 1990-2006, a la vez que examina las proyecciones de emisiones futuras durante el periodo de compromiso del Protocolo de Kioto (2008-2012).

Esta cifra positiva no debe llevarnos a engaño, porque los resultados son dis-pares si nos detenemos en examinar a cada uno de los países miembros de la UE de los 15 e incluso alguno sigue aún lejos de los objetivos del compromiso de Kioto, que consiste en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en un 8% respecto al año de referencia antes de 2012.

Recortar las emisiones

En general, las proyecciones de los Estados miembros durante el periodo de Kioto indican que el grupo europeo de los 15 podría recortar las emisiones en más de un 11% en comparación con el año de referencia. ¿Cómo se piensa conseguir esta reducción? Mediante una combinación de políticas y medidas nacionales, capturas de carbono en sumideros y créditos para la reducción de las emisiones fuera de la Unión Europea.

La profesora Jacqueline McGlade, directora ejecutiva de la Agencia Euro-pea de Medio Ambiente (AEMA), afirma que teniendo en cuenta los resultados de otros estados miembros, que se auguran más que satisfactorios, “la UE15 en conjunto debería cumplir su compromiso de Kioto”. Sin embargo, también critica que “los resultados serían mejores si las proyecciones de algunos Estados miembros tuvieran plenamente en cuenta las restricciones impuestas a sus industrias incluidas en el régimen comunitario de comercio de derechos de emisión”.

A largo plazo, se prevé que las emisiones en la UE-27 continúen disminuyendo hasta 2020, según el informe. Pero el objetivo de reducción del 20% con respecto a 1990 acordado por los dirigentes europeos en 2007 seguirá siendo inalcanzable de no aplicarse medidas adicionales, como las contempladas en el paquete de medidas comunitarias en el ámbito de la energía y el cambio climático propuesto por la Comisión Europea en enero de 2008.

SE PLANTEA CAPTURAR EL CO2 Y ALMACENARLO DE POR VIDA A GRANDES PROFUNDIDADES DE LA CORTEZA TERRESTRE

Los datos revelan que los 15 Estados miembros que comparten un objetivo común conforme al Protocolo de Kioto (UE-15) lograron una reducción del 2,7% en las emisiones de sus gases de efecto invernadero entre 1990, el año de referencia, y 2006. Se estima que las políticas y las medidas aplicadas a día de hoy no bastarán para que la UE-15 cumpla su objetivo de Kioto, puesto que entre 2006 y 2010 se prevé que únicamente disminuyan las emisiones en un 3,6% en relación con el año de referencia. Si las medidas adicionales previstas por diez Estados miembros se aplicaran íntegramente y a tiempo, podría obtenerse una reducción adicional del 3,3%. No obstante, el efecto total del régimen comunitario de comercio de derechos de emisión no se refleja en las proyecciones de todos los Estados miembros.

Eliminación de dióxido de carbono

La mayoría de los Estados miembros de la UE-15 tienen intención de recurrir a la captura de carbono (una de ellas es la plantación de bosques que absorben CO2) para tratar de cumplir con Kioto. La cantidad total de dióxido de carbono que podría eliminarse anualmente entre 2008 y 2012 es relativamente escasa (el 1,4% respecto a 1990), aunque ligeramente superior a las proyecciones efectuadas en 2007. Diez Estados miembros de la UE-15 tienen previsto emplear los mecanismos de Kioto para alcanzar sus objetivos. Se espera que esto permita reducir las emisiones un 3,0% adicional.

El informe de la agencia AEMA destaca el caso de aquellos países que han prometido reducciones significativas de las emisiones en un marco temporal limitado (2006-2010) a partir de políticas y medidas que todavía no se han llevado a la práctica. Además, los países que proyectan reducciones considerables a partir de 2006 para cumplir su objetivo en 2010 tendrán que perseverar en su esfuerzo y reducir aún más las emisiones hasta 2012. Es posible que algunos Estados miembros tengan que hacer un mayor uso de los mecanismos de Kioto de lo que tenían previsto en un principio.

El objetivo común de Kioto de reducción del 8% de las emisiones en la UE-15 se corresponde con objetivos diferenciados para cada Estado miembro. En 2006, cuatro de dichos Estados miembros (Francia, Grecia, Reino Unido y Suecia) habían alcanzado ya un nivel inferior a su objetivo de Kioto. Otros ocho (Alemania, Austria, Bélgica, Finlandia, Irlanda, Luxemburgo, Países Bajos y Portugal) prevén cumplir sus objetivos. Las proyecciones de los tres países restantes (Dinamarca, España e Italia) indican que no cumplirán sus objetivos en materia de emisiones. Con todo, el informe señala que las diferencias entre objetivos y proyecciones son mucho menores ahora que las proyecciones efectuadas en 2007.

España tiene un reto importante para cumplir con esos objetivos, porque en el año 2005 las emisiones de CO2 eran un 52,2% superiores a las registradas en el año 1990. Según las proyecciones españolas, con las políticas existentes y las medidas planteadas, las emisiones continuarán creciendo por encima de esas cifras en el año 2010. Las reducciones de las emisiones con la puesta en práctica de medidas adicionales, el uso de los mecanismos de Kioto (la reducción de emisión del financiamiento proyecta en otros países) podrían reducir emisiones a las emisiones antedichas el 20%, que no serían suficientes para que España resuelva su meta de la limitación de la emisión. Estas proyecciones, sin embargo, no tienen en cuenta por completo las restricciones de la emisión que hacen frente a las industrias españolas cubiertas por el esquema comercial de la emisión de la UE, y que se espera que den lugar a reducciones de emisión posteriores significativas.

Diez de los doce Estados miembros que ingresaron en la UE en 2004 y 2007 tienen objetivos de reducción individuales de entre el 6% y el 8%. Sólo Chipre y Malta no tienen objetivo. En la UE-12, los Estados miembros estiman que cumplirán sus objetivos de Kioto a pesar de preverse un aumento de las emisiones entre 2006 y 2010. Eslovenia es el único de estos países que hará uso de los mecanismos de Kioto para cumplir su objetivo.

Enterramientos de CO2

La industria alimentaria utiliza el dióxido de carbono desde hace décadas en bebidas carbonatadas para darles efervescencia, también permite cuajar más rápidamente los lácteos o incluso se emplea para extraer la cafeína del café. En la agricultura también permite reducir el pH del abono. Pero son cifras insignificantes para zanjar el problema del CO2.

Una de las numerosas soluciones que los ingenieros están investigando con el objetivo de mitigar el calentamiento del planeta es la captación y almacenamiento del dióxido de carbono expulsado al aire por las centrales térmicas de carbón y otro tipo de industrias afectadas por el comercio de derechos de emisión. Se trata de enterrar este gas de por vida inyectándolo a grandes profundidades de la corteza terrestre. Esta idea, que se está investigando, podría concretarse a medio plazo, ya que se calcula que las primeras instalaciones comerciales no entrarían en funcionamiento hasta por lo menos la tercera década del siglo XXI. En España se están llevando a cabo algunas experiencias de este tipo. La Fundación Ciudad de la Energía, a través del gobierno español, impulsa el proyecto para instalar una planta piloto de grandes dimensiones en El Bierzo, en León, concretamente en Cubillos de Sil, donde funciona una central térmica de carbón. Esta planta estará activa hacia la primavera de 2010.

Por otra parte, la Plataforma Tecnológica Española del CO2 (PTECO2) es una iniciativa que reúne a 70 entidades públicas y privadas (centros de investigación, universidades, empresas como Unión Fenosa y Endesa) y amparada por el Ministerio de Educación y Ciencia y apoyada por el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio y el Ministerio de Medio Ambiente. En el año 2006 se creó esta plataforma gracias al apoyo del Ministerio de Educación y Ciencia, quien concedió la ayuda para la creación e impulsó de redes tecnológicas, en el marco del Plan Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e Innovación Tecnológica (I+D+i 2004-2007). El alcance general de la PTECO2 es abordar un desarrollo tecnológico en España que contribuya a disminuir el impacto ambiental, social y económico derivado de las emisiones de gases de efecto invernadero en nuestro país.

Métodos de captura

¿Cómo se realiza la captura de dióxido de carbono? Existen tres métodos. Antes de la combustión, durante la combustión y con posterioridad. El primero es el método que empleará la planta piloto que Elcogas hará funcionar el próximo año en la central de ciclo combinado de Puertollano, en Ciudad Real. Otra de las opciones es proceder a separar el gas durante la quema del mineral, mediante la técnica de la oxicombustión. Es el caso de la planta piloto de El Bierzo.

Lo ideal sería almacenar el gas en depósitos de superficie. Muy complejo y extremadamente caro. Por ello, la opción es aprovechar el subsuelo terrestre. El encargado de encontrar las áreas más adecuadas para almacenar el gas es el Instituto Geológico y Minero de España, que está estudiando los emplazamientos subterráneos susceptibles de convertirse en almacenes. Se estima que los lugares más idóneos son formaciones geológicas salinas a unos 1.200 metros de profundidad, como son las cuencas del Duero, Ebro, Tajo y Guadalquivir. Las compañías petrolíferas ya utilizan el CO2 para extraer más hidrocarburo en yacimientos petrolíferos en lugares poco accesibles.

Hasta el Protocolo de Kioto no se había tenido en cuenta el valor económico de la atmósfera. Los límites de las emisiones de gases de efecto invernadero establecidos por el Protocolo de Kioto son una manera de asignar valores monetarios a la atmósfera terrestre que todos compartimos, algo que no se había hecho hasta entonces. Los países que más han contribuido al calentamiento del planeta son los que, generalmente, mayores beneficios comerciales y calidad de vida han obtenido. En cambio, son los que menos han asumido la responsabilidad por los daños causados con sus emisiones. Los efectos negativos del cambio climático se dejarán sentir en todo el mundo, y de hecho se prevé que las consecuencias más graves tengan lugar en los países menos adelantados, que hasta ahora han producido pocas emisiones.

Mercadeo de emisiones

El protocolo permitirá a los países que pueden ahorrarse algunas unidades de emisión (es decir, emisiones a las que tendrían derecho pero que no han hecho servir, por decirlo de alguna manera) y vender este exceso de capacidad a los países que superan sus objetivos de emisiones.

Es el denominado mercado del car-bono (que incluirá las emisiones de CO2 y de otros gases de efecto invernadero). Los países que no cumplan sus compromisos podrán comprar el cumplimiento. Pero, como dicen los expertos, el precio a pagar puede ser alto. Cuanto mayor sea el costo, añaden, mayor será la presión que sientan para utilizar la energía de manera más eficiente y para investigar y promover el desarrollo de fuentes alternativas de energía que tengan emisiones bajas o nulas.

El concepto de bolsa mundial de compraventa de unidades de emisión es sencillo en la teoría, pero en la práctica el sistema de comercio de derechos de emisión del protocolo ha encontrado numerosas complicaciones. Los detalles no estaban especificados en el protocolo, de forma que fueron necesarias negociaciones adicionales para alcanzar una mayor precisión. Estas normas figuraban entre las especificaciones prácticas incluidas en los Acuerdos de Marrakech de 2001. Los problemas son claros: las emisiones efectivas de los países deben ser supervisadas y comprobadas para poder determinar que corresponden a lo que se ha comunicado, y es preciso llevar a cabo registros minuciosos de los intercambios realizados. En consecuencia, se están estableciendo registros, algo así como cuentas bancarias de las unidades de emisión de una nación, junto con procedimientos contables, un diario internacional de transacciones y equipos de expertos destinados a supervisar el cumplimiento.

Según este mercado, en los intercambios y ventas se incluirán más unidades de emisión de las actual-mente realizadas. Los países obtendrán crédito por reducir el total de gases de efecto invernadero plantando o ampliando los bosques, que son unidades de absorción, por la realización de proyectos de aplicación conjunta con otros países desarrollados, en general países con economías en transición, y por los proyectos realizados en el marco del mecanismo para un desarrollo limpio del protocolo, que supone el financiamiento de actividades para reducir las emisiones de los países en desarrollo. Los créditos obtenidos de esta manera pueden comprarse y venderse en el mercado de emisiones o reservarse para su uso futuro.

EL COMERCIO EUROPEO DE DERECHOS DE EMISIÓN CUBRE 2.000 MILLONES DE TONELADAS DE CO2. ESPAÑA ES EL QUINTO PAÍS EMISOR, POR DELANTE DE ALEMANIA, REINO UNIDO O ITALIA

El régimen europeo de comercio de derechos de emisión entró en funcionamiento el 1 de enero de 2005 y alcanza a los 27 países miembros y, desde enero de 2008, a los países de la EFTA (No ruega, Islandia y Liechtenstein). El ámbito de aplicación incluye las emisiones de CO2 de los sectores más intensivos en el uso de la energía (generación, refino, siderurgia, fabricación de cemento, papel y cartón, vidrio, etc.), comentaba Ismael Aznar, subdirector general de Comercio de Emisiones y Mecanismos de Flexibilidad de la Oficina Española de Cambio Climático.

El régimen cubre más de 10.700 instalaciones que representan aproximadamente el 45% de las emisiones totales de la Unión Europea. El primer periodo de aplicación concluyó en 2007 y los siguientes periodos tienen cinco años de duración. Con 1.045 instalaciones, España es el tercer país miembro en número de instalaciones incluidas en el régimen, según datos del año 2006. En Europa, el 65% de las instalaciones sujetas al citado régimen son plantas de combustión (instalaciones de generación eléctrica, cogeneración y otras) con potencia superior a los 20 megavatios. Sin embargo, la mayor parte de instalaciones son pequeños emisores.

El régimen europeo de comercio de derechos de emisión cubre más de 2.000 millones de toneladas de CO2 y España es el quinto mayor emisor, con 179,68 millones de toneladas verificadas en el año 2006, por delante de Alemania, Reino Unido, Italia y Polonia.

Según Ismael Aznar, se ha puesto de manifiesto una sobreasignación generalizada, aunque han sido los nuevos Estados miembros los que han presentado un mayor superávit de derechos; en este sentido, España ha presentado un ligero déficit del 0,4%.

Evolución de los precios

Hasta principios de 2006, los precios crecieron hasta superar los 30 euros por tonelada de CO2. A partir de abril de ese año, se produjo un desplome del mercado, situándose el precio a un euro por esa sobreasignación y porque los derechos del periodo 2005-2007 no se podían arrastrar al periodo actual 20082012. Pero el precio para la fase actual se mantiene por encima de los 20 euros, “por el incremento de la escasez en el mercado por el mayor rigor con el que la comisión ha evaluado los precios”. El volumen del mercado tiende al alza. El volumen medio mensual de intercambio se sitúa en torno a los 150 millones.

En el balance español para el año 2007 se asume una transferencia de 2,8 millones de derechos entre el sector siderúrgico y el de generación eléctrica, asociados a la quema de gases siderúrgicos en instalaciones de generación eléctrica. Las principales conclusiones son que las emisiones totales de los sectores de la directiva han aumentado un 3,8% en 2007 respecto al año anterior; el sector de la generación eléctrica ha registrado un incremento del 6,2% en las emisiones, a diferencia de los sectores industriales, que se han estancado. “Como en años anteriores, la exigente asignación al sector de generación eléctrica se traduce en una menor cobertura sectorial frente al nivel de cobertura de los demás sectores”, añade el experto.

De este modo, si en el año 2007 la generación eléctrica hubiera sido la de un año normal, las emisiones habrían alcanzado 181,35 millones de toneladas de CO2, un 2,8% inferiores a las emisiones reales. Y también se habría producido un incremento de las emisiones respecto al año 2006 de sólo un 0,9%.

A lo largo del periodo 2005-2007 se transfirieron en España un total de 199,4 millones de derechos, de los que 130,1 correspondieron a movimientos internos, 54,8 a entradas y 14,6 a salidas. Cada una de las 2.070 transferencias implicaron de media unos 96.000 derechos. Las transacciones nacionales de derechos de emisiones prácticamente duplicaron en peso a las internacionales.


Ciclo biológico del CO2

Los científicos estiman que cada 20 años se renueva completamente
el carbono atmosférico en la Tierra. Sin las actividades
humanas, el ciclo biológico tiene un papel importante en
los flujos de carbono entre los diversos depósitos a través
de los procesos de fotosíntesis y respiración.

Mediante la fotosíntesis, las plantas absorben la energía solar
y el CO2 de la atmósfera, producen oxígeno e hidratos de carbono,
que son la base para el crecimiento vegetal. Los seres
vivos y las plantas usan los hidratos de carbono en el proceso
de respiración, usando la energía contenida en los hidratos
de carbono y emitiendo CO2. Junto con la descomposición
orgánica (forma de respiración de las bacterias y hongos), la
respiración devuelve el carbono, biológicamente fijado en los
reservorios terrestres, a la atmósfera.

En segundo lugar, tenemos un ciclo biogeoquímico más extenso que el biológico y que regula la transferencia entre la atmósfera
y los océanos y suelo. El CO2 emitido a la atmósfera, si
supera al contenido en los océanos y otras superficies acuosas,
es absorbido con facilidad por el agua convirtiéndose en
ácido carbónico. Este ácido influye sobre los silicatos que constituyen
las rocas y se producen los iones bicarbonato. Estos
iones son asimilados por los animales acuáticos en la formación
de sus tejidos; una vez mueren, quedan depositados en
los sedimentos de los fondos marinos. Finalmente, el CO2 vuelve
a la atmósfera durante las erupciones volcánicas al fusionarse
en combustión las rocas con los restos de los seres vivos. En
algunas ocasiones la materia orgánica queda sepultada sin que
se produzca su contacto con el oxígeno y por tanto no se produce
la descomposición; a través de la fermentación se transforma
la materia en carbón, petróleo y gas natural.

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