Matemáticas sedentarias

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Uno de los momentos más trascendentales y recordados en la historia de las matemáticas es el que protagonizó David Hilbert en París durante el II Congreso Internacional de Matemáticos en 1900. Su conferencia marcó la singladura de las ciencias matemáticas durante el siglo XX, al plantear los 23 problemas principales que, según su opinión, quedaban por resolver. A pesar de reconocer las dificultades que encerraban, el mensaje global que lanzó a sus colegas era optimista: una vez resueltos el edificio de la matemática estaría firmemente cimentado. No podía sospechar que apenas 30 años después, los dos teoremas de incompletitud de Kurt Gödel arrumbarían su optimismo. Las matemáticas, el fundamento lógico que soporta el conjunto de la ciencia, no pueden demostrarse a sí mismas y el edificio que las sustenta se apoya, por tanto, en meros axiomas.

De forma menos simbólica, los matemáticos han carecido también de un edificio que los alojase físicamente como grupo. Los primeros intentos de organizarse datan de 1893, cuando Georg Cantor y Felix Klein, inspirados por la célebre proclama de Marx y Engels, lanzaron el grito: «matemáticos del mundo entero, ¡uníos!». Fruto de aquel llamamiento fueron los congresos internacionales, donde se empezaron a reunir con cierta regularidad, pero tardaron mucho tiempo en ir más allá. Románticos, individualistas, excéntricos, geniales… Se suele pensar que los matemáticos tienen bien organizada la cabeza, pero en aspectos más mundanos pueden ser más despistados y desorganizados que la media. No es de extrañar que tuvieran que pasar 27 años desde el grito de Cantor y Klein para constituir formalmente la institución que los representa en todo el mundo, la Unión Matemática Internacional (IMU), que fue definitivamente fundada en Estrasburgo en 1920.

«LA IMU TIENE YA UNA DIRECCIÓN, LA DEL WEIERSTRASS INSTITUTE FOR APPLIED ANALYSIS AND STOCHASTICS DE BERLÍN, EMPLEADOS FIJOS, UNA DOTACIÓN PRESUPUESTARIA […] Y UN ARCHIVO ADECUADO A LA INGENTE CANTIDAD DE DOCUMENTOS QUE ILUSTRAN LA HISTORIA COLECTIVA DE LA COMUNIDAD MATEMÁTICA MUNDIAL DURANTE MÁS DE UN SIGLO»

La IMU, entre otras cosas, facilita la colaboración internacional, promueve la educación matemática, impulsa la investigación en los países en desarrollo, difunde las matemáticas entre la sociedad, organiza los congresos internacionales, que se celebran cada cuatro años y otorga las medallas Fields, el mayor reconocimiento en esta disciplina. Pero una organización tan ambiciosa y compleja, que agrupa a representantes de 60 países, ha carecido durante más de 90 años de un sitio estable, de un edificio oficial: ha sido una institución errante. La sede de la IMU ha estado siempre donde estaba el secretario de su comité ejecutivo, y dado que cada cuatro años se renueva la composición de dicho comité, la sede (con toda la parafernalia inherente de legajos, archivadores, actas, cartas manuscritas, facturas, fotos…) ha ido cambiando de país en país y de un continente a otro. Ha sido una mudanza casi continua que, entre otras cosas, ha propiciado la desaparición de numerosos documentos históricos y ha exigido esfuerzos inútiles y la consiguiente pérdida de tiempo.

Pero el nomadismo ha tocado a su fin. Conscientes de la necesidad de solucionar el problema, hace un par de años se lanzó la idea de disponer de una sede permanente y se solicitaron voluntarios para albergarla. El pasado verano, en Hyderabad (India), se procedió a la elección entre los candidatos presentados y salió elegida la propuesta presentada por la capital alemana, Berlín, frente a las candidaturas de Toronto y Río de Janeiro.

La IMU tiene ya una dirección, la del Weierstrass Institute for Applied Analysis and Stochastics de Berlín, empleados fijos, una dotación presupuestaria (que pagan el Ministerio de Educación e Investigación alemán y el Senado de Berlín) y un archivo adecuado a la ingente cantidad de documentos que ilustran la historia colectiva de la comunidad matemática mundial durante más de un siglo. Este archivo lo dirige, a distancia, el español Guillermo Curbera, profesor de Análisis Matemático de la Universidad de Sevilla, que ha sido nombrado conservador oficial de la IMU. Este nombramiento reconoce la labor que Curbera ha desarrollado durante varios años, en los que ha investigado minuciosamente la documentación conservada para escribir el libro Mathematicians of the World, Unite!, publicado hace poco más de un año y en el que se describe la historia de los 25 primeros congresos internacionales de matemáticos, desde aquel primero celebrado en Zúrich en 1897 hasta el que tuvo lugar en Madrid en el verano de 2006.

Pese a las ventajas obvias del sedentarismo, muchos matemáticos añoran ya, por anticipado, la vida errante que han llevado hasta ahora. Han perdido, se lamentan, ese cierto aire romántico de no tener raíces. Al fin y al cabo, la ciencia matemática es, por encima de todo, una actividad mental, que acompaña a quienes la practican allá donde van. Es, dicen, nómada por naturaleza.

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