Los Boy Scouts

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“A LOS SCOUTS DE AQUELLOS AÑOS, COMO TAMPOCO A LA MUCHACHADA DE LA OJE, NO SE LES EDUCABA EN LOS VALORES DEL PACIFISMO, PERO SE RECLAMAN DEMÓCRATAS Y AMANTES DE LOS HUMILDES”

En 1912 comenzaron sus actividades en España los Boy Scouts o Los Exploradores, como también se les llamó aquí, aunque fue al año siguiente cuando verdaderamente se consolida este movimiento patriótico, cívico y pedagógico que provocó las críticas de ciertos sectores progresistas. Pero lo primero que llama la atención es su enorme impacto mediático, sobre todo en la prensa conservadora. A lo largo de 1913, por ejemplo, el periódico «ABC» les dedicó más de una docena de portadas y prácticamente se hizo eco de todas sus actividades. Ninguna ONG de la época mereció tal atención por parte de los medios de comunicación.

El capitán Iradier fue el impulsor de este movimiento en España, presidido por el duque de Tamames, y apoyado por la milicia, la Casa Real, entidades como el Club Alpino Español o la Sociedad Gimnástica Española, y numerosas personalidades, desde el cura Andrés Manjón, fundador de las Escuelas del Ave María, a Jacinto Benavente, Pérez Galdós o Gumersindo de Azcárate. Pesaba más el elemento conservador y hasta reaccionario, sin duda, pero no le faltaron apoyos a los Scouts en los sectores progresistas, aparte de las andanadas lanzadas contra ellos por Unamuno. Los Scouts fueron prohibidos después de la guerra Civil, lo cual no impidió que la Organización Juvenil Española (OJE) fuera creada a su imagen y semejanza, al igual que otras organizaciones impulsadas desde la militancia católica ortodoxa y heterodoxa.

La imagen y la disciplina de los Scouts, como de la propia OJE, se mimetiza, en efecto, con el mundo de la milicia. Uniformes, desfiles, cantos patrióticos, marcialidad, primacía de la cultura varonil… En una excursión por la sierra de Madrid, dice el capitán Iradier:

– ”No quiero miedosos en esta Asociación. A ver, valiente a quien no le importe caerse”.

    Sale un voluntario, se cae, se levanta y sonríe. No faltaba más.Los Scouts, son valientes e intrépidos como el mejor de los soldados. De hecho, intervinieron en tareas humanitarias durante la primera Guerra Mundial y, en España, se ofrecieron voluntarios para lo que hiciera falta en la histórica huelga general de 1917. Ciertamente, a los Scouts de aquellos años, como tampoco a la muchachada de la OJE, no se les educaba en los valores del pacifismo, pero se reclaman demócratas y amantes de los humildes.

Los Scouts nacen en una España en crisis. Buena parte de los niños y de los adolescentes de esa época padecen situaciones calamitosas en relación con la vivienda, la alimentación, la educación, la atención familiar, la sanidad, la higiene, el deporte, el uso del tiempo libre… En cierto modo, el movimiento Scout español pretende dar respuesta a todos esos problemas, ofrecer alternativas para una vida sana, en permanente contacto con la naturaleza. Las excursiones al campo, como ocurre en la Institución Libre de Enseñanza, se constituyen en elemento pedagógico de primer orden. Acceso a la naturaleza para fortalecer el cuerpo y el espíritu que exige también comportamientos cívicos. Los Scouts participarán con entusiasmo en la Fiesta del Árbol que, justamente en esos años, se celebra con éxito y seguimiento mayoritario por todo el país, en todos los ayuntamientos, en todas las escuelas. El árbol es el referente fundamental de la estrecha cultura ecológica de la época, como lo será también el respeto a los animales, los pájaros por encima de todo, pues la fauna salvaje era todavía (lo será por muchos años más) objeto de persecución implacable y el abatimiento de osos, lobos, zorros, etc. era objeto de gratificación pública.

Pero por encima de esa educación cívica o ambiental, están los objetivos sanitarios, la imperiosa necesidad de hacer frente a la plaga de tuberculosis que provocaba centenares de muertos entre la población infantil. Es la época en la que se exige abrir las ventanas de par en par, salir al campo, respirar aire puro, tomar baños de sol…

Mientras los niños pasean por la sierra de Guadarrama, las damas caritativas promueven la Fiesta de la Flor para recaudar fondos contra la tuberculosis y construir, en esa misma sierra, sanatorios de tratamiento. Al mismo tiempo, las sociedades excursionistas toman las montañas de todo el país con el mismo afán reanimador, aunque luego acabe siendo un signo de distinción de la burguesía urbana. Por eso digo que no parece justo despreciar la aportación cívica de los Scouts o Exploradores. Por supuesto, querían patriotas, pero patriotas sanos. Y eso, en el panorama de miseria en el que se desarrollan, es un logro.

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