La normalización 60 años después

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Para conmemorar el sexagésimo aniversario de Técnica Industrial, reproduciremos en cada número de este año un artículo de 1952, acompañado por un comentario sobre los cambios habidos en el ámbito técnico al que se haga referencia. El primero, La normalización, necesidad de presente, de Pío González Álvarez, secre tario del Departamento de Normalización del Instituto Nacional de Racionalización del Trabajo (Iratra), apareció en el número 1, de enero-marzo de 1952.

La lectura del artículo La normalización, necesidad del presente permite comprobar que 60 años de normalización en España ponen de manifiesto qué aspectos se mantienen y son intrínsecos a la labor de normalización y qué otros han surgido como desarrollo y actualización de los aspectos tradicionales.

Lo primero que llama la atención es que la normalización se desarrolló en y para procesos industriales. Los principios de que para establecer una norma deben especificarse la forma y las dimensiones del producto, la materia con que se elabora y sus características mecánicas, químicas y otras nos demuestran que se está pensando en la industria. La raíz de la normalización nunca se ha cuestionado, es la industria y sus producciones.

También es notable el hincapié que se hace en las tres características u objetivos de una correcta normalización: simplificar, unificar y especificar. Son conceptos claramente aplicables a producciones en cadena típicamente industriales. Y se indican además los tres grupos fundamentales de normas: gráficas, que fijan las reglas para proyectar y dibujar el objeto que fabricar; dimensionales, que fijan las dimensiones, y de calidad, que especifican las condiciones técnicas que deben reunir las materias primas, los objetos fabricados o los métodos empleados. Todo ello confirma la base industrial que tiene la normalización y cómo ha permitido el desarrollo económico, potenciando y racionalizando las producciones a lo largo del siglo XX, especialmente tras la II Guerra Mundial.

Por último, cabe destacar dos conceptos que anuncian el futuro: uno es el que las normas han de ser flexibles y eficaces, adaptándose al progreso de la técnica; y el otro, la importancia de que en las escuelas técnicas se difundan e introduzcan los conceptos de normalización en las disciplinas académicas de modo que for-men parte del acervo científico y técnico de los profesionales.

Resulta muy acertado el diagnóstico que hace. Demuestra la raíz y el fundamento de la normalización y en qué se centraba la actividad en aquellos años; apunta también detalles que en años posteriores han hecho posible el desarrollo de la normalización.

Puestos a fijar hitos en la historia de la normalización desde la creación del Organismo Internacional de Normalización (ISO), en 1946, al igual que el organismo español, hasta hoy, podríamos establecer dos fechas clave: la publicación de la primera norma ISO 9001 en 1987 y la de la ISO 26000 en 2010.

La aparición de la ISO 9001 fue un punto de inflexión. Hasta entonces las normas se centraban en la definición de las características de los productos, y la ISO 9001 inauguró la etapa que llega hasta hoy de las normas sobre sistemas de gestión. Son nor-mas que ya no se centran en los productos, sino en recomendaciones y especificaciones sobre la gestión de una empresa, con independencia de su actividad; es decir, son normas horizontales.

Asimismo, la presencia permanente de la innovación en la producción y la aparición de nuevas tecnologías cambiantes y con prestaciones mejores hicieron necesaria la redacción de normas con una clara orientación al comportamiento que el producto ofrece al consumidor, y no unas normas que describan de manera detallada dimensiones, diseño y características, pues este tipo de nor-mas no dan la oportunidad a la innovación, que es el aspecto que hoy preside el desarrollo industrial. Estas normas enfocadas a prestaciones son la mejor vía para promover la innovación en las características y la mejora de los costes de producción sin necesidad de revisar la norma, pues esta fija lo que el consumidor puede esperar del producto pero no el detalle del mismo.

LAS NORMAS SE HAN IDO CENTRANDO EN LOS PRODUCTOS, LA GESTIÓN Y EL FACTOR HUMANO

Otra fecha clave es noviembre de 2010, cuando se publica la norma ISO 26000 que establece la guía de responsabilidad social. Y cabe añadir que el próximo desarrollo de la normalización se producirá en el campo de los servicios. Estos sectores hasta ahora han estado de espaldas a la normalización, incluso se pensó que por ser actividades que se prestan en el momento de su suministro y realizados por personas, no se podían normalizar al considerar que no son repetitivas en el sentido estricto. La experiencia ha demostrado que sí cabe la normalización, pues puede aportar pautas de comportamiento, equipo disponible, etcétera, ya que todo ello contribuye a ofrecer un servicio de calidad. Y si la normalización ha venido aportando al sector industrial incontables beneficios para su mejor desarrollo y rentabilidad, ¿por qué no pueden también los servicios obtener estos beneficios con su normalización?

Si tradicionalmente la normalización se centró en los materiales y los productos, luego evolucionó a normalizar herramientas de gestión, para saltar recientemente a fijarse en aspectos humanos. Así pues, la normalización no tiene fronteras. Pero eso no significa que el desarrollo de la normalización en los campos tradicionales se abandone, ni mucho menos, pues una característica innata de la normalización es la permanente atención a la actualización de las normas y su correspondiente revisión y adaptación a los avances que se produzcan en su campo de aplicación.

Todo esto justifica o explica que los cuerpos normativos de los organismos de normalización, tanto nacionales como internacionales o europeos, crezcan en número de normas sin vislumbrarse un techo para ese crecimiento.

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