La fractura eléctrica

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No hay un solo día en el que no nos levantemos sobresaltados por los acontecimientos políticos, económicos o sociales, pero si hay algo que realmente nos afecta de forma directa son los ataques a nuestros maltrechos bolsillos, como el de la factura eléctrica. El ciudadano de a pie no entiende lo que está pasando, y solo escucha y lee como cada cierto tiempo se promulgan Reales Decretos que modifican lo ya modificado y proponen nuevas formulas para lo que supuestamente será un ahorro en la factura eléctrica que nunca se llega a percibir.

Tenemos la energía más cara de Europa, solo por detrás de Chipre y Malta, y todo ello fruto de una nula planificación energética de los últimos años y la falta de acuerdo para realizar un pacto de Estado que pudiese dotar de una estabilidad al sistema energético español.

Que se han cometido errores y graves, ya lo sabemos, y que los vamos a pagar entre todos también lo sabemos. Pero ahora lo que hace falta es intentar que no se repitan y fijar de una vez unos objetivos claros que nos permitan alcanzar un futuro energético estable. Y para ello, además de equilibrar los tres principios que se consideran en el sector eléctrico, y que son la seguridad y garantía de suministro, la economía y que sea limpio y bajo en emisiones, habría que incluir un cuarto: el del autoabastecimiento energético. Durante los últimos años, solo se han focalizado esfuerzos en el primero y el tercero, y se ha obviado por completo el segundo. Y de «aquellos polvos estos lodos», que tienen como consecuencia la subida de casi un 70% en los últimos seis años y la que está por venir.

Tenemosunsistemadedistribución,muyfiableyde losmejoresdel mundo, pero también es de los mas caros de mantener. Además, está sobredimensionado en algunos casos, y ahora me vienen a la cabeza algunos tramos de red de transporte y subestaciones destinadas a suministrar energía eléctrica a aeropuertos que no funcionan o a urbanizaciones sin desarrollar, que también tenemos que mantener y pagar. Tenemosunacapacidaddeproduccióneléctricademásdeldoblede lo que nunca hemos consumido, con lo que tenemos una enorme fiabilidad de suministro, que por supuesto tenemos que pagar en nuestra factura eléctrica en el concepto de «pago por capacidad» por mantener los ciclos combinados casi en parada permanente.

Pero si hay algo realmente preocupante es la forma de conseguir implantar energías limpias y renovables a golpe de talonario, y en concreto, lo acontecido con las instalaciones fotovoltaicas, a las que se hace, de forma injusta, las responsables de todos los males. Estamos pagando los numerosos errores de planificación y estrategia, tanto en el tiempo como en la forma. Ahora que las tecnologías fotovoltaicas han reducido su precio en más del 75% es cuando sería viable económicamente su instalación; y, sin embargo, como ya tenemos más que suficiente potencia instalada, se están instaurando impuestos para que su instalación sea inviable. Así que antes se daban subvenciones para instalar esta tecnología para que fuese viable y ahora se añaden impuestos y tasas para evitar que lo sea. Esto es un auténtico disparate.

Cuando nuestros gobernantes se dan cuenta del enorme error cometido con tanta subvención, hacen lo que nunca se debería hacer en un país serio: eliminar parte de esas subvenciones con carácter retroactivo, cambiando las reglas del juego que habían llevado a cientos de miles de personas y empresas a realizar estas inversiones, lo que se traduce en algo muy parecido a una estafa, que además resta credibilidad y posibilidades de inversión a nuestro país.

Ahora bien, para ser justos hay que decir que todas esas subvenciones a la energía fotovoltaica han supuesto que seamos un país referente en el sector y que se haya innovado mucho para conseguir así tecnologías mucho mas eficientes y baratas, que son las que ahora se están instalando en otros países sin necesidad de subvención. Por ello, dichas subvenciones en vez de ser con cargo a las tarifas eléctricas deberían haber sido, al menos en parte, con cargo a I+D+i y a los presupuestos del Estado.

Además, hay que tener presente que en un país como el nuestro donde con una dependencia energética del exterior de casi el 80%, cualquier fuente de energía autóctona como la del el Sol cobra una importancia vital en nuestra balanza de pagos y en nuestra economía, a lo que habría que sumar la nula emisión de gases de efecto invernadero y lo que ello conlleva respecto a los derechos de emisión y los compromisos adquiridos para la implantación de renovables.

Ya está bien de descargar todas las culpas a las renovables. Los ciudadanos deben saber que en la factura eléctrica para los consumidores de tarifa regulada (TUR), ahora precio voluntario para el pequeño consumidor (PVPC), de los que hay más de 18 millones de contratos, el 60% del precio es fijado por el Gobierno para el pago de distribución, mantenimiento, subvenciones, tasas, etc. El resto, lo que corresponde al precio por kWh consumido, antes dependía de una subasta realizada un día concreto para fijar su valor para los próximos tres meses, y a partir de ahora se realizará mediante una compleja formula de difícil comprobación para los ciudadanos. Y dicho todo lo anterior, nos hacemos la pregunta del millón: ¿Cuáles serían las fórmulas de futuro para conseguir reducir el precio de la energía eléctrica?

La primera parte de la factura, que es la correspondiente a mantenimiento, distribución, subvenciones, tasas, etc., tenemos claro que es una parte fija y que la única forma de reducirla sería aumentando el número de contratos y el consumo eléctrico, para que pudiese repartirse entre más abonados y con más potencia contratada, lo que supondría un cambio sustancial de modelo, es decir, tendríamos que ponderar la utilización de la energía eléctrica frente a otras como el gasóleo, gas, gasolina, etc. Para ello tendríamos que cambiar los sistemas de calefacción de gas o gasóleo por bombas de calor eléctricas y promocionar la utilización de vehículos eléctricos, dado que hoy por hoy son los responsables del 40% del consumo de la energía primaria. De esta forma, disminuiría en gran medida nuestra dependencia del exterior, y mejoraría notablemente nuestra balanza de pagos, lo que podría ser utilizado para aminorar los precios de la electricidad.

Por otro lado, deberíamos producir electricidad más barata y através de fuentes de energía propias, es decir, fotovoltaica, eólica, hidráulica, nuclear y demás, minimizando el uso de las centrales térmicas convencionales, los ciclos combinados, etc., lo que nos proporcionará muchísima más autonomía y estabilidad en los precios de la electricidad y, por supuesto aportará numerosos beneficios ambientales.

Por todo ello, proponemos un cambio de modelo tendente a aumentar el consumo eléctrico frente a los combustibles fósiles, generado por fuentes propias de energía y que, además, sean limpias, con lo que tendremos asegurado un sistema energético estable en el que tendrá un peso importantísimo el ahora denostado sector fotovoltaico.

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