Ingenieros voluntarios

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El trabajo técnico humanitario, desconocido por muchos, puede ser una alternativa profesional siempre que exista la necesaria motivación personal

Llevo muchos años pensando en compartir mi experiencia con los demás ingenieros técnicos industriales, ya que seguramente para ellos la posibilidad de participar en lo que se llama “trabajo humanitario”, “cooperación” u “organizaciones no gubernamentales para el desarrollo” seguramente les parecería, como a mí me pareció en su día, una alternativa inexistente o casi imposible. Con nuestra titulación también es posible optar a esta orientación profesional.

De pequeño quería ser tres cosas: constructor, misionero o actor. Desde que acabé la carrera de ingeniería técnica industrial en Gijón, en seguida envié mi currículum a diestro y siniestro para trabajar como cooperante, sin saber por aquel entonces lo útil que sería mi carrera. Fue útil pero no inmediato. Recién salido de la carrera tiene uno la fuerza y las ganas pero le faltan la experiencia y la consciencia. Entendí cinco años más tarde que fue para bien el que no me escogieran alegremente unos años antes. Una persona que ha de trabajar en un país recién salido de una guerra o bajo condiciones duras ha de tener un poquito de aplomo y la cabeza bien asentada.

Además, supongo que lo mismo que para un médico será más fácil empezar con pequeñas curas y no a corazón abierto, para trabajar, que es a lo que se va, es bueno saber Word, Excel, Auto-cad, etcétera, cosas que hoy en día se aprenden mucho antes, pero que cuando acabé hace años se empezaba a conocer un poquito, en la carrera. Porque, a los países a los que se va a trabajar, se va a trabajar sin horario, sin grandes salarios, sin muchos medios muchas veces. Lo que se consigue al final es también una vivencia profesional y personal muy intensa y muy gratificante, pero es como resultado de lo anterior, “no se va a eso…”. No se elige un país porque te guste más. Se va a ayudar a quien necesite de ti, de tus cualidades personales y tus conocimientos profesionales.

Se lleva uno muchas veces una sorpresa muy agradable de países que –en un principio– no le sugerían nada (como a mí Kosovo u Honduras), ya que cada cosa tiene su sitio, y cada sitio, tiene su cosa.

La cooperación no solamente es medicina. Sin comida, sin agua corriente o de los pozos, sin abrigo (ropa, techo, cobijo) también se propagan las enfermedades, epidemias y otros problemas añadidos.

En Kosovo, por ejemplo, el trabajo fue rehabilitar las 1.000 casas que estuvieran en mejor estado para albergar familias antes del crudo invierno.

Los desastres naturales, como fue el huracán Mitch en Honduras, siendo una desgracia inmensa, tienen que servirnos para varias cosas:

1. Poner al país en el mapa, ya que países pobres pero ricos en belleza, paisajes, fauna o la calidez de sus gentes no se conocerían sin haber salido por los medios debido a esas desgracias.

2. Darnos cuenta los que habitamos en países desarrollados de que nadie está a salvo de padecer desgracias (terremotos, explosiones, tsunamis, etcétera) que cambien el rumbo de nuestras vidas. En ciudades desarrolladas donde vivimos, un terremoto nos dejaría sin agua, y solo con la falta de ese elemento (para beber, cocinar, lavar, limpiar y demás) es suficiente para detener la marcha de un pueblo entero.

LA COOPERACIÓN NO SOLAMENTE ES MEDICINA. SIN COMIDA, SIN AGUA CORRIENTE O DE LOS POZOS, SIN ABRIGO TAMBIÉN SE PROPAGAN LAS ENFERMEDADES, EPIDEMIAS Y OTROS PROBLEMAS AÑADIDOS

Ni este tipo de trabajo es para todo el mundo, ni todo el mundo vale para este tipo de trabajo. Pero nadie vuelve como va. Viendo lo que se ve allí, se relativizan muchas cosas de aquí. Nos dejamos de preocupar por pequeñas cosas cuando hemos visto problemas mucho mayores.

Quiero animar desde aquí a todos aquellos que pensaron alguna vez que podían hacerlo. Se puede ir solo o con la familia, más cerca o más lejos, más tiempo o menos. Puede tocarte un sitio cálido o un sitio helado, un sitio desértico o con aglomeraciones, conocido o desconocido, pero nunca es demasiado tarde. Cada oportunidad, cada experiencia, buena o mala, nos depara una enseñanza positiva.

Al final, como quería de niño, trabajé, y de alguna otra manera sigo haciéndolo, en trabajos constructivos, en países en desarrollo y teniendo muchas veces que actuar en un escenario inesperado.

Termino con un cuento –muy resumido– de Jorge Bucay: Un piso en llamas en un edificio alto es socorrido por los bomberos y no encuentran en uno de los pisos a un niño de unos seis años con su hermanito bebé, que estaban solos en casa. Cuando todos los vecinos dan por tragedia lo sucedido, sale del edificio de al lado el niño con su hermanito metido en su mochila. El niño había saltado de su balcón al balcón del edificio contiguo.

Ninguno de los vecinos se explica cómo es posible que se le ocurriera al niño pensar que existía una posibilidad tan loca y a la vez tan real de salvarse los dos. Nadie se explicaba cómo pudo hacerlo, coger a su hermanito, meterlo en su mochila y sal-tar a un balcón sin miedo…

Nadie se lo explicaba, ¿cómo pudo pensar así para salvarse? Nadie, excepto el más anciano de los vecinos, que comentó: “Porque no había ningún adulto que le dijera que no podía”.

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