El choque del futuro

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El historiador John Huizinga publicó en 1927 un libro de cabecera para muchos estudiantes de historia o literatura: El otoño de la Edad Media. Este ensayo inició los estudios de lo que desde entonces se ha llama-do «historia de las mentalidades». A diferencia de los estudios historiográficos tradicionales, Huizinga ofrecía un nuevo enfoque: ya no se podía contemplar los hechos históricos sin ahondar en el cambio de mentalidad que ello conllevaba. Su ensayo relata el paso de la Edad Media a la Edad Moderna, al Renacimiento. Con un estilo propio, cercano a un ensayo literario, Huizinga describe hechos tan «etéreos» en la ciencia historiográfica como el tono de la vida, la imagen idílica de la existencia, la sensibilidad artística, etcétera. Para el historiador holandés lo importante en la época era el colectivo y su ambiente: «El hombre moderno no se hace idea, por lo regular, de la desenfrenada extravagancia y enardecimiento del espíritu medieval»1.

Siguiendo los pasos de Huizinga, los historiadores del futuro podrán estudiar el cambio de mentalidad que se está produciendo hoy día. El cambio no se da de un año para otro, ni en el reciente cambio de decenio, sino que es una gestación lenta, originada a raíz de los últimos hechos económicos y sociales. Sin el rigor histórico del escritor holandés, Alvin Toffler escribió en 1970 El shock del futuro, una obra con tintes futuristas que dibujaba el perfil de una futura sociedad posindustrial como la nuestra. Este escritor norteamericano anunció ya la necesidad de enfrentarnos al cambio de una época. Toffler dividió el libro en dos grandes partes: «Muerte de la permanencia» y «La transitoriedad». En él explora los efectos de la aceleración del cambio para sobrevivir en el segundo milenio: el individuo debe convertirse en un ser mucho más adaptable que en cualquier tiempo anterior, porque debe comprender la transitoriedad y asimilarla.

Por ello, advertía Toffler, la llegada del futuro será un shock: «Este shock -afirma- es la desorientación vertiginosa producida por la llegada prematura del futuro. Y puede ser la enfermedad más grave del mañana»2. Define este shock como una «nueva enfermedad psicológica, turbadora y virulenta»3. Los efectos del shock pueden ser múltiples y afectan de diferentes for-mas la vida del ser humano, pero el autor cree descubrir tres grandes efectos que inciden seriamente en la persona: la transitoriedad, la novedad y la diversidad: «En los tres decenios escasos que median entre ahora y el siglo XXI, millones de personas corrientes, psicológicamente normales, sufrirán una brusca colisión con el futuro. Muchas de ellas, ciudadanos de las naciones más ricas y tecnológicamente avanzadas del mundo, encontrarán creciente dificultad en mantenerse al nivel de las incesantes exigencias de cambio que caracterizan nuestro tiempo. Para ellas, el futuro llegará demasiado pronto»4.

¿Les recuerda a algo estas suposiciones de la década de 1970? Hay quien califica a Toffler de futurólogo por estas y otras ideas acerca del impacto de la tecnología y la llegada de lo que Toffler denomina un «ombudsmen» tecnológico (intermediario de confianza) para intentar solucionar el conflicto surgido del intento de control político sobre las investigaciones técnicas: «Las advertencias sobre un exceso de control no deben tomarse a la ligera. Sin embargo, las consecuencias de la falta de control pueden ser mucho peores. De hecho, la ciencia y la tecnología no son nunca libres en sentido absoluto. Los inventos y el ritmo de su aplicación se ven influidos por los valores y las instituciones de la sociedad que los produce. En efecto, toda sociedad tamiza previamente las innovaciones técnicas antes de que éstas sean ampliamente empleadas»5. Hasta dónde puede llegar el control de la ciencia y la tecnología sigue siendo un tema de límites difusos y de debate.

LA HISTORIA ANALIZARÁ LA NUEVA MENTALIDAD QUE ESTÁ NACIENDO, COMO UN PUENTE ENTRE EL PASADO Y EL FUTURO, CON EL PAPEL PREDOMINANTE DE LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA

Por otro lado, como bien decía Toffler, en el paso del siglo XX al siglo XXI ya se dieron algunos de los cambios anunciados, pero parece que el cambio real se está produciendo ahora, porque la sociedad, o buena parte de ella, está asimilando aún el concepto de transitoriedad, aceptando que nada es perenne. Aunque somos concientes de ello, a menudo, necesitamos olvidarnos de ello para vivir, eludiendo la transitoriedad y construyéndonos unos parámetros mentales que nos ayuden a imaginar una realidad a nuestra medida, crearnos una nueva realidad, una realidad B, como bien ha relatado el escritor japonés Haruki Murakami en un artículo acerca del mundo que viene.

Titulado Realidad A y Realidad B y basado en su última novela 1Q84 que en japonés se pronuncia igual que 1984, Murakami escribe: «El papel de una historia es mantener la solidez del puente espiritual construido entre el pasado y el futuro. Nuevas morales y orientaciones emergen con bastante naturalidad de tal empresa. Para que ello suceda, primero debemos respirar profundamente el a/ire de la realidad, el aire de las cosas como son, y debemos encarar pródigamente y sin prejuicios la forma en que las historias están cambiando dentro de nosotros. Debemos acuñar nuevas palabras a tono con el ritmo de ese cambio»6.

La Historia se encargará de analizar la nueva mentalidad que está naciendo, como un nuevo puente entre el pasado y el futuro, con el papel predominante de la ciencia y la tecnología.

1 Huizinga, Johan (2004). El otoño de la Edad Media. Versión de José Gaos. Traducción del francés medieval de Alejandro Rodríguez. Alianza Editorial, Madrid, p. 27.

2 Toffler, Alvin (1973). El shock del futuro. Traducción de J. Ferrer. Ed. Plaza y Janés, Madrid. p. 6.

3 Ídem.

4 Ídem.

5 Op. cit., p. 313.

6 La Vanguardia, 21 de diciembre de 2010.

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