Conquistadores de felicidad: perplejos

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Basta un vistazo superficial a los medios de comunicación y nos daremos cuenta del intenso bombardeo al que se nos somete con consejos psicológicos de toda clase. Por tierra, mar y aire se nos invita, se nos conmina a ser personas sanas, equilibradas, felices, exitosas o armoniosas. Y si ustedes no lo consiguen es porque no se esfuerzan lo suficiente, porque son demasiado negativos. En suma, con su egoísmo le está negando a su cuerpo y a su mente la felicidad que se merecen. Nunca el hombre ha tenido a su alcance tanta sabiduría ni tantos manuales de instrucción para la vida. Por eso, si usted es de esas personas negativas, que se dejan vencer por la pereza o la desidia, que no se ponen manos a la obra en la tarea de ser felices hoy mismo, sin esperar a mañana, sepa que existe también una palabra para esta actitud: procrastinación.

Mención aparte se merecen las sentencias y proverbios que, como los spams, inundan las redes sociales, acompañadas de fotos almibaradas y apasteladas. Sabiduría en pequeñas dosis, como píldoras filosóficas, preferentemente de autores como Paulo Coelho, Tagore o Krisnamurti, que empequeñecen al mismísimo Aristóteles. Como al comediógrafo romano Terencio, nada humano le es ajeno. Naturalmente, el truco de esta sabiduría consiste en ocuparse únicamente de los aspectos, por así decir espirituales, que nos remiten a un estoicismo edulcorado con psicología positiva, en una suerte de déjà vu mental. De los asuntos materiales de la vida, tan prosaicos, o sea la economía y el trabajo, la hipoteca por pagar o las dificultades de llegar a fin de mes, por ejemplo, encomiéndense a Dios, o mejor aún, a su capacidad de emprendimiento.

El hombre es un ser de expectativas ilimitadas. Al fin y al cabo, conseguimos dominar la naturaleza y llegar a la Luna. Como modernos Prometeos, tenemos la posibilidad de crear nuestras propias vidas. No otra cosa supone ese eslogan “haz realidad tus sueños”, en el que podemos sustituir la palabra sueños por expectativas. Trabajo,amor,relacionessociales,creatividad,experienciasestéticas, todo es posible en este parque temático en que se ha convertido nuestra vida moderna. Pero una cosas son las expectativas y otra muy distinta las realidades y, tal vez, como inexpertos aprendices de brujo, acabemos devorados por nuestros sueños. “Domingo a minha vida é o circo/ Eu sou a trapezista/ Alguém avise à dor/ Que não insista”, que cantaba la extraordinaria cantautora brasileña María Bethania.

En la película de Alexander Kluge, Artistas bajo la carpa del circo: perplejos (1968), se cuenta la historia de un hombre que compró un cocodrilo y un acuario. El vendedor le advirtió que el cocodrilo crecía rápido y que el acuario llegaría a ser demasiado pequeño, pero el hombre no le hizo caso. Y en efecto, el cocodrilo comenzó a crecer, mientras su alojamiento seguía siendo igual de pequeño. El cocodrilo iba creciendo y amoldándose totalmente a la forma del acuario. Al final, el cocodrilo se vuelve cuadrado. Y como en esta historia, quizás el problema de los hombres y mujeres de hoy día no esté en esa individualidad tiránica y tantas veces insoportable, que se obstina, como el cocodrilo de la historia, en adaptarse al medio, sino en ese acuario, en ese medio, en ese marco que llamamos sociedad.

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