Piensa diferente

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Me sigue sorprendiendo el comportamiento de muchas personas al volcar opiniones en la Red. Este hecho se podía resumir en una frase que le oí al director de cine David Trueba: “La animadversión digital es más activa que el cariño”. He vuelto a comprobarlo a través de las opiniones que emiten esos anónimos de la Red sobre la figura de Steve Jobs en el torrente de artículos que ha generado su muerte. La manía que tienen los españoles de derribar en lugar de ensalzar llega a ser ya irritante. Pensar diferente no significa insultar.

Los buenos modales en la era digital dejan mucho que desear. En Estados Unidos se están reeditando libros clásicos de protocolo pero adaptados a las nuevas aptitudes que permite la Red. Algunos
consejos ya han sido aplicados y
recomendados, para relacionarnos
con los demás, a lo largo del tiempo,
como puede ser la amabilidad, la aceptación
de los errores y, por supuesto,
el sentido del humor.

Steve Jobs jamás hubiese encontrado
en España el ecosistema que le
permitió ser quién fue. Tengo idea
de su vida a través de lo publicado,
pero se ha producido un énfasis en su
vida privada que no me interesa, aunque
sí algunas de sus ideas. Estas
opiniones las volcó en un discurso, en
una ceremonia de graduación de la
Universidad de Stanford, en junio de
2005. Tres ideas básicas recorren ese
discurso. Confianza en uno mismo,
que le lleve a vivir su propia vida y no
la de los demás, seguir hambriento y
seguir alocado para conservar y
buscar lo novedoso, y la muerte, como
conciencia de la limitación del tiempo
para llevar a cabo los deseos.

Jobs era un admirador de Johannes
Gutenberg y de la imprenta por el
impacto que tuvo en la humanidad. él
quiso hacer algo grande como Gutenberg,
pero en su tiempo. En ese mismo
discurso destaca de su corto paso por
la universidad el curso de caligrafía que esta tenía. Lo único que
le interesó. El conocimiento de la tipografía la aplicó a sus ?manzanas?,
creó nuevas y adaptó otras existentes, pero, además, también
desarrolló una interfaz gráfica que permitía adaptarse rápidamente
al ordenador (hay que recordar que hubo un tiempo que los ordenadores
imponían) y, por supuesto, también fue a la búsqueda de
la impresora que permitiera plasmar en papel la creatividad de las
personas. La autoedición para aficionados y profesionales aunque
en su primera etapa fuera en blanco y negro nos sedujo a muchos.
Con estas herramientas la imprenta individual moderna se puso en marcha. Por todo ello, no es exagerado decir que fue un hombre que transformó las comunicaciones.

«LA BIOGRAFÍA DE STEVE JOBS, EL VISIONARIO FUNDADOR DE APPLE, PONE EN EVIDENCIA EL LARGO CAMINO QUE LE QUEDA A ESPAÑA PARA SER UN PAÍS INNOVADOR»

De todas sus mujeres, a pesar de la curiosidad que uno siente al enterarse de que fuera amante de Joan Baez, expareja de su adorado Bod Dylan, hay que resaltar a otra, Susan Kare.

Mi propio Bit Bang comenzó con un ordenador Mac, que todavía guardo como una apreciada reliquia tecnológica, y usando esos iconos, que están en la memoria de todos y que fueron diseñados por Susan Kare con solo 32 píxeles. La nueva imprenta estuvo hecha con interfaces gráficas digitales. Sus iconos para el primer Mac, desde la sonrisa de Mona Lisa del ordenador –que

nos decía que el sistema funcionaba–, hasta la temida bomba para avisarnos
de los errores muy propios de los
principiantes informáticos, además
de la papelera y el reloj, entre otros
iconos, acercaron las máquinas a las
personas, otro de los logros de Jobs,
concepto que siempre mantuvo, se
llamen las máquinas iMac, iPhone,
iPod o iPad.

Susan Kare también aplicó sus
diseños en Microsoft ?mucha gente
ha jugado a las cartas con su juego?
pero la belleza de la simplicidad proviene
del entusiasmo de los talentos
cuando se encuentran. Susan Kare
acompañaría también a Jobs en su
aventura con Next.

Tal vez de todos los libros publicados
sobre su figura hay uno, El camino
de Steve Jobs. Lidedazgo para las
nuevas generaciones, de Jay Elliot,
exvicepresidente de Apple, que ofrece
una panorámica de lo que hizo a este
hombre un innovador. En él se pone
en evidencia el largo camino que le
queda a España para ser un país innovador.
Ya que constatamos, una y otra
vez, cómo los modelos más tradicionales
son los que imponen.

«Para lograr la verdadera innovación, uno tiene que crear la cultura que la sostenga”. “Para ser una compañía emprendedora, las nuevas ideas deben ser el elemento vital de la organización. Pero ¿cómo se pueden fomentar nuevas ideas en una cultura corporativa tradicional?”. “No se puede. No funciona”, alega Elliot. Porque, además, por curioso que parezca “en el mundo de Jobs la innovación es una actividad de grupo”.

No soy mitómana y, por tanto, no necesito subir a “la nube celestial” a Steve Jobs, creo que su recompensa ya la tuvo en vida, pero sí mostrar admiración y no animadversión. Imaginar un nuevo mundo para hacerlo real está al alcance de muy pocos. Así que loado sea.

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