La mejor RED para el futuro de España

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Hay palabras que encierran mucho más significado del que aparentan.

Una red protege al funambulista cuando desafía el vacío. Una red permite al pescador recoger el fruto de su trabajo. Una red conecta a las personas, comparte conocimiento y hace posible alcanzar objetivos que, de forma individual, serían inalcanzables. Todas tienen algo en común: una red no suele ser lo más visible, pero siempre es lo que sostiene el éxito.

España necesita hoy, más que nunca, la mejor de las redes. Y me refiero, naturalmente, a la red eléctrica.

Nuestro país tiene ante sí una oportunidad histórica: convertir la transición energética en la mayor palanca de reindustrialización de las últimas décadas. La electrificación, la digitalización y la autonomía estratégica europea están configurando un nuevo modelo industrial en el que España cuenta con ventajas competitivas indudables gracias a sus recursos renovables, la capacidad de sus empresas y el extraordinario nivel técnico de sus profesionales.

Los datos demuestran que ese camino ya está en marcha. En 2025, los ingenieros técnicos industriales visaron 19.964 proyectos de energías renovables, frente a los 6.351 registrados en 2019, un incremento del 215 % en apenas siete años. Si ampliamos la mirada al conjunto del sector energético, los trabajos visados alcanzaron los 77.930 proyectos, un 60 % más que hace seis años. Son cifras que reflejan que la transición energética ya no es un objetivo de futuro, sino una realidad construida cada día por miles de profesionales.

Pero todo avance trae consigo un nuevo desafío. Durante años hemos medido el éxito de la transición energética por los megavatios renovables instalados. Ha llegado el momento de empezar a medirlo también por la capacidad de nuestro sistema eléctrico para integrarlos, transportarlos y ponerlos al servicio de la industria, de la economía y de los ciudadanos.

Porque la transición energética ya no depende únicamente de producir electricidad limpia. Depende, sobre todo, de contar con un sistema eléctrico flexible, robusto, resiliente e inteligente, capaz de responder a las necesidades de una economía cada vez más electrificada.

El apagón sufrido el pasado año debe servirnos, ante todo, como una oportunidad para aprender. Más allá de las causas que lo provocaron, lo verdaderamente importante es extraer las lecciones necesarias, reforzar el sistema y evitar que situaciones similares puedan repetirse. Las grandes transformaciones exigen ambición, pero también planificación, prudencia técnica y capacidad para aprender de la experiencia.

Precisamente esta visión aparece reflejada en el IX Barómetro Industrial del COGITI. Los ingenieros sitúan entre las principales prioridades para España el refuerzo de nuestra autonomía energética, el impulso a la industria y la modernización de las infraestructuras. No se trata de una reivindicación corporativa, sino del diagnóstico de quienes diseñan, ejecutan y mantienen las instalaciones industriales y energéticas de nuestro país.

El Barómetro lanza además un mensaje claro: la competitividad del futuro no dependerá únicamente de disponer de energía limpia, sino de contar con energía suficiente, accesible, segura y competitiva allí donde sea necesaria. Esa será una de las diferencias entre los países que lideren la nueva industrialización y aquellos que se limiten a observarla.

Existe, además, una paradoja que no podemos permitirnos. Mientras España aspira a atraer nuevas inversiones industriales, cada vez son más los proyectos cuya principal dificultad no reside en la financiación, la tecnología o el suelo disponible, sino en la falta de capacidad de suministro eléctrico.

No puede ser que una inversión capaz de generar empleo, innovación y riqueza tenga que esperar años para disponer de la potencia necesaria para desarrollarse. Las inversiones no esperan indefinidamente. Cuando un territorio no puede ofrecer la energía que necesita una industria, esa industria termina buscando otro lugar donde instalarse.

Por eso, la planificación energética debe dejar de mirar únicamente a la demanda prevista para empezar a anticipar la demanda que queremos provocar. Si aspiramos a atraer nuevas fábricas, centros de datos, industrias electrointensivas, producción de hidrógeno renovable o proyectos vinculados a la inteligencia artificial, el sistema eléctrico no puede reaccionar cuando esas inversiones ya han llegado. Debe estar preparado antes de que llamen a nuestra puerta.

Planificar el sistema eléctrico ya no consiste solo en prever cuánta electricidad consumiremos. Consiste en decidir qué modelo de desarrollo económico queremos hacer posible.

Necesitamos acelerar las inversiones en transporte y distribución, reforzar las interconexiones, digitalizar las redes y desplegar soluciones de almacenamiento que aporten estabilidad y capacidad de gestión. En definitiva, necesitamos más y mejores redes.

Porque la red eléctrica ha dejado de ser una infraestructura técnica para convertirse en una infraestructura estratégica de país. Igual que las carreteras impulsaron la movilidad, los puertos el comercio o Internet la economía del conocimiento, la red eléctrica será la infraestructura sobre la que descansará buena parte del crecimiento económico de las próximas décadas.

La ingeniería ha demostrado sobradamente que sabe hacer posible la transición energética. Ahora corresponde acompañar ese esfuerzo con una planificación ambiciosa y con inversiones que estén a la altura del reto.

Porque invertir en redes no es solo invertir en energía. Es invertir en industria, en empleo, en innovación y, en definitiva, en el futuro de España.

Al comienzo de estas líneas hablaba de las distintas formas que puede adoptar una red. La red que protege, la red que conecta, la red que hace posible alcanzar objetivos que, de otro modo, serían imposibles. Hoy España necesita esa red.

Una red capaz de sostener la mayor transformación energética e industrial de las últimas décadas. Porque las grandes transformaciones no se recuerdan únicamente por las decisiones que se tomaron, sino por las infraestructuras que las hicieron posibles.

La transición energética ya está en marcha. Ahora debemos construir la RED que hará posible el futuro de España.

José Antonio Galdón Ruiz
Presidente del Consejo General de la Ingeniería Técnica
Industrial de España y de la Fundación Técnica Industrial

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