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Hace unas semanas la revista Sciencie publicaba un artículo que generaba tanto inquietud como esperanza, dados los tiempos que corren. Los investigadores Jennifer Whitson y Adam Galinsky (Universidad de Texas en Austin) han comprobado que cuando la incertidumbre y la falta de control nos inquietan, inconscientemente buscamos reestablecer cierto orden a nuestro alrededor y estamos más predispuestos a relacionar hechos inconexos, imaginar conspiraciones en nuestro entorno laboral, encontrar siluetas en imágenes borrosas, o dejarnos llevar por rituales y supersticiones. Quién no ansía ya en estas fechas que le toque la lotería de Navidad y se eligen los números según diferentes supersticiones. Los investigadores también sugieren que la percepción de patrones, incluso los ilusorios, es suficiente para calmar la sensación de indefensión surgida de la falta de control y que a veces podría ser incluso adaptativa.
Incertidumbres en las bolsas, en la economía, en la vida. De hechos seguros hemos pasado a otros basados en hipótesis, presentimientos o indicios. “Mientras estuvo vigente el modelo de la certeza, el mundo estaba configurado por decisiones soberanas que se adoptaban sobre la base de un saber asegurado. Ahora nos toca acostumbrarnos a la inestabilidad y la incertidumbre, tanto en lo que hace referencia a las predicciones de los economistas, el comportamiento del mercado o el ejercicio de los liderazgos políticos. Nuestro principal desafío es el gobierno del riesgo, que no es la renuncia a regularlo ni la ilusión de que pudiéramos eliminarlo completamente”. Escribía en un artículo el profesor de Filosofía en la Universidad de Zaragoza Daniel Innerarity. “Este retorno de la inseguridad no significa que las sociedades contemporáneas dependan menos de la ciencia, sino todo lo contrario. Lo que ocurre es que han cambiado los problemas y, por tanto, el tipo de saber que se requiere”.
En su libro Introducción a la literatura fantástica, Tzvetan Todorov, premio Príncipe de Asturias de este año, distingue tres tipos dentro de la ficción no realista: lo maravilloso, lo insólito y lo fantástico. Cada uno de estos géneros propone una explicación diferente de los elementos extraños que caracterizan sus tramas. Lo fantástico es “el tiempo de la incertidumbre”: la distancia entre lo insólito y lo maravilloso, la tensión entre lo racional y lo sobrenatural, el escalofrío de inquietud frente a lo oscuro, impreciso y perturbador. Ante la incomprensión del porqué profundo de la crisis financiera parece que estamos viviendo en un mundo dominado por lo fantástico.
Pero el estudio de Science puede ser también esperanzador. La literatura y las artes reivindican la incertidumbre como un factor positivo para la creación. Tal vez comenzamos una época donde la imaginación crecerá para poner otra vez un orden dentro del caos. El vivir siempre ha estado contaminado por lo que conocemos y por lo que nos gustaría conocer. Ha transcurrido siempre entre el conocimiento y las creencias. La imaginación forma parte de la literatura pero también de la vida cotidiana. La tensión entre lo que poseemos y nuestras precariedades puede ser estimulante. Confiemos en que sea así, y que nuestra indefensión no genere monstruos.
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