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Las nuevas tecnologías están llenas de profetas. La nuevas predicciones tocan también a lo que desde el siglo XIX es uno de los exponentes de la cultura, el periodismo. Muchos opinan que los diarios están condenados a desaparecer. Incluso se atreven a dar fechas: 2015 o 2040. ¿En qué datos se fundamentan estas opiniones? Desde hace dos décadas, la circulación y la venta de diarios en el mundo vienen cayendo. Entre las razones argumentadas, están la pérdida de credibilidad, la caída de la publicidad y la falta de personal cualificado. Pero a pesar de esta situación los periódicos siguen ganando dinero. Por ello, muchos opinan que Internet reinventará el periodismo para poder sobrevivir.
Ya en estos momento, los periodistas producen noticias y están presentes en los nuevos soportes digitales; sin embargo, algo ha cambiado, se está perdiendo la exclusividad que el soporte papel les otorgaba. El mundo del periodismo era tremendamente centralizado, mientras que el periodismo de la era digital se encuentra en el polo opuesto: descentralizado, interactivo, abierto, innovador. Los periodistas tienen que compartir lo que dicen y escriben con su propia audiencia. Y hasta se le pide a la audiencia que sea periodista. La gente no sólo quiere hablar, sino dialogar, criticar y revisar el mensaje que transmite el periodismo. La frontera que separaba a los periodistas de su audiencia se difumina. Y esta última se muestra más activa que nunca.
Hasta ahora, las tecnologías digitales sólo eran unos instrumentos para la prensa, meras mejoras de sus herramientas, pero la revolución en línea obliga a un dinamismo de consecuencias todavía sin estimar de cómo y en qué dimensión se modificará lo cuantitativo a favor de lo cualitativo, un reto que tendrá que asumir el periodismo en la era digital.
Algo ya ha cambiado, o eso dicen los especialistas: “Hemos vuelto a un esquema de comunicación que existía antes de Gutenberg y la imprenta. Antes de eso, la comunicación era esencialmente oral. Y lo que se transmitía cambiaba, según se enunciaba de boca en boca. (...) Lo comunicado era precisamente inestable y provisional”, escribe Jean-François Fogel. Afirmaciones como éstas se desgranan en su libro La prensa sin Gutenberg, escrito conjuntamente con Bruno Patiño. La tesis central del libro es que la prensa se ve obligada a cambiar bajo la doble presión de la audiencia y de los algoritmos.
Estos últimos explican el papel de los motores de búsqueda, principal fuente de acceso a los sitios de información. Permiten que Google News, Yahoo News y sus semejantes nos presenten clasificaciones aceptables de la información publicada por miles de sitios. “Producir la información cuenta muy poco”, afirman Fogel y Patiño. “Aparece disponible en todas partes. En cambio, dominar la búsqueda y su transmisión pasan a ser las actividades fundamentales”. Los analistas piensan que la influencia que ejercía el periodismo ha terminado y que Internet no es un medio más: es la forma que hará revisar la idea que se tenía hasta ahora del cuarto poder. “Presente e inmaterial. Es el medio carente de masa, instantáneo, la red por la que cada uno se desplaza demasiado deprisa como para ser el testigo siquiera furtivo, de su propia soledad”, afirman Fogel y Patiño.
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