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Como Franz Liszt me atrajo siempre, antes incluso por su imagen de dandi que por su propia música, he seguido sus pasos por toda Europa, desde Madrid hasta Luxemburgo, desde París hasta Basilea y Roma. Y, hace ya algunos años, cuando existía aún la República Democrática Alemana, decidí pedir un permiso para que las autoridades me permitiesen trabajar en su casa de Weimar.
Es un pabellón romántico, donde había vivido el jardinero en jefe de la corte ducal. Y está situado frente a la Ba...
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