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Klaus Mann escribió que el Berlín de los años veinte era una ciudad donde se iba a “vivir aventuras”; más parecida en su espíritu inquieto y excéntrico a Nueva York o a Shanghái que a París, que era entonces la gran capital de Europa.
Llamar a Berlín “ciudad de aventuras” puede parecer hoy una exageración a quienes poseen sólo la imagen ordenada y prusiana de la capital de Alemania. Pero es verdad que, detrás del escenario monumenta...
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