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Se llamó siempre “La Ciudad Roja” (Che’ng), cuando el color púrpura no tenía aún connotación revolucionaria. Los muros rojos del palacio imperial representaban el fuego celestial: abrasador como el viento cálido y húmedo de agosto, fogoso como la cocina especiada de Pekín, poderoso y vengativo como la mano de Yung-lo, el emperador que asesinaba a la luz del sol.
La revolución de Mao Tse Tung se apropió de los símbolos imperiales (el rojo del fuego, el amarillo que era el color ...
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