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A la comentarista digital Esther Dyson le encanta Internet: "Cualquiera puede usarlo para sus propios fines, buenos o malos, grandes o pequeños, importantes o triviales. Pero tiene una característica abrumadora: la inmediatez". Junto con ella, otros 172 ensayistas, científicos, artistas y pensadores contestan a la pregunta que la revista Edge ha lanzado para comenzar el año 2010: ¿Cómo está cambiando Internet nuestra manera de pensar? En este nuevo territorio los colonos exploran rutas y asentamientos, es una tierra fértil donde muchas cosas pueden crecer. Las nuevas tecnologías engendran nuevas percepciones. La realidad es un proceso del hombre. Las imágenes del mundo y de nosotros mismos son, en parte, los modelos resultantes de él. Las tecnologías también.
Cerebro global, memoria compartida, inmediatez, conexiones y más conexiones, cognición, interacción social, falta del foco de atención, vagancia, promiscuidad, prótesis sociales y oportunidad son algunos de los conceptos usados para ilustrar las distintas opiniones sobre Internet. Al igual que ocurre con las neuronas individuales, cada ser humano puede, potencialmente, influir y ser influido, de forma rápida, por la información de cualquier persona, en cualquier lugar. ¿Las neuronas de este metafórico cerebro mundial pueden generar un sistema completamente nuevo de organización social? Larry Sanger, cofundador de Wikipedia, expone que hay dos cuestiones básicas que hay que tener en cuenta: ¿Tenemos alguna opción de ceder o no el control de uno mismo a la cada vez más imperiosa mente enjambre? ¿Debemos luchar para mantener nuestra propia mentalidad? La respuesta, según él, es obvia.
Para Martin Rees, profesor de Cosmología, el progreso real de la ciencia será impulsado por una tecnología cada vez más envolvente, en la que la proximidad es irrelevante. Para Gerd Gigerenzer, director del Centro de Comportamiento Adaptativo y Cognición del Max Planck, al igual que muchos de nosotros ya hemos externalizado la capacidad de realizar cálculos mentales a la calculadora de bolsillo, Internet nos permite la resuperación de información. "Podemos perder algunas habilidades en este proceso, tales como la capacidad de concentrarse durante un periodo prolongado de tiempo y almacenar grandes cantidades de información en la memoria a largo plazo, pero Internet también nos enseña nuevas habilidades para acceder a la información". Internet es una metáfora del nuevo paradigma de pensamiento en el que los sistemas están concebidos como redes de relaciones. En opinión de Albert László-Barábasi, autor de Relacionados: todo está conectado a todo lo demás, su trabajo no sería posible sin Internet: "No me refiero sólo al acceso a la información: ha cambiado la forma en que abordo un problema de investigación". Para él es su sexto sentido.
"Hoy estamos ante la aparición de la cibernética ‘lumpenprolitariat’, de gente que está siendo arrastrada en el torbellino digital de sitios de chismes. Las élites intelectuales, por otra parte, continúan prosperando en el nuevo entorno digital, aprovechando las excelentes herramientas en red para la investigación, la colaboración y el intercambio. Las desigualdades reales entre los dos grupos son dolorosamente obvias", argumenta Evgevny Morozov, experto en política exterior. Las gafas duplicaron la vida útil del trabajo de escribas y artesanos al superar la presbicia; otras limitaciones humanas han sido minimizadas con distintas innovaciones. No sabemos si Internet mejorará nuestras facultades mentales. Pero no confundamos la diferencia entre conocer el nombre de algo y saber algo.
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