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Sin saber muy bien para qué sirve se ha vuelto a celebrar un año más el día de Internet. Todos los medios nos han recordado la gran implantación que ha tenido en sólo 10 años y sus grandes posibilidades de ocio y negocio, pero no se ha recordado que hubo un tiempo en que se pensó la red para red otras finalidades más humanistas. ¿Por qué iba a ser distinta al mundo que vivimos? Por ello, cabe preguntarse cuáles serán los desafíos futuros que tiene. La unión de distintas mentalidades con esta nueva tecnología seguro que traerá modernas libertades individuales, pero también irán unidas a nuevos controles que habrá que frenar, sean políticos, sociales o culturales.
Habrá nuevos actores y nuevos roles en esta nueva panacea en la cual creemos que encontramos de todo: nueva democracia, nuevas bibliotecas, nuevos medios de comunicación, nuevos saberes; su diversidad hace creer en la posibilidad de una gran independencia. En este nuevo bazar hay desde pornografía a enciclopedias, desde diversión hasta evasión, desde conversación a simulación, desde privacidad hasta la total falta de ella. Los disidentes chicos, saben mucho de esto último, cuyos datos fueron revelados al estado por uno de los servidores más utilizados mundialmente. Y es que los buscadores saben mucho más de nosotros que lo que gusta reconocer.
Con los famosos cookies contienen información sobre nuestras búsquedas, aficiones y preferencias; una información valiosísima sobre los ciudadanos, que nos puede llevar a pensar que estas grandes bases de datos que guardan nuestras intenciones tendrá consecuencias en la relación entre políticos y ciudadanos, entre los poderosos y los débiles. “Siendo cierto que se abren perspectivas inéditas para la representación, no es menos cierto que se abre también una interrogante sobre el control político”, dice Javier del Rey Morató.
Lo dinámico y lo interactivo son valores que se venden frente a los viejos esquemas mediáticos donde los ciudadanos son pasivos. Pero, ¿dónde convergerá la practica política en todo ello? El emisor y el receptor se asocian a redes transversales, y por eso se prevé un futuro menos halagüeño, en el que la televisión ya no es el gran referente mediático ni la imagen del gran hermano. Esto ha pasado ya a la historia. El internauta hace tiempo que lo ha comprendido. Lo que no parece tan claro es que los políticos hayan visto el alcance de todo ello, por mucho programa Avanza que publiciten. La ciberdemocracia vendida en Internet no deja de ser sorprendente. La creencia que se está por encima de las dictaduras de otros medios también. Según algunos analistas, hay que ser realistas: la inmensa mayoría de los blogers se deslizará hacia el cotilleo, la impudicia, la confesión, la confidencia y el striptease psicológico.
Una de las grandes preguntas que habrá que responder es qué entorno social, cultural y político está generando la red; qué tendencias favorece o elimina. Internet como todas las tecnologías es un medio y la tecnología es sólo una máquina, así que como siempre el hombre tendrá sus responsabilidades. La banalidad o la importancia de una herramienta sigue siendo competencia del ser humano. Porque cada vez que en el seno de una cultura ha irrumpido una nueva tecnología, algo ha cambiado en esa cultura, y por tanto un nuevo equilibrio hay que establecer.
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